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ETAPA 178 YUNGAY-CHILLÁN

71KM 470+

Noche sin urgencias, otra noche en calma para los bomberos en Chile. Los bomberos que se han quedado de guardia se han marchado antes que nosotros porque tenían que ir a sus trabajos. Lo hacen voluntariamente, son jóvenes y son amigos, la noche anterior se oían las risas y el buen ambiente hasta tarde. Pero la reflexión es que las emergencias de todo un país depende de la vocación y voluntariedad de sus ciudadanos. Hoy es tradición familiar y todos se involucran, pero mañana todos esos parques pueden estar vacíos y las emergencias no van a dejar de ocurrir porque no haya nadie que atenderlas.

Cuando montamos las bicis están Marci y Sabina, dos chicas contratadas, una como secretaria y otra como centralista para gestionar las emergencias. Desayunamos con ellas, hablamos de muchas cosas, obviamente de nuestro proyecto. Un viaje de estos tiene la magia de estar un día en África y al día siguiente en Chile, pero a la vez dejas atrás a muchas personas interesantes y cercanas. En menos de 24 horas se ha creado un vínculo y nos despedimos con emoción. El capitán, un chico joven nos ha dejado un llavero con el escudo de la compañía sobre la bici, Sabina nos regala algo de comida y ha venido pronto al parque para despedirnos. En pocas horas se forja una relación sincera. Nos hacemos la foto frente al parque y comienza el nuevo día.

El pronóstico decía que ya las lluvias nos iban a dar treguas, pero el cielo está totalmente cubierto. Confiamos en que siga acertando como hasta ahora, pero no lo tenemos claro. Salimos por las calles de Yungay ya con mucho tráfico y el objetivo es llegar a Chillán. De nuevo vamos muy abrigados. Las noches a pesar de estar yendo más al norte cada vez son más frías y eso que estamos en el comienzo del otoño. El viento que viene de la cordillera nevada se nota. A los pocos kilómetros la niebla baja y la humedad del ambiente va perlando nuestra ropa y no caemos en el mismo error del día de Los Ángeles, paramos a ponernos el chubasquero completo. Bajo el árbol, con los camiones pasando por la carretera, la lluvia se hace evidente, no cesa y ya es una cortina tímida, pero constante, hemos acertado. Lo bueno es que de alguna manera ya nos hemos acostumbrado a este clima, si estuviéramos en África y nos hubiera salido un día así, tendríamos más pereza.

Salimos equipados a la carretera y aún nos quedan 60km de etapa, esperamos que por lo menos no empeore. El perfil tiene algunas cuestas, pero no es duro. La pega es que Shei, de tantos fríos y lluvias están incubando algo y está floja. Ponemos un ritmo que pueda tolerar y a la vez avanzar. En Pemuco llevamos 20km y no es mal momento para tomar algo caliente, pero el día es feo y cuantas menos paradas hagamos mejor, con lo que nos marcamos parar a mitad de etapa y seguimos camino. El sitio será Pueblo Seco a los 35km. El paisaje cuando la niebla y las nubes dejan, tiene la cordillera con algún volcán nevado al fondo. Pero hoy vemos poco, lo justo los campos cultivados y zonas con eucaliptos.

Lo que si ocurre hoy es que el precio del carburante va a subir mañana por culpa de Trump y Netanyahu y su conflicto con Irán. Todas las gasolineras desde que hemos salido tienen colas de decenas de coches, cada litro va a subir como poco cuarenta céntimos, es una salvajada y sólo en un depósito puedes ahorrar 30€. La economía global de nuevo se va a resentir, va a subir el precio de la comida, de la luz, de los materiales por las ínfulas narcisistas de dos psicópatas.

Llegamos a Pueblo Seco con deseos de que haga honor a su nombre. Encontramos frente a una gasolinera con una cola kilométrica la pastelería La Pascuala, es algo más delicatesen, pero hace frío. Les preguntamos el precio de las cosas y para nuestro presupuesto es algo caro, Javiera, la pastelera nos baja algo el precio y nos quedamos. Surge de nuevo una conversación con ella y Grise su compañera muy bonita. Sobre la realidad, sobre esa cola de coches que hay enfrente que no sabe que va a pasar, sobre su trabajo. Lo bueno es que Javiera, una chica joven, sonriente, en un mes va a trabajar de pastelera a Salamanca, va a probar dos años, le ha surgido una oportunidad y la va a aprovechar. Le damos nuestro contacto, le pedimos que espere un año, pero tiene cama para visitarnos y sentimos que la volveremos a ver. Nos sacan un trozo de una tarta para que probemos y charlando charlando, se nos va una hora. Nos quedaríamos más, pero hay que seguir camino. Lo bueno es que la ropa se ha secado, ha dejado de llover y ahora motiva más salir. Con un abrazo sincero nos despedimos y seguimos camino.

Nos quedan casi 40km, pero con unos rayos tímidos de sol, sin lluvia y con la energía que nos han dejado las dos, ahora pedaleamos mejor. Hasta Shei tiene mejor cara. El resto de kilómetros son parecidos a los vividos, quizá más tráfico porque nos acercamos a una gran ciudad, paisajes más pelados por que son zona de pino para madera. La entrada en Chillán es pesada. Hoy nos aloja un warmshowers en su casa y vive a las afueras, lejos de supermercados y sitios de comida, así que comemos un poco de Sushi, primera vez en el viaje y está rico. Hay muchos locales que lo hacen sin ser japoneses, son parte de la gastronomía local con los completos, los churrascos, cazuelas…

Nos quedan 6km que al salir de la ciudad, el aire frío y las ganas de acabar se hacen algo largos. La casa está por un camino de tierra y está aislada. Ahí está Carlos, un chico joven que junto a dos amigos está dejando el lugar increíble. Carlos se va en una semana a Bulgaria, su mujer es de allí y quiere dejar la parcela lista para alquilarla mientras no está. Carlos es un viajero incansable, estuvo siete años dando la vuelta al mundo en bici, recorrió 107 países. Ha estado ya en 133 y quiere pisarlos todos. El resto de la tarde la conversación está servida, hablamos sobre nuestras experiencias y tras muchas de ellas, la visión mundial es la misma. Odiamos a las mismas personas y hemos vividos situaciones muy parecidas. Al atardecer vamos al supermercado a comprar algo de comer para los dos días y Carlos se encarga de la cena. Al regresar a casa hago una sopa de ajo para Shei y Carlos saca sushi, es arroz y tiene pescado, así que dos veces en un día no va a sentarnos mal.

Al día siguiente Shei trata de descansar todo lo posible, yo hacer labores de oficina, gestionar el proyecto con la médico de Bolivia y lo mejor de todo, Ser Aventureros nos llama para entrevistarnos. Durante el día Shei, descansa todo lo que puede en la cama para recuperarse del resfriado. Estamos relajados y a ratos hablamos con Mayi que le está ayudando a Carlos con el jardín. Afuera hace mucho frío, el viento es gélido y cuesta estar sin abrigarse. A la tarde le ayudo un poco a Carlos y ya cenamos charlando sobre viajes. Con Carlos es imposible no hablar de ello con todas las experiencias que tiene a espaladas (este es su blog). Nos vamos a la cama cansados y con la esperanza de recuperar para la etapa de mañana. 

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