68KM 1.000+
Efectivamente, la noche ha sido fría, pero con el único saco que tenemos y la ropa la hemos superado. Miedo nos dan las noches a 4.000msnm en Argentina, pero todo a su debido tiempo. Recogemos todo y a pesar de que no ha llovido, tenemos toda la tienda mojada por debajo, la humedad del suelo ha pasado la lona y nuestra tienda. Queda mucho viaje y nos preocupa que la tela ha perdido su capacidad impermeable.
Salimos vestidos con perneras y doble manga larga, seguimos a 9º y el cuerpo tiene la memoria del calor de la tienda. Desayunamos en el refugio del camping, tostadas con crema de cacahuete, cereales con leche y un café caliente. Vemos a la gente entrar abrigada con plumas y la ropa que vestimos se antoja escasa para ir en bici.
Con las bicis vestidas dejamos el camping y el parque atrás, el cielo está nublado y por suerte no hace viento que es determinante para la sensación térmica. De cualquier manera vamos tapados con todo la primera bajada hasta el cruce. Son sólo tres kilómetros que hemos hecho en nueve minutos y que el día anterior fueron un infierno. Qué puntos de vista tan diferentes de un mismo tramo. La pendiente, el frío, la lluvia, el cansancio pueden suponer un muro infranqueable en ocasiones.
Al llegar al cruce comienza ligeramente a subir, lo justo para comenzar a entrar en calor y las prendas se van cayendo como el otoño en las alforjas. La etapa va a ser picando hacia abajo, pero con subidas que irán sumando metros. No pasamos de los 1.000msnm, pero parece que estuviéramos mucho más alto. Cuando pasamos de Georgia a Armenia, estábamos a casi 2.000msnm y parecían los pastos del llano.
El paisaje sigue asolado, con grandes claros y árboles desnudos por el clima. Tras una subida suave de cinco kilómetros bajamos un poco para afrontar las rampas más duras del día a 16% y terminar de calentarnos del todo. Ese será el punto más alto del día desde el que veremos los dos valles. Pero las nubes y el color gris le quitan vida a la vista. Nos abrigamos para bajar y desde ahí comienza un perfil de toboganes que miran hacia abajo en los que poco a poco va saliendo el sol y nos permite disfrutar del paisaje. Hoy además de wallabies en la carretera vemos un par de oseznos muertos. Imagino que estar acampado y ver osos, tiene que ser un susto grande, habrá que andar con cuidado. Me parece increíble poder ver tantos animales diferentes en una misma isla y tan peculiares.
A los 38km hacemos una parada para comer algo y aprovechamos para sacar la tienda de campaña y las lonas. La radiación aquí es muy fuerte, incluso a bajas temperaturas y en cuestión de minutos tenemos todo seco y así nos olvidamos. Cabe la posibilidad de que nos dejen dormir en Rosebery en algún sitio en una especie de albergue comunitario. Con algo de combustible en el cuerpo y todo recogido arrancamos hacia Tullah, casi todo bajada.
Salimos a la carretera principal y el tráfico se intensifica, los camiones pasan muy rápido, quizá los que más. Siguen pasando todoterrenos enormes con caravanas para irte de expedición. Son un poco exagerados, una especie de competición de ver quien la tiene más gorda. Mucha autocaravana de alquiler y furgonetas. Australia es el paraíso para eso. Tengo curiosidad de ver cuanto vale alquilarlas. Otros que vienen para más tiempo, compran, hay un mercado de segunda mano grande y no implica tantas gestiones como en España, vender un coche es como vender un libro, es un objeto simplemente. Así que compran, recorren el país y lo venden al final, con suerte le sacan algo, o por lo menos no se han dejado tres sueldos en el alquiler.
Después de dos bajadas gordas llega un llaneo donde la temperatura sube mucho y sobra toda la ropa, hemos pasado de 900 a 200msnm. El llaneo va pasando arroyos, ríos, pastos, grandes bosques que parecen paredes verdes que van cerrando la carretera. Dejamos Tullah atrás y nos toca la subida gorda del día, 4km al 9%. Lo subimos decentemente y sobre todo la disfrutamos. Una subida sinuosa que sigue el curso de un bosque, sin vistas porque es muy frondoso. La única pega que en una curva un imbécil, por no decir barbaridades baja derrapando el todoterreno y pasa a dos metros de nosotros picando rueda. Si hubiera un lugar en el desierto donde soltar a tanto imbécil, el mundo iría mucho mejor. Unas cuantas curvas más arriba llegamos al alto y a partir de ahí toca disfrutar la bajada. Nos quitamos toda la ropa sudada de la subida, nos ponemos cortavientos y a por Rosbery. Las mismas rampas que hemos subido toca bajar y volamos hacia esta pequeño pueblo. Parece la típica postal americana de casas de madera desperdigadas y una calle central donde hay varias tiendas. En una de ellas hay un centro comunitario donde nos dan algo de comida, agua potable y nos dicen donde podemos dormir. Cabe la posibilidad de ducharnos y hacer lavadora, pero si acampamos no podemos dejar todo solo y desperdiciamos la oportunidad de la ducha caliente. Al salir del pueblo en la curva hay un pequeño parque con mesas y zonas de hierba. Está muy bien y es tranquilo, pero no tiene baños ni agua potable. Así que toca gestionar esas cosas. Hay un trozo hormigonado con un techo de chapa. Aunque la zona de hierba es mucho más cómoda, evitar la humedad de arriba y de abajo es más práctico. El resto de la tarde, escribimos, estiramos, hacemos la cena con unos noodles y unas salchichas que nos han dado en el centro comunitario y nos vamos rápido a la cama que la noche es fría. Nos dormimos con el sonido del río Stitt.