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ETAPA 159 DERBY-LILYDALE

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77KM 1355+

El calor de la cama, la casa, el lugar, Marina y Carlos, todo motiva a querer quedarse más tiempo, pero de nuevo la etapa es larga y dura y los viajes en bici tienen estas cosas, que tienes que avanzar y dejar cosas geniales atrás, pero siempre llegan otras.

Desayunamos al calor de la casa y mirando el paisaje mientras charlamos con Marina, Carlos (de madre española), ya se ha marchado. Marina es artista, esculpe, diseña joyas, dibuja y me quedaría con ella charlando de eso mucho más tiempo. Nos enseña orgullosa su zona de trabajo. Además en mayo va a hacer el camino de Santiago, pasará por Pamplona y nos da pena no estar allí para acogerla e incluso acompañarla.

Salimos tarde, son las 9:00 y es el día del viaje que más abrigados vamos. La etapa empieza bajando y estamos a unos 8º con viento en contra. Nos cuesta entrar en calor y lo bueno es que el hay sol y ayuda a ir templando. Al pasar por Derby, aunque es pequeño, la mitad de los negocios es de alquiler de MTB, de excursiones, hay varias zonas donde hay cientos de caravanas con bicis colgadas detrás. Tenemos la opción de ir dos tramos por senderos y evitar la carretera, pero las alforjas y la estrechez de los caminos, sumado a que nos añaden 10km a la etapa, hacen que sigamos en la carretera.

La etapa es un rompepiernas desde el comienzo. Rampas al 10%, con pequeñas bajadas que no compensan el calentón. Lo que hacen esas subidas es ir quitándonos ropa, pero el problema es que en las bajadas pasamos frío, así que es un día donde gestionamos mal la temperatura. Nos marcamos Scottdale como parada a los 35km para comprar la comida de los próximos días y comer algo. Las piernas van poco, se notan cuatro días de bici, la etapa del día anterior y que el viento nos está desgastando mucho.

El paisaje de granjas, con montañas llenas de bosques y un día soleado ayudan, pero las cuestas van quitando puntos de energía poco a poco. Cuando llegamos a Scottdale, nos quedan aún 760+ en 40km. Comprar siempre lleva mucho tiempo y luego comer algo, entre una cosa y otra son casi las 14:00. No sabemos como funciona el viento aquí, pero el día anterior salimos dirección norte terminando oeste. Hoy hemos salido oeste acabando sur, y durante los dos días el viento ha sido en contra todo el rato.

Desde que salimos de Scottdale, tenemos cuatro subidas como objetivos y todas en los 18km finales. Hasta ahí rompepiernas. Vamos pasando campos de cereal secos con sus pacas circulares gigantes, pastos llenos de vacas y hoy a pesar de lo que nos había dicho Carlos, muy pocos animales muertos, pero seguimos la línea. En esta zona han sido más possums. Tampoco hemos comido mucho, un sándwich y empezamos a tener hambre, paramos antes de todas las subidas. En Australia casi no hemos visto autobuses o transporte público. Eso implica dos cosas, que si eres extranjero y quieres moverte, o alquilas vehículo o tienes pocas alternativas. Hay otra implicación y es que si no hay autobuses, tampoco paradas con sus techos de resguardo y suelen venir bien para parar a comer. En un país donde casi todo son fincas particulares, es difícil encontrar un sitio cómodo para parar en la carretera, luego en los pueblos hay zonas de acampada, pero en esta zona de la isla hemos visto pocas. Así que paramos al lado de unas balas de heno enormes a resguardo del viento y comemos un par de plátanos y cacahuetes con el sonido de las vacas y de la paja al viento.

Nuestro cuerpo pido parar y nos quedan cuatro subidas, una de ellas, la tercera, dura para el momento de la etapa. Con lo que nos vamos animando conforme las vamos pasando, “una de cuatro”, “dos de cuatro”, todas por zona de campos, con sus granjas y por suerte con poco coche. Eso sí los camiones siguen pasando demasiado fuerte, en una de las veces que paro a grabar a Sheila, inmortalizo el momento en el que uno le pasa rozando y de la velocidad tira mi bici por la cuneta. Dan ganas de tener la capacidad de intercambiar posiciones y que sienta el miedo que nos provoca.

La tercera subida, sobre el perfil parece sencilla, pero rampas de hasta el 14% que nos rematan. Desde la cima nos queda una bajada y 8km, parece poco, pero es un mundo. La bajada es disfrutona y supero los 70km/h, y luego toca llanear hasta Lilydale. El entorno entre bosques, montañas suaves es muy chulo, pero nuestros ojos y cabeza están puestos en llegar a la casa de John y Leslie. Hay una zona de acampada gratis con mucha gente y se ve mucha vidilla, pero hoy nos espera un buen sitio, así que para otra ocasión. Llegamos al pueblo y hay varios negocios si necesitáramos algo. De nuevo esa estética de pueblo de película que no pasa el tiempo. Para rematar la etapa nos queda un kilómetro de subida empinada y las fuerzas en Sheila dicen basta y tiene que bajarse de la bici y empujar. Yo tengo ganas de hacer lo mismo, pero quiero llegar montado y continuo, nuestro número es el 81 y tenemos la esperanza que sea de las primeras casas, pero no, parece que es una que se ve en lo alto y efectivamente lo es. Una entrada a una finca con un camino hacia unas casas, un cartel rojo al comienzo “Cherry Topia” y vallas de madera que marcan el acceso.

Por fin llegamos, estamos agotados, nos abrazamos. Viene un día de descanso y el lugar es una granja de una pareja, que da alojamiento ecológico, pero a los ciclistas es gratis. John es un hombre de 61 años, su estética es de motero de choper, cinta roja en la cabeza, una trenza canosa, una barba con una coleta en el mentón, gafas de sol, camisa naranja, tirantes, pantalón de currela y botas. Leslie, su pareja tiene la misma edad, es calmada, agradable, con una trenza y viste como una mujer que trabaja en su granja. Los dos nos reciben con un abrazo y nos muestran donde podemos acampar. Tenemos acceso a un baño con ducha caliente y nos dicen que a las 18:00 nos esperan a cenar. El lugar es una finca con cientos de avellanos, manzanos, melocotoneros, árboles, tractores viejos, un cobertizo con herramientas y la choper de John bajo unas mantas (se insinúa un tubo de escape reluciente bajo ellas), el sitio es especial. Su casa tiene personalidad, son una pareja que tiene mucho mundo, con la cena nos cuentan muchas historias, vidas plenas y con mucha sabiduría que les ha llevado a tener este lugar que tiene mucha energía. En una caseta aledaña hay una moledora de avena y de avellanas que venden en paquetes con su marca.

El día de descanso lo pasamos con ellos, nos invitan a todo, comida vegetariana y conversaciones con mucha filosofía y reflexión, quizá de las personas más interesantes que hemos conocido en el viaje. Sólo podemos estar agradecidos de la experiencia y de la acogida. Durante el día ponemos la web al día y hacemos tareas pendientes que las últimas etapas no nos han dejado hacer. 

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