73KM 1180+
Descansamos mejor de lo esperado, la noche tiene buena temperatura y sobre todo nos levantamos sin condensación, sin humedad en el suelo, ni en el aire, a pesar de estar al lado de un lago. Confieso que sigo sin entender porque a veces dormimos en un suelo de tierra y pasa humedad hasta dentro y otras como ayer que dormimos en un suelo de hierba que tiene la pinta de absorber todo el agua del mundo y estamos secos.
De cualquier manera al salir de la tienda empieza a lloviznear y tenemos que meter todo rápido en una especie de refugio que hay en el camping con mesas y una zona para cocinar. Tiene pinta de que lo usan poco porque las mesas están llenas de polvo y cagadas de pájaros. Limpiamos una para poder desayunar. Dentro se refugia un australiano que recorre Tasmania en moto, es mayor y está jubilado, pero se le ve duro como una roca. Nos enseña algún sitio donde acampar gratis, aunque ya tenemos todo bastante perfilado. Se marcha y nos deja desayunando. Filtramos algo de agua de los depósitos de captación de lluvia. Algunos del camping han bebido directamente, pero es un lugar donde se crían muchos mosquitos y bacterias.
Hoy la etapa va a ser dura, 1200+, no sabemos como los vamos a gestionar. De momento comenzamos subiendo y en manga corta porque no hace mucho frío. Los primeros 11km van picando hacia arriba con alguna rampa dura. Cuando llegamos arriba por una carretera boscosa y de curvas estamos los dos sudadísimos. En ese momento llueve ligeramente y hace algo de frío con lo que toca abrigarse un poco.
La bajada da lugar a una zona abierta como si fuera una olla rodeada de montañas, praderas inmensas y árboles. En realidad estamos bajos, pero parece que estamos pedaleando por las montañas de la Patagonia. Hoy nos ha tocado canguro y otra especie de roedor gigante que no sabemos que es, muertos. La cantidad de animales raros que hay en este país es directamente proporcional a la de fallecidos en carreteras. No he visto cosa igual. Aquí un defensor de los animales tiene que sufrir mucho. Da pena ver por primera vez esta especie de animales que llevas toda la vida queriendo conocerlos y hacerlo de esta manera. Esperamos verlos vivos y saltando algún día.
Antes de afrontar la subida dura del día entramos en el parking del Frenchman cap, un trekking de varios días. Es un lujo ver como a lo largo de toda la isla salen excursiones perfectamente marcadas, con cabañas para poder dormir, con baños, también zonas en la carretera con mesas y baños para poder descansar. De vez en cuando carteles avisan de que “la fatiga en el coche es fatal” o “¿por qué no paras un rato?”. El parking está lleno y nosotros comemos algo de fruta antes de los 9km de puerto. Pensamos que va a ser duro, pero es bastante tendido y aunque no lo subimos volando se hace ameno. Además es un bosque super frondoso con muchas especies de árboles, no como en otras zonas donde hay coníferas, eucaliptos o sólo una especie. Cuando llegamos al alto hay tres montañas a la derecha de color rojizo y un paisaje abierto a la llanura a la izquierda. Toca bajar algo y paisaje que muestra parece el de Jurasic park, tenemos la sensación de que en cualquier momento aparecerá un diplodocus por el fondo. Ahí entra la memoria de cosas que nunca has vivido y que la cultura cinematográfica nos inserta en el cerebro. Ir a nueva York y pensar que ya has estado o ver un paisaje y que te evoque cosas que has visto en el cine y que las des por reales. Lo cierto es que el paisaje parece prehistórico, seguro que un geólogo o biólogo me explicará mejor que en realidad es una parte del planeta donde la mano del hombre no ha borrado la historia natural.
Desde ahí pedaleamos por una especie de llanura entre árboles que en su base están pelados y da una escena de película de terror. En uno de las decenas de ríos que cruzamos, su nombre es Navarre, habrá que investigar porqué se llama así y si tiene algo que ver con los navarros. Estamos ya algo cansadicos cuando llegamos a Derwent bridge, el único punto que venden algo desde Queenstown hasta Ouse. Para nosotros cuatro días. Ya llevamos todo y además ahí no venden más que algo de bebida, arroz, cereales y pasta. Tomamos un café y dos helados, aunque hace frío y enfilamos la carretera que va al parque nacional del lago St Clair. Un paseo entre árboles chulísimo hasta el visitor center. Un edificio en mitad de la naturaleza moderno y de madera con una sala de exposiciones y una cafetería.
Pagamos la entrada a los parques por dos meses, 27,5€ cada uno y nos indican donde podemos acampar. Los baños, las duchas y el agua están en ese edificio, pero donde dormimos no hay nada. Las duchas ya están cerradas, así que sólo rellenamos agua. Caminamos por el bosque hasta un lugar entre árboles donde hay tres plataformas de madera para poner las tiendas. El sitio es una maravilla. Los árboles tienen decenas de metros de altura y la tienda parece minúscula. Lo primero que hacemos es comer, luego ir al lago a asearnos un poco, pero el agua está muy fría y no somos capaces de sumergirnos con la brisa que hay y que ya es tarde. Después de la ducha nos metemos a la tienda de campaña porque los mosquitos y los moscardones son insoportables. Pasamos la tarde tranquilos hasta que Shei tiene que salir con chubasquero y mosquitera en la cabeza por la cantidad de mosquitos que hay. Cenamos y a dormir.
Al día siguiente nos despertamos con la calma, como hacia meses que no hacíamos. Desayunamos dentro de la tienda cereales con leche porque fuera no hay quien salga. El parque es enorme y desde ahí sale una ruta de varios días hasta Cradle Mountain donde dormimos hace días. Es una ruta con cabañas y caminos marcados muy famosa, Overlander Track. Nosotros nos conformamos con el paseo del ornitorrinco a ver si tenemos suerte, pero no vemos ninguno. Es día de descanso y no queremos pegarnos la paliza. Aun y todo nos da una muestra del bosque, de árboles enormes, zonas de helechos gigantes, playas, buena carga de baterías para lo que venga. En el visitor center lavamos algo de ropa, comemos y hacemos tarea de oficina. La tarde pasa rápido y nos vamos a donde las tiendas a ver si podemos leer un rato sin hartarnos de los mosquitos feroces.