66KM 800+
Primera acampada en Chile, la noche a pesar de estar al lado del mar es fría. Ya durante la cena, tenemos que abrigarnos y nos metemos dentro de la tienda de campaña con ganas. No sabemos si por el frío o por que razón, pero no conseguimos editar los vídeos ni leer un poco, nos dormimos antes de las 22:00. Algo que nos ocurre a los dos durante la noche es que tenemos muchas ganas de mear, antes de levantarnos hemos meado entre los dos tres litros, lo sabemos porque meamos en una botella de litro y medio y hemos llenado dos. Puede resultar desagradable, pero en noches de mal tiempo, donde puede haber animales o que los baños están muy lejos, poder mear en la tienda es una salvación.
Nos despertamos con la tienda de campaña mojada por fuera de la humedad y toda la capa interior también por nuestra condensación. Esta tienda de campaña es más plasticosa y se nota. No conseguimos secarla y tenemos que guardarla mojada. Salimos con perneras y bien abrigados, estaremos a unos 5º. Somos las únicas personas de un camping que tampoco tiene grandes infraestructuras. Es la parcela de un señor a la que ha puesto mesas y un par de baños rudimentarios. Incluso no tiene papel, tienes que llevártelo tú.
En la carretera, el cielo está nublado, lo justo deja asomar los rayos del amanecer. Las vacas pastan silenciosas en las parcelas, por suerte los perros están dormidos, pero lo normal es que salgan a nuestro encuentro. A los 4km paramos en la pasada para tomar un café y calentar el cuerpo. Los dos restaurantes están cerrados y nos compramos unos panes y dos cafés en el supermercado. Nos lo tomamos sentados en unos bancos de hormigón mientras una fila de coches ya espera para subir al ferry. Uno de los hombres que espera para subir andando, conversa con nosotros. Es un hombre solitario, nos habla de los problemas de agua que hay en algunas zonas, llueve mucho, pero el agua está contaminada y hay que cavar pozos.
Tras el desayuno arrancamos, es tarde, son las 10:00 y tenemos una etapa de unos 70km. El primer objetivo es llegar a Los muermos, un pueblo a mitad de camino. La carretera aquí, de momento no ha tenido grandes subidas, pero si tiene toboganes que llegan al 10% con lo que no es fácil lanzar la bici y rodar con ritmo. Además, hace frío y te obliga a ir abrigado, pero sudas rápido, con lo que no llegamos a atinar con la cantidad de ropa que queremos llevar. Seguimos con perneras y cortavientos hasta el km20 de etapa. Ahí ya nos vamos deshojando. Para ser un país tan grande y con tan poca población, parece que haya más, cada poco hay pueblecitos y nos adelantan bastantes coches, aunque se nota que estamos lejos de la Ruta 5 y es tranquila. Ser sábado, seguro que ayuda. El paisaje sigue igual, grandes prados, bosques de eucaliptos y pequeñas granjas.
A mitad de etapa paramos en Los muermos a tomar otro café, ahí el sol asoma de repente y nos quedamos en camiseta. Secamos la ropa mientras comemos un poco de fruta y tomamos el café y descansamos un poco. Los pueblecitos están llenos de tiendas. Algo que me gusta de Sudamérica es que hay muchos negocios locales y generalmente funcionan todos. En España el pequeño comercio está desapareciendo. Tras el descanso seguimos camino hacia Río frío, diez kilómetros suaves hasta La cañita y de ahí hasta un pequeño pueblo desde el que sale una pista de bosque como las que hemos hecho los dos días anteriores. Aquí seguimos por caminos que no se rueda fácil. Pero estamos solos y por un bosque y además hace una temperatura perfecta. La pega es que se nos ha hecho tarde y ya no vamos a comer muy pronto, queremos llegar a Fresia y hacerlo ahí.
Por suerte, la carretera empieza antes de lo que nos decía en navegador y las últimas cuestas son por asfalto. Bosques enormes de eucaliptos y pinos que desprenden un olor intenso. Bajamos hasta Fresia, un pueblo que es más grande de lo que esperamos. Vamos directos a casa de Pamela, que nos ha ofrecido dormir dentro de su casa a un precio razonable. La suerte es que el cliente no ha ido y nos deja la cabaña al mismo precio. Todo está perfecto y antes de acomodarnos nos vamos a la plaza del pueblo a comer. Aquí construyen en damero, calles rectas. La nuestra tiene nombre vasco, Irarrazabal y nos sentimos como en casa. Comemos en un restaurante y de nuevo a un precio razonable un gran menú, sopa, ensalada y una cazuela de alubias con carne enorme. Salimos empachados y satisfechos. Antes de ir a casa compramos la comida de los dos días y ya toca descansar. Esa tarde de nuevo, el cuerpo al ver una buena cama, aprovecha el regalo y se nos hace de noche estando tirados. Antes de ir a la cama recogemos la tienda que estaba secando y a descansar.
Al día siguiente, Pamela nos ofrece llevarnos a conocer Punta Varás, una ciudad en el lago Llanquihue muy turística. Con reminiscencias alemanas en la arquitectura. El lugar merece la pena y agradecemos que nos haya llevado. Pequeñas ciudades en el lago con vistas a varios volcanes, algunos nevados. Gente con piraguas, paseando, en bici, el sitio es idílico. Conocemos un poco, nos invita a helado y nos dice que no quiere cobrarnos, que estamos haciendo una gran labor. La verdad es que estamos muy a gusto con ella. Pasadas las 15:00 regresamos a casa, comemos tarde y esa tarde hacemos la tarea que teníamos pendiente y cenamos tortilla de patata con Pamela. Ha sido un lujo conocerla.