72KM 800+
Esperábamos una noche muy fría y ha sido de las mejores noches, hemos descansado. Justo al irnos a dormir un todoterreno llega y salen dos parejas y pensamos que van a meter jaleo, pero sólo instalan una tienda de campaña y la que tienen en el techo del vehículo. Australia y países como Sudáfrica, Botsuana, Namibia, Nueva Zelanda o EEUU, tienen una cultura de la expedición o acampada muy arraigada. Hay muchos espacios dedicado a ello y es normal ver un todoterreno aparcado con la cama del techo abierta. En España la normativa es muy estricta respecto a lo que se proyecta del coche para pasar la noche o para para y comer algo. En realidad es un freno al turismo, pero la industria de los servicios piensa lo contrario.
Nos despertamos y desayunamos en silencio, la tienda y el todoterreno están ahí. Hace fresco, pero se aguanta. Nos alimentamos con los cereales y algo de pan con crema de cacahuete. La etapa no será tan dura, pero la dinámica en la isla es imprevisible. Después de dos días fríos, amanece soleado y esta vez el viento juega a nuestro favor. Arrancamos subiendo y pronto nos vamos quitando prendas. Al poco de empezar pasamos por una mina donde las vagonetas de hierro cuelgan por una sierga y cruzan la carretera. Porque estamos en pleno siglo XXI, pero podría ser una imagen de finales del siglo XIX tranquilamente.
Volvemos a pedalear entre bosques la primera parte y nos marcamos como parada un pueblo a 30km, Zeehan. Aunque el comienzo es intenso, nada comparado con lo de hace dos días con 500+ a los 10km. Lo curioso es que en uno de los altos vemos casi todos los montes del alrededor y parece que estamos en altitud y sólo hemos llegado a 230msnm. Tenemos una panorámica de todo y se ven varias líneas de montañas boscosas hacia el norte de la isla. A partir de ahí vamos bajando poco a poco con repechones del 10% al que les vamos pillando el tranquillo. El paisaje se abre de repente para bajar a nuestro pueblo. Un pequeño supermercado, cuatro casas de una planta y algún que otro negocio. Un niño pasa por la acera con el típico triciclo de las películas, luego una banda de moteros con chopers, el del todoterreno con barbas largas, vivimos dentro de un escenario de película. Tomamos un par de cafés y algo de fruta en un par de mesas al sol y seguimos camino hacia Strahan.
A partir de ahora la carretera será algo más aburrida, salvo momentos donde el paisaje se abre hacia las montañas, vamos por bosques que nos limitan la visión. Es paradójico viajar en bici, cuando vas por grandes rectas sin árboles, deseas una sombra y estar entre árboles, pero cuando no sales de ellos, llega un momento en el que te sientes encerrado y deseas que te abran una ventana al mundo. Nunca se está conforme.
En una de las curvas nos cruzamos con un señor de 73 años que viaja en bici, Detlevs Sowoda. Un alemán afincado en Perth que ha viajado desde 1990 por decenas de países en bici. Lleva la bici igual de cargada que nosotros, pero muchos años más. Un hombre canoso, con una barba poblada, piel arrugada y curtida, ropa de bici dada de sí de tantos usos. Nos cuenta todo lo que ha hecho y sus planes de futuro y da envidia la energía que tiene. No sé si seré capaz de afrontar estas cuestas con treinta años más. Además tiene viento en contra. Casualmente ha dormido en la casa a la que llegaremos y nos da un abrazo para Dianne.
Nos queda más o menos la mitad de la etapa y los dos estamos hambrientos y con ganas de los dos días de descanso que tendremos. En mi caso es para escribir el 9º artículo de rumbos, pero nos vendrá bien. El final es favorable por viento y desnivel y rodamos rápido, pero yo creo que Shei tiene mucha hambre, y en su caso eso es un motor muy grande. De repente en un alto vemos el mar. No sé que tiene el agua, que cuando viajas pasar esa colina y atisbar ese paisaje da un tinte de épica, como si hubieras cruzado un continente entero. Me pongo en la piel de los exploradores de hace siglos, tras semanas o meses caminando por selvas y caminos y de repente ver el mar.
Llegamos a otro pueblo pintoresco y antes de buscar a nuestra anfitriona comemos en un local que vende comida rápida un pollo con patatas. Según la señora es para una familia, con hambre, termina siendo para dos. Con el estómago lleno seguimos el curso de la carretera y vamos por todo el paseo hasta la tienda donde trabaja, una galería de arte. Dianne es una mujer de unos setenta años, robusta, con energía, con pelo corto y ojos azules pequeños en una cara arrugada y sonriente. Sale con energía y monta en la bici y nos lleva hasta su casa. Una parcela con un garaje donde tiene dos kayaks y dos bicis. Nos señala donde pondremos la tienda de campaña y su casa. “Mi sistema de seguridad no existe, mi casa siempre está abierta”. He viajado por Nueva Zelanda y Australia y me sorprende que en algunos sitios todo está abierto, incluso las llaves puestas. Algo impensable en España o Latinoamérica donde las casas tienen rejas. Tras una muestra fugaz, se monta en la bici y se va volando al trabajo.
Nosotros aprovechamos para comprar. Al rato regresa Dianne y cocinamos juntos. Ella es una super apasionada del ciclismo, conoce todas las carreras, con lo que la conversación está servida y Sheila nos mira como a extraterrestres. Nos cuenta que tiene un busca porque es voluntaria de la ambulancia que cubre la zona y que puede que se marche en cualquier momento. Cuando comienza a anochecer montamos la tienda y ella se va a la cama que madruga mucho.
Los dos días que tenemos pongo la web al día, escribo el artículo, organizamos el itinerario por la isla, ponemos la bici a punto, arreglamos la tienda de campaña, vamos a la playa, a un concierto y el tiempo vuela. Strahan es un lugar tranquilo, super bonito donde uno podría plantearse retirarse tranquilo.