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ETAPA 167 FRESIA-RIACHUELO

52KM 765+

Dormir en una cabaña y en buena cama supone descanso, pero además si te sientes como en casa, es un extra. El rato que pasamos cenando fue chulísimo. Resulta curioso como personas que no se conocen de nada pueden crear una conexión tan rápida a veces y disfrutar una cena como si llevaran años juntos. La tortilla no fue suprema, pero si digna, así que salvamos el expediente. Todos estamos cansados y nos vamos pronto a la cama.

La verdad es que no madrugamos mucho ya que la etapa es corta y queremos despedirnos de Pamela con calma. Desayunamos un bocadillo de huevo con embutido y aguacate y montamos todo con el cielo nublado y a punto de llover en cualquier momento. Antes de irnos nos tomamos un café con Pamela y charlamos sobre la vida, podríamos estar horas, pero tenemos que salir y nos despedimos con la puerta abierta a futuros encuentros. Chocolatísimo en Fresia ya ha endulzado nuestras vidas.

Salimos abrigados y con el cortavientos, porque hay un txirimiri tímido que amenaza. Tenemos 50km de etapa aparentemente fácil, pero lo que tenemos claro es que todas las etapas vana a tener cuestas duras todo el rato. No hay término medio, sube al 10%, baja, sube al 10%, baja, con lo que es difícil tener medias altas. Eso sí, el cortavientos se cae en la primera cuesta y nos quedamos con una capa y el chaleco. La carretera transcurre por pastos con bosques y a ratos sentimos que estamos por casa, parece la Ultzama. Rodamos a gusto y aunque no vamos a un super ritmo, el tiempo va respetando y eso ayuda. Ir por secundarias de poco tráfico es un placer. Vamos dejando cruces atrás, pero no pasamos grandes pueblos, así que la etapa la hacemos casi del tirón. A media etapa paramos en uno de los altos y se presupone según el perfil que nos ha dado la web, que nos queda la mitad de subidas. El desayuno que hemos hecho ha sido contundente y no tenemos hambre, con lo que después de un trago de agua seguimos casi sin descanso.

La segunda parte es más bonita, pero las subidas son más largas y algo más duras, pero las fuerzas están intactas y vamos charlando calmadamente. La pega es que al no haber arcén tenemos que ir en fila y hoy el viento da de frente y nos escuchamos mal. Que malo es el viento para poder conversar… El en perfil me salía una subida dura para el final de etapa y a falta de 7km nos pega la estocada con rampas del 15%. Lo bueno es que va saliendo el sol y que subir por bosque tiene premio visual. Supongo que saber que la etapa es corta y que queda poco hace que nos sintamos cansados a esas alturas de etapa, pero ya podemos pillar forma para cuando vengan etapas realmente duras.

Desde ahí hasta Riachuelo es una bajada disfrutona. A la entrada del pueblo compramos un poco de pan y nos indican una tienda en mitad del pueblo para la verdura y fruta. Llegamos en el momento que están descargando barquillas y para ser una tienda de pueblo pequeño tiene mucho género y de buena calidad. Sorprende ver la de tiendas que hay por todo, por abastecimiento no hay que anticipar tanto como hemos hecho hasta ahora, sobre todo en África. Ojalá hubiéramos encontrado esa calidad de verdura en esa parte del viaje a final de etapa. Compramos algo para ensalada y charlamos con el dueño. La gente es super amable y nos felicitan por la labor que hacemos.

Poco más allí del final del pueblo está el camping y tiene un cuesto de tierra de regalo que nos obliga a bajarnos de la bici. La bici pesa tanto que cuando se empina mucho, es peor bajarse y empujar, pero a veces es imposible pedalear y nos obliga a empujar primero una y luego la otra. El lugar, el refugio Kurileufu es un lugar para que los ciclistas tengan su descanso. Tiene taller, lavadero, motivos de bicis por todo y muy buenos precios. El sitio es muy acogedor y para las tiendas de campaña tiene unas plataformas de madera que te aíslan del suelo. Parece que no va a llover, así que nos arriesgamos a ponerla y no ponernos bajo un techo que hay comunal. A la tarde a parte de descansar, hacemos la tarea y luego cenamos todos juntos. No habíamos visto un cicloviajero todavía y en ese lugar hay dos venezolanas y un chileno, así que estamos cinco a la vez. 

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