80KM 1050+
La segunda noche en la casa de John y Leslie es más cálida y se nota, nos despertamos mucho menos. Da pena despedirse de un sitio así, con esa energía. A las 7:30 nos esperan para desayunar, John ha preparado su avena con ciruelas que ponen ellos en conserva y con melocotones de su finca. Adereza el momento con una canción en esperanto que habla del muro que son los idiomas y otra que habla sobre los ciclistas. La luz del sol entra por la espalda y crea un escenario de claro oscuros donde su cara entra y sale de la zona de luz, Leslie le mira con ternura y nosotros disfrutamos de ese regalo. Nos da pena despedirnos de ellos, pero la etapa es larga y como siempre hay que dejar grandes momentos atrás. Sentimos que volveremos a verlos o eso esperamos, han sido una inspiración.
Bajamos por el camino de su finca, “Cherry topia”, es un gran recuerdo para nuestra vida. No vamos tan abrigados como otros días y además la etapa, excepto ese kilómetro que se nos atragantó para terminar la etapa anterior, comienza subiendo. Tenemos unos 17km que van picando para arriba y a momentos, con rampas que nos avisan que no hemos estirado en los dos días en la granja. Acumulan cansancio, malos estiramientos y quizá saber que pronto descansaran un buen rato. La primera parte hasta el alto es entre bosques y se nota que llegamos a la segunda ciudad de Tasmania, Launceston, porque hay bastante tráfico y con menos caravanas, es más de utilitarios que van a trabajar. La ciudad con sus barrios es grande y estamos casi 15km atravesándola. Por suerte hay un carril bici que nos aleja un poco del tráfico y justo cuando volvemos a la carretera hay una manifestación por Palestina. Nos acercamos y el hombre con el que hablamos es Palestino, su padre tuvo que salir con la Nakba en el 48 y el nació en Bagdad. Conversamos un buen rato sobre nuestra experiencia en Palestina, sobre nuestra lucha, sobre lo mal que está el mundo y nos ofrece dormir en su casa, pero nuestro campamento está a 52km de ahí y tenemos que rechazar la oferta. El grupo es pequeño, unas veinte personas y todos muy mayores, necesitamos relevo generacional y más gente, sobre todo.
Decidimos parar en un supermercado al final de la ciudad para comer algo y así no tener que tantos kilómetros luego, lo que no sabemos es que hay una subida de unos cuatro kilómetros que se nos hace larga, tenemos bastante hambre y ganas de parar un poco. Salimos de la autovía y callejeamos por una calle curveada. En un momento dado un señor mayor nos ofrece subirnos en su furgoneta hasta arriba, declinamos la oferta, pero luego entendemos por qué. A los 35km llegamos al supermercado, compramos algo de fruta y dos cafés y nos sentamos al sol en un banco. El calor no tiene término medio y tenemos que buscar la sombra de un arbusto para no abrasarnos, aunque hacen 18º.
Nos quedan 45km para terminar etapa con un perfil tendente hacia arriba hasta Liffey falls. Continuamos por una secundaria paralela a la autovía y sigue teniendo mucho tráfico, hasta Carrick no comenzamos a disfrutar de la etapa en ese aspecto cuando nos desviamos al sur dirección Barcknell. Carreteras planas, de campos de pasto amarillos con árboles sin hojas, secos repartidos por todo. Llenos de ovejas esquiladas o por esquilar. Son una especie que parecen peluches. En cuanto nos ven salen corriendo asustadas. Al fondo vemos una cordillera de montañas con bosques, pero de momento parece el típico paisaje que uno imagina cuando piensa en Australia, sólo le faltan los canguros que aún no hemos visto. Hay una larga lista de animales que se quedan pendientes de momento, el demonio de Tasmania, el ornitorrinco, el koala, el canguro, son demasiados cromos imprescindibles que sería una pena no verlos.
Hoy no podía ser menos y todo el día hemos pedaleado contra el viento, da igual si vamos de oeste o de sur, llegamos a pensar que hay una mafia con ventiladores gigantes en contra de los cicloturistas. A falta de 20km llegamos a Barcknell donde hacemos una parada para comer algo y descansar las piernas. El cuerpo pide acabar etapa, la etapa dice que todavía no, la cabeza empuja. En esa parada una pareja joven, ella de Texas, que habla español, el australiano, se acercan a curiosear. Charlamos un buen rato y nos ofrecen dormir en Launceston, segunda casa del día en esa ciudad y de nuevo, con pena declinamos la oferta, seguro que algo bueno nos espera.
Tras el descanso arrancamos hacia Liffeys con las piernas como rocas. Desde ahí la etapa es cada vez más chula, se aproximan las montañas, los bosques, pequeñas granjas y una carretera estrecha casi sin tráfico. Vamos subiendo poco a poco con una montaña a la izquierda entre árboles, con un río abajo, es un lujo terminar Tasmania en plena naturaleza. Los últimos kilómetros son de camino de gravilla, cada vez más empinados y saber que estamos cerca es una motivación enorme. Por fin el cartel del campground anuncia el desvío y vemos una esquidna y un wallabie. El campamento tiene parcelas entre los árboles repartidas por un camino entre dos ríos. Las cascadas están a diez kilómetros caminando, pero serán para otra vez, el cuerpo es feliz de terminar etapa en un lugar tan tranquilo. Aunque estamos alejados de todo, hay muchas furgonetas, campamentos por todo, es increíble la cantidad de personas que se mueven en el mundo campista en este país y es una gozada ver la cantidad de infraestructuras destinado a ello.
Comemos algo nada más llegar, nos aseamos en un río con agua helada y nos relajamos un buen rato en la tienda con el sonido de las cucabaras de fondo y de una guitarra de otro campista. La última noche gastamos latas que tenemos acumuladas, ya que John y Leslie nos han invitado a todo. Cena caliente que se agradece porque baja la temperatura mucho. Cenamos con un wallabie merodeando la zona y con un cielo estrellado espectacular, con lo que nos quedamos sentados con las mantas un buen rato observando las estrellas con el sonido de los arroyos de fondo.