90KM 1090+
Nos despertamos pronto porque Carla tiene que ir al instituto a dar clase y queremos desayunar con ellas. Martha, la abuela tiene 76 años, lleva levantada desde las 5:00 para ir a caminar antes de trabajar. 50 años trabajando de vendedora en una tienda y como está feliz, prefiere seguir trabajando. La nieta se ha levantado a las 5:30 para estudiar y la otra nieta se fue a dormir muy tarde estudiando. Así da gusto con esa responsabilidad. Desayunamos y la verdad que se ha creado una conexión muy buena y da pena marcharse.
Carla nos lleva a la escuela y pronto los alumnos se meten en sus aulas, nos presenta al resto de personal docente y a la directora. Nosotros iremos a dar la charla con el profesor de español y el de portugués. El de español iba para cura, habla bien español, pero imaginaba alguien con menos acento y más corrección gramatical. Intuyo que nuestro profesor de inglés que nos daba clase en el colegio, sonaría igual para un inglés, como Jair para nosotros. La verdad que la charla sale muy bien, dibujo en la pizarra el mapa del mundo, contando desde el comienzo de la ong y el viaje de rumbos y sus cifras. Los alumnos y Jair hacen preguntas y creo que sale una charla bonita.
Salimos algo tarde y hoy la etapa es larga, son 90km hasta casa de la prima de Carla, hay que aprovechar que nos ofrecen cama y ducha caliente. El perfil va a seguir la misma dinámica de toboganes, pero hoy nos encontramos con una sorpresa, que tenemos casi 50km de carril bici. De los mejores por los que he ido en mi vida. No me hubiera imaginado esto en Brasil. La realidad es que somos los únicos que lo usamos, no porque el resto vaya por carretera, si no porque hay pocas bicis hoy.
Estamos rodando todo el día por campos de maíz con nuestros subes y bajas habituales. Con el sol que hace la crema solar es obligatoria. El bote de crema que comenzamos en Australia, nos duro hasta Argentina debido al mal tiempo, pero ahora ya hemos gastado la mitad. Tengo que apuntar en estadísticas, pero ya hemos gastado 8 botes de crema solar de 200ml y cinco para la cara. La pega es que entre el polvo del camino y el pringue de las cremas, las camisetas no duran limpias media etapa y con la de usos que tienen ya apestan, así que cada vez que nos juntamos con alguien, los abrazos son lejanos.
Paramos en Santa Helena para descansar un poco y tomar algo fresco. En un sitio de comida rápida nos preparan dos jarras de litro con jugo concentrado, es lo mejor que encontramos. Nos metemos cuatro vasos cada uno para reponer líquido. Qué ganas tenemos de encontrar un lugar donde hagan jugos naturales. Al igual que en muchos sitios, la gente nos pregunta que hacemos y se sacan fotos con nosotros. La etapa es larga y queremos hacer sólo dos paradas, ponemos en el mapa el siguiente lugar: Pato bragado a 30km.
Seguimos por nuestros carriles bici hasta que llegamos a una carretera en San Clemente, ahí se acaba encima el arcén y sufrimos con el paso de los camiones, aunque aquí respetan mucho más que en Argentina. Cuando llegamos a Pato Bragado ya es la hora de comer y preferimos hacer un descanso mayor a que se nos haga muy tarde y nos dé Pajarón por no comer. Hay un supermercado y entramos a ver si hay algo preparado. Unas patas de pollo fritas serán suficientes, pero cuando Shei está eligiendo, la que vende esa comida es venezolana y le alegra escuchar español. Sale Shei de la tienda con ella y charlamos un rato, su hija está en España. Se llama Katiuska y nos regala una tarta, dos refrescos y una gorra para Shei. Una mujer que no tiene ni pasaporte de la forma que tuvo que huir de su país, que trabaja en un supermercado y no duda en hacernos un regalo.
Nos sentamos a fuera en el suelo, con nuestra pata de pollo, un café frío y la tarta de chocolate. Con qué poco se puede ser tan feliz. Comentamos que ojalá dentro de muchos años sigamos haciendo esas cosas y que no importe la edad para valorar esos momentos.
Nos quedan 30km más hasta final de etapa, ahora sin carril bici no arcén, así que andamos más atentos. Las cuestas ya van pasando factura y sobre todo el calor, que baja la frecuencia y el ritmo de Shei. La altitud y el calor se le atragantan. Le suelto de vez en cuando: “hoy no hay que buscar sitio para dormir y encima tenemos cama”, con eso es motivación suficiente y cada vez está más cerca el final de etapa. En realidad nuestra ruta se desviaría a Guaíra, pero tener cama ayuda a desviar y hacer 10km extra entre entrar y salir a Cándido Rondón. La ciudad tiene 60.000 habitantes y hay muchos comercios, uno detrás de otro. Un carril bici central y después de muchas calles encontramos la nuestra. No sabemos cómo será la casa de la prima de Carla. El lugar es un consultorio de dentista y parece un hotel, pero todo es la casa. Se abre una puerta corredera y hay un patio interior para dejar los coches, con aparca bicis y una casa enorme en varias alturas. Sólo la cocina y el comedor son más grandes que nuestra casa. Dos salones, otra cocina con comedor y terraza y muchas habitaciones. Nunca he entendido esa manía de la gente con dinero a construir casas tan grandes. Antes de descargar las cosas de las bicis, Valdir, el marido me pregunta si me gusta la carne, le digo que sí, “pues hoy vamos a cenar buena carne”, le miro a Shei con cara de felicidad de que hacía días que veníamos hablando de eso. Loiva, la mujer dice que ella no va, yo voy con Valdir y Shei con ella a una reunión. De primeras pensamos que es broma, pero va en serio. Así que nos duchamos y yo me voy con el marido a un club de tenis donde se reúnen todos los miércoles a comer carne y beber vino un grupo de socios de diferentes edades. Son todos muy majos y al principio estoy algo colgado, pero voy entrando. Lo cierto es que, aunque alucinan con lo de la bici, les hace gracia que sea español y me felicitan por el proyecto solidario, no cuaja mucho y aunque tienen mucha pasta, no encuentro ningún donante. Mientras hablamos, el que se encarga del fuego va sacando trozos de carne en una tabla de madera, que están riquísimos. Y al final ya con la carne terminada, sacan ensaladas y todos se sirven su plato. Disfruto mucho de la carne y pienso qué estará cenando Shei y dónde.
Regresamos pronto a casa, y al poco rato lo hace Shei. Su experiencia ha sido más peculiar. Loiva le ha llevado a una reunión de una logia masónica donde ha asistido a la escisión de parte del grupo y a la preparación de una fiesta. Han cenado bien, pero creo que mi experiencia ha sido más distendida y normal. Nos vamos a la cama sin haber hecho la tarea del cansancio que llevamos encima. Dormimos en el cuarto del hijo que está estudiando en Europa.