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ETAPA 190 POSADAS-BARRIO HELVECIA

85km 1015+

La verdad que la experiencia con Rossy y Néstor ha sido muy especial, pero debo admitir que la higiene y el orden en su casa ha sido de los más precarios de todo el viaje. Con lo que no terminamos de descansar del todo. Pero a su vez es una ventana a la realidad que vive mucha gente en el mundo y nos valoriza lo que tenemos. A las 7:00 nos despertamos, dan lluvia y queremos evitarla lo más posible. Rossy se levanta con nosotros, Gastón su hijo ha dormido en el suelo de la cocina porque quería usar el móvil y prefiere eso a dormir con su madre.

En cuanto Rossy se levanta, Gastón va a su cama a tratar de dormir algo y mientras preparamos las bicis, Rossy prepara unas tortitas fritas en un momento. En ese momento se pone a llover y comemos un par y le dejamos un mensaje en su libro de cicloviajeros, pero la lluvia no cesa y nos ponemos todos los chubasqueros que tenemos.

Salimos por la nacional 172, aunque ellos le llaman Cabo de Hornos, hasta la 12. En esa zona están las universidades, alguna de las más importantes del país públicas. No cesa la lluvia y de momento el perfil es benevolente, pero desde ahí ya nos han avisado que todas las etapas hasta Iguazú es un constante sube y baja que suma mucho desnivel positivo. Será más duro, pero más ameno que lo vivido desde Corrientes seguro. Hasta Candelaria disfrutamos de un arcén que nos permite ir seguros a los dos. Como no hemos desayunado, paramos a la entrada de Candelaria. La gasolinera es muy cara y no nos deja comer nuestro pan, así que cruzamos la carretera a un puesto de madera donde hay una señora haciendo tortitas y nos da dos cafés por la quinta parte. Felices de ayudarle a ella. Nos deja comer en sus mesas hechas con tablas de madera y a cubierto de la lluvia con un techado de ramas de palmera. Cuando ve lo que estamos haciendo, se emociona y nos desea lo mejor, desde lo religioso nos bendice. Casualidad en frente hay una pastelería y cuando la mujer nos ha dejado usar su espacio sin pedir nada a cambio, compro unos pasteles para nosotros y dos para ella. Se alegra mucho del detalle y continuamos etapa con buena energía.

Seguimos por una autovía de subes y bajas y con curvas, es más entretenida, pero no deja de ser una autovía, la vegetación aumenta, ese paisaje llano da paso a diferentes líneas curvas en el horizonte y es más ameno. Ahora tenemos más pueblos donde poder abastecernos de agua y además toda esta zona es potable. Hemos desayunado bien y el cuerpo tiene energía para rato. En San Ignacio paramos a tomar un café y por el precio que a la mañana hemos comprado seis pasteles, cuatro alfajores y dos cafés, ahora nos sirven sólo dos cafés. Ya los han servido y no queda otra que pagarlos, pero se lo remarco, “qué caros son estos cafés, he tomado dos por la cuarta parte”, “¿eso dónde?”, “en Candelaria”, “vale, pero esto es San Ignacio”. No estamos hablando de que he comparado África con Argentina, esa misma mañana a 30km nos han cobrado mucho menos y te fastidia el atraco. Aprovechamos para descansar, comer fruta y secar los chubasqueros, ha parado de llover y el sol sale tímidamente. Donde comemos hay un cartel de las cataratas de Iguazú, estamos a 200km y la magnitud natural es increíble. Toda la vida oyendo ese lugar y dentro de poco lo veremos con nuestros propios ojos.

Decidimos hacer 26km más, son las 14:00 de la tarde, en realidad es hora de comer, pero queremos avanzar, a partir de ahora las etapas tienen desnivel y serán más lentas. Desde ese sitio toca ir por carretera de dos carriles sin arcén y de nuevo regresamos a la fila india. Hay bastante tráfico, es una carretera que va hacia la triple frontera y se nota cada vez más. Camiones, autobuses, coches… Tenemos hambre y no paramos de ver negocios de parrillas por la carretera, confiamos que el sitio elegido donde dormiremos tenga uno. No pasamos de los 150msnm, pero con tanto sube y baja sumamos metros rápido. Pasamos Santo Pipó, el lugar donde íbamos a dormir inicialmente y seguimos hasta Helvecia, a poco de llegar un camión nos echa de la carretera y encima nos asusta con la bocina. Me da tiempo de tirarle una piedra que le da en la puerta, en el último momento me he arrepentido, pero el destino era su retrovisor. Sheila se queda temblando y con ganas de llorar. “Lástima no pinche todas las ruedas”.

Con el susto en el cuerpo llegamos a un pueblecito de calles empedradas. Sencillo, con un par de kioskos que venden comida. Pero lo bueno es que tiene  un lugar para actividades de barrio donde está la trabajadora social. Nos manda al consultorio para preguntar, pero desgraciadamente dicen que no y nos quedamos sin ese lugar a cubierto que tiene baño y cocina. Nos acercamos al colegio y ahí Gloria, la directora no duda en echarnos una mano. “os dejo un aula y un baño abierto”. Son casi las cuatro de la tarde, compramos algo de comer en una tiendecita cercana. Mientras varios niños juegan en un campo de hierba inclinado. Abren la verja para que compremos y tienen lo suficiente para hacer unos bocadillos y un arroz con carne y verduras.

En el cole, mientras comemos los bocadillos, los niños salen de clase, nos saludan. Tienen ganas de hablarnos. Forman para bajar la bandera, pero antes la directora nos da la palabra y les contamos lo que hacemos. Después descuelgan la bandera mientras rezan el himno. Gloria y las profesoras se van y nos dejan solos. A la tarde con jarras de agua calentada en la ketel nos duchamos y hacemos la tarea antes de que venga Andrea, una de las profesoras. Nos ha invitado a su casa, pero la directora prefiere que nos quedemos ahí, ya que todo está abierto. Le hacemos la cena y nos quedamos charlando hasta bien tarde. Así que hoy toca dormir poco, que las profesoras vienen a las 6:00. 

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