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ETAPA 168 RIACHUELO-LA UNIÓN

76KM 1195+

La cena el día anterior se convierte en un compartir experiencias hasta la noche, conversamos con la luz de un frontal reflejada en una botella de agua y nos falta tiempo para contarnos muchas cosas, pero al final hay que irse a dormir. La noche es muy buena hasta que uno de los gatos juega con los pies desde el otro lado de la tela, me despejo y ya me cuesta dormirme. Hace más frío a partir de ahí y no llego a conciliar el sueño. Remoloneamos, aunque no es día, ya que la etapa será larga por el desnivel. Recogemos la tienda que por suerte está seca y nos despedimos de Giuliana y Liesca que se levantan para despedirnos. Charlamos un rato más y nos deseamos suerte en nuestros viajes con la esperanza de vernos en su país en 2028 cuando vayamos a realizar el proyecto. Ellas en breve saldrán hacia Argentina y de ahí para Uruguay, Brasil, Guyanas y Venezuela. Hace nueve años que no regresan.

La etapa arranca con una subida de 2km con rampas al 14% y ya avisa cuál será la dinámica de la etapa. La mañana está fresca, pero no hace viento, está soleada, quizá el mejor día desde que llegamos a Chile. Cuando las piernas están dormidas, estos comienzos te suben las pulsaciones rápido y se atragantan bastante. Cogemos algo de aire arriba y miramos el perfil que nos queda hasta Osorno donde queremos desayunar algo. Un serrucho bastante afilado. Así que en 35km haremos como unas cuatro subidas duras y quince cortas pero igual de duras. Vamos alternando trozos de bosque con grandes pardos y zonas de cultivo. No nos hemos acostumbrado a ver campos otoñales en marzo, pero es que aquí se enfocan hacia el invierno. De hecho, la gente dice que el verano dura dos meses y el invierno diez, ya que no para de llover de marzo a noviembre. Es un país muy peculiar, si se mide de norte a sur es el país más largo del mundo, 4.300km y su ancho máximo es 445km, con lo que la diversidad de paisajes que van desde la zona antártica hasta el desierto que hace frontera con Perú.

Hoy el día da para ir viendo el paisaje, con sus casitas de una planta y las montañas de la cordillera andina al fondo. En estos momentos vamos hacia la costa, pero en unos días nos acercaremos a la zona de lagos y estoy seguro de que vamos a sentirnos muy pequeños. A la tercera subida no somos capaces de aguantar y comemos las uvas que compramos el día anterior y unos cacahuetes. Echamos de menos esos merenderos de Tasmania donde parar a descansar. Aquí las fincas se suceden una detrás de otra y no hay arcén, con lo que la mayoría de las veces si quieres parar entre pueblos, lo tienes que hacer de pie aorillado.

Parece que llevamos mucho, pero son sólo 15km y 450+, por suerte, el resto del día no sigue esa proporción. Desde ahí hasta Osorno vamos a mejor ritmo, pero ya necesitamos algo de pausa de tanto rompepiernas. Soy amigo de las subidas, generalmente conllevan grandes paisajes, pero cuando el desnivel positivo lo acumulas en rampas cortas, no terminas de rodar a gusto. Bajada rápidas, hoy incluso he batido el record del viaje: 81km/h, pero no son tan rápidas como para llegar arriba, a los pocos metros, debido al desnivel regresas a 5km/h y bajas a plato pequeño y comienzas con el molinillo y se congestionan las piernas. Golpes de riñón, chepazos y llegas arriba, bajada vertiginosa y a por la siguiente cuesta, así todo el día.

A Osorno le preceden barrios de casas bajas y tiendecitas hasta que bajamos al nivel del río y callejeamos entre coches y a ratos protegidos en un carril bici que nos lleva al puente que cruza el río Rahue. Nada más cruzar paramos en una bollería y tomamos dos cafés con pan que tenemos del día anterior y crema de cacahuete. Aprovechamos para felicitar a la madre de Shei y ya con el estómago lleno vamos a por la segunda parte de la etapa.

El arranque se hace pesado hasta que las piernas carburan. Ya estamos sin chaleco ni manguitos, sólo camiseta. De primeras tenemos una subida suave de diez kilómetros y luego iremos bajando hasta Trumao a la manera chilena con subidas. Trumao es un pequeño pueblo que no tiene  ni asfalto, con lo que toca ir por ripio hasta un pequeño embarcadero donde espera una barcaza donde caben dos coches. Ahí está Antonio en la zona de sombra, sentado, esperando a que llegue algún coche. Mientras esperamos nos pregunta de donde venimos y le contamos el viaje y su propósito. No da crédito, “¿en esas bicis, todo?”. Al poco llega una mujer mayor con un coche caro, se le intuye un estrato social alto, se conocen, “no vas a creer lo que han hecho, contadle”, así que repetimos mientras el desencaja con un madero la barcaza de la orilla y enciende el motor para llevarnos. La mujer queda maravillada, nos felicita y saca foto al proyecto, quien sabe si llegará una aportación. Antonio cuando llegamos al otro lado nos invita al paseo por la causa y se despide animándonos.

Desde ahí nos quedan otras dos subidas duras, pero que a estas alturas de etapa ya no las hacemos con la misma soltura, ya hay ganas de acabar etapa y sobre todo sabiendo que nos espera una cama en condiciones. Los últimos kilómetros son de bajada hasta un pueblo que se extiende a las orillas del río Llollehue. Vamos directos por esas calles rectas hasta las cabañas, ahí nos espera Iban, un señor bajito con gorro de vaquero y  bigote. Su hijo Alejandro y él han decidido invitarnos a dormir por la labor que hacemos. Las cabañas están impecables. Charlamos un buen rato con él, es apicultor y ha estado en jornadas incluso en Ucrania. Ha recorrido Europa y a pesar de si presencia humilde es un hombre super interesante. Antes de despedirse nos pregunta si queremos grabar una entrevista para un programa de radio que tiene él, con lo que quedamos para la noche.

Antes de ducharnos nos vamos a comprar algo de comida y entre cocinar, comer y ducharnos se nos hacen casi las 18:00, hoy se nos ha ido el día rápido. Descansamos un poco y antes de que llegue Iban escribo la etapa y trato de editar el vídeo. Hoy andamos lentos. 

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