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ETAPA 187 LA PALMIRA-ITA IBATE

74KM 45+

La noche anterior las dos casas de al lado tienen la música con corridos a unos volúmenes de verbena de pueblo. La más cercana corta a las 21:30, la segunda lo hace a las 22:30. No sabemos si es gracias a Armando, el policía, al que le preguntamos si sabe cuándo apagarán y les pide que apaguen o porque de casualidad apagan. Lo gracioso es que cuando hablo con los vecinos se eso es normal, dicen que sí, “el hombre chupa mucho y tiene la música así los fines de semana, pero dígale al departamento de policía si quiere”, “¿y a ustedes no les molesta?”, balbucean frases que no me queda claro, pero al final dicen que no, entiendo porque ellos hacen lo mismo y eso que son bastante mayores.

Con la preocupación de la música quitada, sólo nos queda la de los focos que alumbran la parcela de la capilla, lo resolvemos con una lona por encima que amortigua un poco la luz. Lo mejor para dormir al final es el cansancio de haber viajado en bus toda la noche y hacer 85km, esa es la mejor medicina para el sueño. Así que dormimos bien hasta que los perros del vecino se acercan a la tienda para jugar y nos despiertan, también el tráfico de camiones. Recogemos todo tranquilos y la idea es salir sin desayunar. Nos despedimos de Armando que tiene guardia de dos días y parece un buen hombre, nos da un abrazo sincero y nos desea buen viaje.

La etapa va a ser aún más plana que el día anterior si cabe, con rectas y con un paisaje llano, de pastos y sin ninguna montaña a la vista. La temperatura es buena para rodar, hace algo de viento en contra y las piernas están algo cansadas de no haber estirado en condiciones el día anterior. Nos marcamos una cafetería a 11km para tomar un café y comer algo. Es cerca, pero según el mapa ya no hay nada más hasta final de etapa. Seguimos sin arcén y aunque es sábado hay bastante tráfico.

A la media hora llegamos a Santa Teresita, una capilla y al lado hay un comedor con el mismo nombre. Están abriendo y nos hacen dos cafés americanos. Juanita nos atiende y charlamos largo y tendido. Lleva desde los once años trabajando en ese restaurante para esa familia. Ya tiene 52 años y prácticamente no ha salido de esa zona. Nos habla de lo cara que está la vida, de que su hija tiene que trabajar para ver si puede estudiar algo en Corrientes. Ella no gana más de 500€ al mes y la vida en Argentina está cara. Es probable que no salga nuca de ahí. Por muy sencillo que sea nuestro viaje, durmiendo en tienda de campaña, comiendo bocadillos de embutido muchos días, somos unos privilegiados de poder plantearnos hacer un viaje de estas dimensiones. Hay que hablar con mucho respeto.

Salimos de ahí con 64km por delante para llegar a Ita Ibate y la etapa es anodina. A los 4km desde el restaurante nos paramos para sacar la foto de los 13.000km. Seguimos sumando sin prisa, pero sin pausa. Echamos de menos ver algo en el horizonte. La velocidad máxima no pasa de 20km/h. Uno puede pensar que una etapa llana es mejor y te cansa menos, pero no lo es, ni mental ni físicamente. Llevar todo el rato la misma cadencia. Si le añades que mi culo ha dicho basta con este sillín y me cuesta estar sentado, se hace largo el día. Nos siguen pasando autobuses de dos pisos y camiones. Esta vez los camiones suelen respetar más, pero los autobuses vuelan, desplazan mucho aire y cuando nos adelantan nos pega un buen bandazo.

Hemos comido bien, así que continuamos con el plan de comer al final de la etapa. Por la carretera vemos diferentes animales muertos, carpincho, una especie de roedor gigante, un zorro, un ciervo, este último el más normal de todos. Por los laterales seguimos escuchando ese sonido característico que hacen las ranas. Armando el día anterior pone cara de “claro, ¿qué va a ser ese sonido?”, pero jamás lo habíamos escuchado y seguro que en España, nadie diría que es una rana.

Hacemos una micro parada para ponernos crema solar, no hacen mucho sol, pero aquí pega. Estamos a punto de terminar el quinto bote de cara y el séptimo de cuerpo. Seguimos bien sin comer y nos quedan unos 35km. El ritmo es bueno, pero se nos está haciendo largo. Poco antes de llegar a nuestro destino vemos dos cosas curiosas, un cartel publicitario de hierba mate Amanda, con un eslogan algo pretencioso “Los que aman el mate, aman Amanda” y poco más adelante un yacarey muerto de casi dos metros. Es como un cocodrilo e impresiona ver que a los lados de la carretera de los arrozales puede salir uno de esos. El primero en todo el viaje y añadimos otro a la lista de animales diferentes del viaje. Antes hemos visto un armadillo. Todos los animales que hemos visto hoy estaban muertos en los arcenes.

Entramos por un camino de tierra a Ita Ibate y en google maps marca un camping algo alejado del pueblo. Ahí hay como habitaciones en alquiler. Nos abre un chico que justo se va a trabajar y nos deja el contacto de la dueña que está muy lejos. Nos deja poner la tienda por 10.000 pesos con posibilidad de usar el baño de una de las habitaciones. Va a llover bastante y toca buscar refugio. Mientras hablamos con ella sale un chico de otra habitación. Es Jerónimo, un chico de 23 años con el que charlamos. No duda en sacarnos la comida que se ha preparado para compartirla con nosotros. Comemos un poco, está muy buena, pero no queremos dejarle sin nada. Nos cuenta que había estado muy metido en el mundo de las drogas, incluso como vendedor para narcotraficantes, aquí hay muchos que vienen de Paraguay. No conoce a su padre y su madre, más joven que yo, también está muy enganchada, y eso que es profesora de secundaria. Él ha estado en la cárcel y ya está acabando su arresto domiciliario de cuatro años. Hace un tiempo que se dio cuenta de que ese no era el camino y ahora pertenece a un grupo religioso en el que se ha refugiado y alejado de todos los “demonios” como les llama él. Es un gran chico y por lo menos él ha podido salir, pero no ha conseguido convencer a su madre.

Antes de instalarnos vamos a comprar algo de comida para la cena y por ese barrio de calles de tierra hay varios kioskos. Todos con sus rejas para venderte. Uno está abierto y tiene algo de verdura para hacer una ensalada. Dos chicos con la camiseta de la selección argentina y del boca nos hacen de guías. Ya han charlado con los españoles y se van super contentos. Cuando regresamos a casa, llega el hermano de la dueña que nos abre una habitación y nos ofrece entrar en ella en caso de que llueva mucho. Pensamos que no será necesario, pero se agradece el ofrecimiento. Se van y mientras estiramos y a punto de poner la tienda, comienza a llover muy fuerte y el agua va invadiendo poco a poco la parte seca debajo del chamizo. Así que nos metemos en el cuarto y montamos la tienda para tener mosquitera. Hemos tenido mucha suerte, porque caen varios chaparrones.

Mientras sigue lloviendo, tengo la suerte de que estoy buscando un barbero para que me rebaje la barba y justo Jerónimo es barbero. Ha venido un amigo suyo que está aprendiendo y cuando acabe me hará a mi. Me rebaja barba y pelo con mimo y al final no quiere cobrarme. Es mi aportación. La pena es que hemos comprado cena para él, pero tiene encuentro con la iglesia y llegará tarde. Nos metemos en el cuarto, nos duchamos, hacemos tarea de ordenador y cenamos toda la ensalada, ya que nuestro vecino llegará muy tarde. 

 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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