81KM 1140+
Nos pasa siempre lo mismo, el día de descanso nos levantamos pronto porque no podemos seguir en la cama y el día que tenemos etapa no pegamos ojo, esta vez han sido los mosquitos que han conseguido colarse por las rendijas de la ventana después del tormentón que calló la noche anterior. No tenemos otra opción, hoy cambiamos de país y los pasos aduaneros son inciertos y nunca se sabe cuanto tiempo llevarán. Tomamos un café, comemos algo de fruta y montamos todo. Después de casi dos meses con alojamientos a pie de calle hoy nos toca bajar dos pisos con las alforjas, habíamos olvidado lo latoso que es hacer varios viajes. Afuera nos espera un cielo muy amenazante. Después de varios días soleados, regresamos a la bici y puede que nos llueva.
La aduana de Argentina está en el mismo Puerto Iguazú, justo antes de cruzar el puente del río Iguazú que te lleva a Brasil. La bici nos permite saltarnos la cola de coches y nos mandan a tramitar el pasaporte donde bajan todos los pasajeros de los autobuses. Cuando no mira la policía nos ponemos los primeros en una de las colas de los coches y funciona. Nos despide con mucha amabilidad y al igual que en la entrada no nos pone sello. Ahora sí cruzamos el puente y cerca está la aduana brasileña, hay que buscarla porque hay que tener el registro de entrada. Hay una cola larga de extranjeros que viajan en bus para ir a ver las cataratas desde este lado. Mucha gente se interesa qué hacemos, entre ellos una pareja de polacos muy mayores. Charlamos con ellos con el google translator y se quedan maravillados, tanto que nos dan la dirección de su casa en Polonia y su teléfono para que les visitemos. A veces me quedo maravillado de la hospitalidad de la gente con un desconocido. Está claro que aquí hay una discriminación positiva y más aún porque casi seguro que sean los únicos europeos del grupo, con lo que sienten más afinidad al ser del mismo continente. En las taquillas nos atienden super amable y nos sellan donde les pedimos.
Ya estamos en Brasil, país 29 del viaje y será nuestro islote idiomático en Sudamérica. Pero escuchamos el portugués con mucha alegría y cariño, nos recuerda a sor Ángela en el proyecto de Camerún, a Emmanuel y Armando en el proyecto de Angola y nos genera una sonrisa. La primera parte del día transcurre por carreteras con mucho tráfico, buenos arcenes, y sin haber rodado 2km en el país, Shei pincha de nuevo, un pedazo de clavo que desinfla la rueda en segundos. Ahora el calor es intenso y húmedo, vamos a gastar más crema solar en diez días en Brasil que en todo Chile y Argentina juntos. Con el pinchazo arreglado buscamos una autovía que nos lleva hasta San Miguel. Lo bueno los arcenes, lo malo el tráfico. A los 30km paramos en una gasolinera para comer algo. La primera sorpresa es que el café es cortesía de la casa, así que nos sentamos en un banco con el sándwich que nos hemos preparado y un café de grano gratis. Hasta ahora con la cultura del mate, el café pasa a segundo plano y rara vez era de verdad, siempre soluble. Hoy está riquísimo, el olor, el sabor y encima sin costo.
Comenzamos de la mejor de las maneras y rodamos felices hasta que antes de llegar a San Miguel nos llueve. Hace buena temperatura así que no nos ponemos ni el chubasquero. Si lloviera más fuerte ya veríamos, pero no queremos achicharrarnos. La lluvia dura 10km y pronto nos vamos “secando”, vamos super sudados de la humedad. A mi la sensación me gusta y la echaba de menos, Shei refunfuña detrás. Hoy el perfil acumula desnivel a base de subidas cortas, la dinámica de toboganes continúa. La diferencia es que el paisaje es de grandes extensiones de cereal. Ya nos habían dicho que los brasileños compran incluso en Paraguay y Argentina terrenos para latifundistas. El problema es la deforestación y sobre todo la amazónica.
El nivel de vida se ve más alto que los países previos. En San Miguel hacemos la segunda parada para sacar algo de dinero por si acaso, la moneda son los reales, el billete más grande del país es de 200, unos 34€. Todo está cerrado, es una fiesta nacional que se llama los tiradentes, que es en homenaje a Joaquim José da Silva Xavier, era dentista, de ahí el sobre nombre, además fue el líder revolucionario que luchó contra el dominio portugués en 1792. Lo único abierto es un camión de helados y le compramos un par de refrescos. Para rebajar pulsaciones, bajar calor y descansar un poco. Decidimos ahí que iremos a un pueblo que está a 30km, queda todavía mucho desnivel y ahora casi no hay arcén. Brasil es gigante, 17 veces España, su población es de 212 millones y nos hacemos a la idea de que el tráfico va a ser intenso siempre, pero aquí parece que respetan bastante.
Seguimos con nuestros subes y bajas por plantaciones de maíz y en uno de los altos a falta de 10km paramos a comer el segundo sándwich del día, venimos bien preparados y más vale, porque todo está cerrado. Son casi las 15:00 de la tarde y nos refugiamos en una parada de bus. Desde ahí ya con el fin de etapa a la vista y sobre todo porque a veces caen gotas de litro pedaleamos con ganas. Al fondo está nuestro primer destino en Brasil. Allí subimos por la avenida principal hasta la iglesia, el padre vive al lado y vamos a ver si nos deja dormir en algún sitio. No hay nadie en la casa, pero fuera hay dos señoras rezando y les preguntamos para ver donde dormir. Carla, escucha lo que hacemos y se echa a llorar, “he venido a rezar, como no voy a ayudaros a vosotros, venid a mi casa”. Así que le seguimos detrás del coche hasta una casa enorme. Allí vive con sus dos hijas y su madre. Nos dejan un cuarto, toallas y cenamos todos juntos. Pasamos toda la tarde charlando en la cocina. Un encuentro en familia. El idioma no supone un problema y desde los 13 años de la pequeña hasta los 70 de la abuela no hay edades. Pasamos un comienzo de Brasil maravilloso. Super afortunados y agradecidos. Hay un rato que me escapo a hacer la tarea mientras Shei sigue conversando, de fondo se escuchan las sonrisas y da gusto escucharlas, estoy en la habitación de al lado pero conectado con el sonido que me une a ellas. Nos vamos pronto a la cama que al día siguiente hay escuela para todas, ya que Carla es profesora de química en el instituto y las hijas también tienen clase.