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ETAPA 157 BICHENO-BEAUMARIS

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65KM 555+

Entre una cosa y otra se hace tarde y al poco de irnos a la tienda de campaña comienza a llover. Meternos debajo de la terraza, aunque esté cubierto, frena poco la lluvia, se filtra entre las maderas y la tienda se moja igual y quizá las goteras suenan más que la propia lluvia. Ya poco podemos hacer así que nos dormimos de puro cansancio.

Al despertarnos sigue un txirimiri pertinaz y en realidad es la primera vez en todo el viaje que nos despertamos lloviendo. Hemos tenido lluvias nocturnas, durante la etapa, desde el hotel donde hemos dormido, pero ni una vez tener que salir de la tienda y recoger todo lloviendo. Por ello nos vestimos y preparamos todo lo que podemos dentro y que quede lo menos posible fuera. Salir de la tienda y montar las bicis lloviendo es más incómodo de lo que parece, ya que muchas bolsas, como la que tenemos para guardar todo lo de la tienda se quedan abiertas. las bicis están mojadas, y todo el campamento va mojado a la bolsa de plástico, pero se ha mojado con la lluvia y da igual que tus bolsas sean estancas, lo metes todo mojado.

Terence, el belga sigue en su tienda, su etapa es corta y con nuestro ruido seguro que está despierto, pero sigue en silencio dentro de su saco. Salimos de la casa y vamos a los baños públicos para hacer las necesidades que no podíamos en casa del warmshowers y de paso tomamos un café caliente para entrar en calor. Estamos bastante mojados y queda toda la etapa. En la cafetería Andy, un australiano se interesa por el proyecto y sin dudarlo nos ofrece casa cuando vayamos a Sydney. Mientras tomamos el café aparece Terence con chanclas y la bici sin equipar porque le ha dado un apretón. La escena es graciosa, y como a nosotros nos ha pasado lo mismo, empatizamos con él.

Salimos de Bicheno con lluvia, no hace frío y tampoco viento, pero obliga a ir con el chubasquero, poco a poco va empapando. El cielo es un cuadro impresionista, nubes enormes con contrastes, niebla y de fondo el mar. La etapa no es muy dura, es un constante sube y baja por una carretera donde nos acercamos y alejamos de la costa. A ratos ha zonas de prados y de vez en cuando por bosques. Los primeros 30km los hacemos más rápidos que el día anterior, y sin embargo se nos hacen mucho más largos. Justo hablábamos de eso el día anterior y lo que influye la lluvia o el frío para que los kilómetros avancen de diferente manera.

El día va pasando por su crisis de identidad, a ratos sol, a ratos lluvia, a ratos nubes y no termina de quedar claro que es lo que quiere y nos obliga a ponernos y quitarnos la ropa varias veces, ya que el sol cuando clarea pega fuerte. Al final hacia los 40km parece que el sol será nuestro compañero definitivo y justo aparece un parking al lado de la playa donde comemos algo y sacamos todo el campamento a secar. Si miras fijamente, puedes ver evaporarse el agua. En cuestión de minutos se ha secado todo y nos quedamos tranquilos para que no coja la ropa ni todo el campamento humedades. Mientras secamos aparece una pareja que viaja en furgoneta, él monitor de esquí, apariencia de surfista y ella profesora de yoga. Aquí la gente se sorprende y pregunta que hacemos, la mayoría admira la labor y muestran interés, pero de momento no se ha traducido en donaciones, quizá un día nos sorprendamos con ingresos desde Australia.

Nos quedan 20km y gracias al sol son más llevaderos, pero ahora pega el viento fuerte y se hacen más duros. Da igual vamos calientes y las vistas a las playas son preciosas. Antes de llegar a Beaumaris compramos algo de comida para los siguientes días y hay un mirador al mar que se llama Shelly así que entramos a comer, son algo más de las 14:00 y es buena hora. Nos ponemos en un banco con vistas a una playa vacía, donde el mar está algo revuelto y hay varios surferos novatos que pelean para pillar sus primeras olas. Las montañas al fondo, las nubes agarradas a ellas, el mar con matices de todos los colores, la vegetación que casi llega al mar, el lugar es una pasada y nosotros tranquilos disfrutando de las vistas. Mucha suerte.

Después de comer, hacemos los últimos 3km hasta casa de Myra, una profesora que nos aloja. Ahora está con su madre, que busca trabajo por la zona. Una casa pequeña, acogedora. Pasamos la tarde charlando sobre los proyectos y reflexionando sobre el mundo. La suerte que hemos tenido con todos nuestros anfitriones es que hemos coincidido en la visión política y eso ayuda a tener un buen rato de charla. Nos preparan una cena riquísima y ellas se van pronto a la cama que madrugan. Nosotros como hemos estado de charla toda la tarde nos quedamos en el salón trabajando hasta las 22:00. 

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