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ETAPA 179 CHILLÁN-FLORIDA

74KM 600+

A Shei la noche se le hace corta, aún no está recuperada del todo y cuantas más horas pase en cama, mejor. Además aún no hay bomba de calor en la casa y el cuarto se pone a 10º con lo que nos refugiamos debajo de las mantas. Cuando suena el despertador a las 7:00, con la noche aún encima, con el frío al sacar el brazo y con el constipado de Shei, vamos prolongando alarmas hasta que a las 7:45 ya toca levantarse.

Nos preparamos el desayuno con calma y mentalizándonos a pasar frío. Mientras sacamos las alforjas para montar la bici, Carlos se despierta y nos despedimos de él. Con todo lo que viaja creo que hay muchas posibilidades de volver a vernos en el futuro. En una semana nosotros estaremos en San Pedro de Atacama y el con su mujer en Bulgaria donde viven la mitad del año. Dos mundos muy diferentes respecto a donde nos encontramos ahora. El cielo está cubierto y las increíbles vistas que teníamos el día anterior del volcán Chillán está ocultas y no podemos marcharnos con un fondo bonito.

Salimos tarde, ya son las 9:30 y hoy sin ser muy larga son 75km hasta Florida. Queremos quedarnos cerca de Concepción porque toca montar cajas para el vuelo en avión. Deshacemos el recorrido hasta Chillán, pasamos por las mismas calles y regresamos a la carretera por la que llegamos. Para evitar vías mayores desandamos 15km para meternos por una vía secundaria hacia Llollinco. Chillán tiene carriles bici, algunos en un estado lamentable, con mucho bache y mucha suciedad. Si circulas con una bici de monte, con ruedas gruesas y sin peso y sólo haces esos 5km, quizá no importe, pero cuando llevas meses viajando, si el firme es liso y tiene pocos entra y sale, lo agradeces. Muchas veces cuando vemos un carril bici en ese estado, decidimos ir por la carretera porque es mucho más cómodo, entonces nos encontramos con la ira de los conductores que te señalan el carril bici. Imagino su frase dentro del coche, “siempre igual se quejan porque no tienen carril bici y cuando lo tienen, van por la carretera”, lo que no ven es el estado del carril bici ni saben cuanto tiempo va a estar la persona que va encima sobre la bici. Recuerdo un día en Alemania, cuando hice el viaje de los refugiados. Al principio cuando veía un carril bici, trataba de usarlos, por aquello de “ya que lo han hecho para nosotros…”, pero cuando te has comido cientos de raíces, esquivado piedras, frenado cientos de veces para seguir el carril en el otro lado de la carretera, hacer mil eses, al final sales a la carretera. Un alemán me pitó y gritó para que fuera por el carril y me acerqué a su ventanilla y le grité en español “vete tu por él y hazte 4.000km en ese estado, luego me cuentas”, no sé si me entendió, pero se quedó callado, no sé si por miedo o porque dedujo lo que le dije.

Regresamos a Chile, en el km15 de etapa dejamos una vía principal y nos metemos por la secundaria hacia zona de reforestación, el tráfico nos da tregua y podemos ir a la par. Al poco de empezar llegamos a una curva de 90º donde comienza una pista de tierra. Ya la tenía contemplada, era ir por ahí o hacer 25km para llegar a Concepción. Con lo pochos que estamos elegimos la opción corta porque no ha llovido en dos días y está todo seco. El camino es mejor de lo esperado y son sólo 9km. En un momento dado un coche se para al lado nuestra y nos pregunta que a donde vamos. Le decimos que a Bulnes y nos dice que el camino acaba ahí, que tenemos que volver y dar mucha vuelta. Veo la cara de pánico de Shei, pero google maps es muy claro. “¿pero has ido por ahí alguna vez?” “no, yo siempre giro aquí para ir a trabajar”, “gracias, nos arriesgamos, si volvemos mala señal, si no es que tienes salida  a la 5”. No volvemos, el mapa es claro y sólo son 4km de camino hasta la ruta 5, la esquivamos porque vamos por carretera hasta Bulnes. Con eso de los nombres a veces me imagino que sólo con eso es una especie de viaje en el espacio tiempo y aparecemos en el naranjo en Asturias, pero hoy la ciencia ficción no funciona y llegamos a un pueblo sencillo, pero con un gran parque central donde hay varios foodtrucks. Tomamos un café y melocotones que llevamos. El café vale medio euro y los completos 1000 pesos. Nos acordamos siempre de la Elisonda que nos la clavó en Villarrica con una sonrisa enorme y mucha simpatía, pero nos cobró el doble como poco con mucha tranquilidad.

El sol calienta como para quitarnos perneras, manguitos y sólo ir con chaleco. Hace algo de fresco pero se tolera. Desde ahí vamos por otra vía principal que va a Concepción, la N48-O. Regresamos al tráfico y seguimos sin arcén, aquí los ingenieros de caminos no estudiaron esa lección en la uni. Nos quedan 40km para terminar etapa y la mayor parte de la subida es al final.

Con sol se rueda de otra manera, pero tenemos el cuerpo flojillo, sobre todo Shei y hay ganas de acabar etapa. A las 14:00 de la tarde pasamos por Quillón, un pueblo aparente con muchos locales, pero aunque hay hambre, decidimos tirar hasta el final y acabar cuanto antes. Todas las cuestas viene juntas y aunque no son duras, pesan. Pasamos por zonas quemadas en enero, debió ser un incendio fuerte que duró más de una semana. Tras los incendios los pueblos se encargan de cortar los árboles y aprovechar la leña para que replanten. Cuando la evolución del paisaje es tan lenta no eres consciente de los bosques tan frondosos y verdes que vimos al comienzo en Chiloé. Y dentro de cuatro días en Calama, los árboles serán una quimera.

Tras las subidas finales llegamos a Florida, quizá el pueblo más sencillo de los que hemos estado. Vamos a preguntar en el parque de bomberos de nuevo, pero antes nos sentamos en la parada del bus y comemos algo dulce, el cuerpo pide energía y hoy sólo vamos a cenar ya que no hemos comido. A las 16:30 nos presentamos en la 2ª compañía de Florida a Sara, la capitana que vive en el parque. No cobra, es voluntaria, pero vigila el lugar. Su hijo la llama y nos recibe. Hace la llamada de rigor y nos dice que tiene que hablar con el que decide pero que sale de dar clase a las 18:00, tenemos ganas de ducharnos y descansar y ella lo nota, ve nuestras caras y nos dice que pasemos las bicis y descansemos que convencerá al jefe. Charlamos un rato con ella de los incendios de hace poco y confirma que han sido los más duros en varios años, que últimamente hay cada tres años uno gordo. Desmontamos todo, nos dan el cuarto de mujeres, nos duchamos y nos relajamos. A la tarde escribimos cocinamos y mientras cenamos se escucha a los voluntarios que estarán hasta las 0:00. Bajamos a saludarlos y darles las buenas noches, estamos rendidos. Hoy dormimos solos y esperamos una noche tranquila. 

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