39KM 205+
ETAPA 176, 21 MARZO, RENAICO-LOS ÁNGELES, 39KM 205+
Mi nube blanca, forma que en España se utiliza para los bomberos que cuando trabajan ocurren pocas cosas, sigue con su carga positiva y durante la noche no hay ninguna llamada. Quizá sea de las pocas noches que duermo del tirón. Estar en un parque de bomberos hace de bálsamo y descanso. Después de once meses con la bici había desconectado de mi profesión, hasta el punto de tenerla en un rincón de la memoria totalmente olvidada. Pero al subirme al camión, hablar de las intervenciones ha sido como un resorte donde me he sentido muy feliz y nostálgico. Sé que cuando regrese al parque será como empezar de nuevo, con total seguridad soy más consciente de la suerte que tengo.
Lo curioso es que después de casi un año sin estar en contacto con los bomberos, al despertarnos una amiga nuestra nos manda un vídeo con sus hijos que estuvieron en el parque subidos a los camiones y uno de ellos, de cinco años, dice que tiene claro que quiere ser de mayor, bombero y que quiere volver a ver el parque. Mientras montamos las bicis les mando un vídeo mostrando los camiones del parque.
Salimos a las 8:00, el cielo está cubierto, de nuevo hay niebla y el parte dice que no lloverá hasta las 11:00 y será poco. Nos planteamos tomar un café antes de arrancar la etapa, pero todo está cerrado y sólo hay un lugar al otro lado del pueblo. Shei propone salir cuanto antes, por si nos llueve y es buena idea.
El problema de la etapa de hoy es que de nuevo tenemos muchos kilómetros por autopista, ya que no hay vías secundarias alternativas. El día anterior nos dicen que hay una ciclovía que llega hasta Los Ángeles, pero google maps no muestra nada, confiamos que esté desactualizado y tengamos una etapa tranquila. Justo al pasar el puente del río Renaico antes de salir a la autopista comienza la ciclovía y respiramos tranquilos, igual tenemos suerte.
La niebla nos va empapando, pero pedaleamos solos y se aguanta mejor, pero nuestro gozo dura un kilómetro y medio y nos encontramos en plena autopista. No queda otra y nos marcamos una contrarreloj de 30km por el arcén. Al poco de arrancar, el cortavientos no es suficiente para la humedad de la niebla y nos tenemos que poner el chubasquero. La humedad de la niebla da paso a una ligera lluvia y al poco a una lluvia constante que no nos deja hasta terminar. El error ha sido no ponernos el pantalón de plástico confiando en el parte y que iba a ser algo pasajero. A falta de 25km estamos calados de arriba abajo, con frío y por una autopista que está muy sucia en los arcenes. Con miedo a pinchar y tener que pararnos ahí. A los 21km tenemos una calle de servicio que dura siete y nos da un respiro. Las gafas no dan para más, grabar para poder recordar el día se hace difícil porque cada vez que sacas el móvil dura un segundo sin gotas en la lente. El día anterior en Angol ponía prohibido bicicletas y tenemos la suerte de que no ha pasado ni un solo coche de policía, en un momento hasta pasamos por delante de una estación de carabineros y miramos hacia delante como si no mirar hacia sus ventanas nos hiciera invisibles. Nadie sale a gritarnos y continuamos a buen ritmo.
Rodar por autopistas es aburrido, arriesgado, feo, si le añades lluvia y poca visibilidad, convierte una etapa en un infierno. Por suerte a lo largo del viaje no hemos tenido muchas, en Turquía nos tocaron unos cuantos tramos así y en Chile ya van varios momentos de conexión obligada por vías rápidas. Habrá que preguntar a los ingenieros de caminos porque borran de un plumazo las carreteras secundarias que antes conectaban esos pueblos.
El peor momento lo vivimos al cruzar el enrome río Bio Bio, que da nombre a la región en la que entramos, la quinta desde que llegamos. Hay una ciclovía que cruza sobre el puente, pero está al otro lado de la barrera de cemento que acompaña la autopista, pasar las bicis con ese peso por encima es imposible. Retrocedemos hasta un punto donde los bloques de hormigón bajan casi al suelo y con esfuerzo pasamos las dos bicis. Lloviendo, con camiones pasando, hemos tomado riesgos proyectando que esa ciclovía será un descanso para la etapa. Pasamos el puente y el río, muy grande, que desemboca en Concepción, baja marrón, últimamente está lloviendo mucho. Al pasar el puente hay acceso más fácil a la ciclovía, a veces lo que puedes conseguir no es tan beneficioso para el riesgo asumido y es una lección indispensable que tenemos que aprender.
Tenemos unos pocos kilómetros de ciclovía, hoy la etapa ha sido pequeños oasis de asfalto y mirando constantemente el gps, se nos ha hecho eterna. Aunque hubiera hecho bueno habría sido una etapa fea, pero que te adelante camiones que arrastran una nube de agua y te mojan entero no es nada placentero. El acceso a los Ángeles se tensa porque llegamos a la ruta 5, que es la arteria principal del país y aumenta el tráfico. Pasado ese escollo comienzan obras para añadirle dramatismo al día. Lo peor de todo es que algunas ocasiones algunos coches te pitan para que te apartes. Si yo fuera en un coche, lloviendo, en una carretera con tráfico y viera a unos ciclistas sufriendo fuera, mi reacción sería de compasión, no de “aparta que me frenas”. Tras tres horas de trabajo mental la avenida Padre Hurtado es un remanso de paz, quedan sólo 3km hasta nuestro hospedaje. Ahí nos espera Pedro, el dueño, de abuelos de Getxo, en cuanto vio lo que hacemos no dudo en ofrecernos una habitación gratis. Tiene una finca, varias casas viejas que está demoliendo y en una que ya ha levantado al fondo hay un barracón con dos baños y cuatro habitaciones. El deseo es ducharnos y entrar en calor, pero en días como estos, desmontar las alforjas, limpiarlas y secarlas para meterlas en el cuarto, lleva más rato de lo que uno querría.
Una vez duchados nos damos cuenta de que nuestras playeras están caladas, nos ponemos sandalias con calcetines y por suerte no llueve. La pega es que Pedro no tiene periódicos viejos y va a ser difícil que se nos sequen con el frío y la humedad que hay. Pedro nos recomienda un sitio para comer barato y bien y nos vamos por una zona de la ciudad más o menos humilde. El consejo es muy bueno, cuando uno entra a un sitio y está lleno de gente obrera, ya sabe que va a comer bien. Dejamos los platos temblando, no habíamos desayunado y la etapa, aunque corta, nos ha exigido mucho. En una tienda cercana que venden un poco de todo, hacen pasteles y los precios son más sociales. Compramos dos sobres de café, un bizcocho y nos lo tomamos ahí viendo como en ese poco rato pasan muchas personas. De nuevo hemos acertado, un negocio familiar querido en el barrio. En ese poco rato diez personas han venido a por sus pasteles de cumpleaños.
Hacemos compra para los dos próximos días y regresamos al hospedaje, el resto de la tarde nos regalamos, cama, películas y palomitas. Con unos cartones hemos sacado la mayor humedad de las playeras posible, no hemos conseguido periódicos viejos y no había tienda de nuevos. Hay que llevar unos encima por si acaso. La ropa está mojada, sucia y no tienen lavadora, y con la lluvia no se va a secar. Buscamos lavandería cercana y una mujer que vive a 22km tiene una y nos responde por whatsap. Lo mejor de todo es que viene a la ciudad a estar con amigas, se acerca a nuestra casa, nos recoge la ropa, la lava al día siguiente y nos la acerca con unos amigos. Este tipo de cosas son las que ocurren en Latinoamérica donde uno no busca problemas, solo soluciones y las encuentra para facilitar la vida. Agradecidos a Carmen por ese gesto increíble y su lavandería burbujas.