94KM 365+
Descansamos bien en las literas del hospedaje, por suerte nadie más viene a la habitación y dormimos solos. Mientras preparamos las alforjas, Pepi y Gisela salen para despedirnos. Montamos las bicis en un callejón estrecho dentro del hospedaje, con un tendedero que lo cruza entero. La idea es arrancar y en el primer pueblo tomar un café y comer algo, pero esta pareja generosa nos ofrece tomar uno con algún bollo en la tiendecita que hay al lado. Afuera, las calles de la ciudad son de tierra, muchas ciudades de esta zona están así, parece como si estuvieran en obras. No es una calle que vaya hacia la carretera y aún y todo pasan muchos vehículos. Mientras tanto nosotros estamos sentados en la acera, pegados a la pared tomando el café y un croissant. Aquí a todo tipo de bollería le llaman factura.
Nos quedaríamos hablando con ellos largo y tendido, hemos congeniado mucho, pero como siempre la ruta continúa y nos despedimos con la esperanza de volver a verlos, esta vez en Pamplona. Un abrazo y un beso en la mejilla, aquí a las personas cercanas es normal darles un beso en la mejilla y cuando se presentan también, con lo que muchas veces nos quedamos en el aire lanzando el segundo beso.
Dejamos a Pepi y Gisela en la puerta del hospedaje y salimos de las calles de tierra de Pumamarca. Pedaleamos hacia la 9 amaneciendo, hace frío, unos 8º y es bajada pronunciada. Mucho camión subiendo hacia el alto de Lipán. Aún tenemos matices de esos siete colores en el paisaje. Pronto, cuando llegamos a la 9 el valle se abre con la bajada del río Grande, del encajonamiento descendiendo el alto de Lipán pasamos a un valle amplio. La cuenca del río es enorme, pero hoy casi todo son piedras, sólo queda un hilo de agua en proporción al espacio haciendo surco hacia San Salvador de Jujuy.
El perfil de la etapa es favorable. Aunque seguimos viendo esas montañas rocosas con diferentes tonalidades, comienzan a aparecer zonas verdes. A los lados de la carretera hay humedales con pájaros, luego pastos con caballos y vacas y de repente árboles que van adueñándose de las paredes. Las montañas se elevan a los dos lados, con pendientes pronunciadas y con vegetación verde que ya parasita todo. El sol lo tenemos a la derecha asomando entre las nubes y lo necesitamos más arriba para que caliente un poco, seguimos sombríos. Hace un día cruzábamos las salinas en medio del desierto y ahora parece que estamos en un paisaje de una isla con dinosaurios.
Descendemos rápido y como hemos comido algo planteamos la parada pasada la mitad de la etapa. Pasado volcán tenemos la única ascensión del día, unos cuatro kilómetros que nos sirven para quitarnos la ropa de abrigo y entrar en calor. Desde ahí un descenso con curvas suaves desde donde se ve la cuenca del río Grande. Si no fuera porque luego son todo piedras, parece que es un río como el amazonas. Cuando llegamos abajo, nos encontramos con Pauline y Adrien, dos cicloviajeros franceses que van hacia San Pedro de Atacama. Hace cuatro días estábamos ahí y a ellos les queda todas las subidas, desiertos, altitud y les damos consejos. Viven cerca de nosotros en la baja Navarra de Francia. Intercambiamos contactos y nos despedimos. Mientras conversábamos dos gendarmes en moto han parado en la misma esplanada, pero no dicen nada, nos acercamos a ver si les ocurre algo y resulta que han pinchado y no tienen cobertura. Saco video de la avería y les prometo avisar a alguien en el primer pueblo que encontremos.
Cruzamos un puente hasta León y en ese pequeño pueblo hay un control policial. Les muestro el vídeo y el agente hace el amago de sacar el teléfono para avisar a una gomería (tienda de neumáticos) que hay más adelante en Lozano. No sabemos si cuando nos vamos vuelve a guardar el teléfono o avisa, nos quedamos con la duda de si alguien irá a buscarlos. Desde ahí seguimos pedaleando y nos proponemos San Salvador de Jujuy para comer algo, pero hay un pueblo que se llama Yala, antes de la ciudad que tiene un menú decente de precio, luego entendemos el precio, la ración es muy escasa, pero en realidad suficiente porque aún nos queda etapa y no queremos ir muy llenos.
Estamos en la 9 y ahora el tráfico no es el de los últimos días, es intenso. Hemos pedaleado por encima de los 3.000 metros varios días, en una zona desértica y casi sin tráfico y el silencio es especial, escuchas el sonido de la cadena, puedes hablar y eres consciente de ese silencio cuando llegas a “civilización”. Hay muchos sonidos además del tráfico y te aíslan, ponen tu foco en otra cosa, en la carretera, en el ruido de los motores, de las empresas, de las tiendas con altavoces. Vas como en un túnel, donde antes estaba el paisaje y tú, ahora es un punto en la carretera, concentrado y es como si los sentidos se echaran a dormir. La carretera se convierte en autopista y conseguimos algunos tramos por una vía de servicio lateral, pero otros no podemos evitarla y pasamos la ciudad con cierto estrés. Es grande y se ve a la izquierda junto al curso del río Grande que ahora con todos los afluentes ya se ve más río.
En un momento dado la 9 gira a la derecha, estamos dentro de la ciudad y hay grandes atascos que superamos por un arcén roto y lleno de tierra. Vendedores en semáforos, negocios locales, barrios de casas bajas a las afueras del centro, mucho colectivo (autobuses urbanos), motos, bocinas… Hasta que por fin se convierte en un carril pasan unos cuantos kilómetros y baja el tráfico. Entre una cosa y otra se ha hecho tarde y tenemos ganas de acabar, además se está nublando amenazando con lluvia y ahora sí no pararemos hasta El Carmen.
El paisaje a ambos lados es de grandes pastos con montañas al fondo. Mucha ganadería. Entramos por una calle de tierra a ese pequeño pueblo. La gente repara sus coches, camina plácidamente, es más o menos la hora de comer y muchos negocios están cerrados para comprar algo de comida. En frente de un parque con una pista de futbito donde juegan varios niños está el parque de bomberos. Ahí nos atiende un chico, pero a diferencia de Chile, su predisposición es a no acogernos. Nos indica el camping a 4km, pero ya está alejado de todo y si está cerrado tendremos que volver. Nos dice que para extranjeros es gratis, incluso las cabañas, nos parece extraño, pero confiamos. Antes de salir del pueblo compramos algo de verdura para cenar en una tienda cerrada, la verja está echada, pero el chico nos atiende pasando la fruta y la verdura por los barrotes. En una placita compramos algo de pan en puesto de la calle y nos tomamos un café sentados en los bancos para decidir qué hacemos. Por si acaso preguntamos en un hostal a ver que precio tiene, si es como en Susques, con el cielo negro sobre nuestras cabezas igual es mejor dormir a cubierto, pero es caro y nos empuja a ir hacia el camping.
Los últimos 4km son por un carril bici con mucha gente caminando y andando en bici por él. Hay bastante vida en esta zona. Todo está verde, hay humedad, que contrasta mucho con la sequedad que hemos sufrido días atrás. El camping está abierto y como nos imaginábamos hay que pagar, nos cuesta casi lo mismo que la habitación de Susques, pero en tienda de campaña y con un baño a 300 metros de donde podemos poner la tienda. Dan ganas de volver al parque y darle un tortazo al bombero y cobrarle el camping. Nos instalamos, sacamos las sillas y la tienda que hacía casi un mes que viajaban en la maleta por diferentes causas y disfrutamos de nuestra acampada. Hacemos tarea, nos duchamos, incluso con agua caliente y cenamos con la compañía de los mosquitos que no los echábamos de menos. Quizá desde Australia, con el agravante de que hay un brote de Dengue y chikungunya en el norte de Argentina, toca repelente y ropa larga durante un buen tiempo ya, quizá hasta final de la parte sudamericana. A las 22:00 cansados nos quedamos dormidos.