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ETAPA 129 KOGO-NVIAYONG

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87KM 1625+

La mosquitera de mi cama no hace su labor y durante la noche tengo varios momentos de lucha encarnizada y picotazos que me provocan rascarme sin poder controlarlo. Cuando consigo sellar bien, descanso algo más. A las 6:00 el despertador no perdona y tenemos que saltar de la cama y recoger todo rápido, nos esperan a las 6:30 para desayunar. Dejamos todo casi preparado cuando la voz de Daly grita “a desayunar”. Unas tostadas, un poco de café y nos despedimos con algo de energía. Parece que hemos pasado más días con ellas, nos abrazamos con pena de no haber compartido más y esperamos poder coincidir en el futuro con ellas.

Antes de salir de Kogo compramos agua y pan, en principio no tendremos ni un lugar más para comprar hasta Acurenam según Daly. Se nos hace extraño, pero por si acaso pillamos reservas. La etapa inicialmente la planeamos para acabarla en un poblado que sale a 70km y que dicen que se llama Nviayong. Salimos de Kogo y nos sorprende, sobre el mapa parece pequeño y con pocos recursos. La cuestión es que google maps a penas da información de este país. De hecho la carretera por la que iremos ni sale. Nos guiamos por otras aplicaciones y hemos puesto hitos en google maps para ver si vamos en la dirección correcta.

Kogo tiene aspecto de país caribeño. Casas de colores, pero construidas con cemento, una iglesia en lo alto, un parque con bancos, un paseo paralelo al mar, no es comparable a nada de lo que hayamos visto hasta ahora. Una carretera de doble carril nos saca del pueblo y a punto de dejarlo atrás pasamos por la escuela donde dan clase nuestras anfitrionas. Los niños están llegando en ese momento a la escuela. Otro salto cualitativo es que hay contenedores y mujeres barriendo, no hay basura. Comienzan a salir mujeres con cestos a la espalda para ir al bosque. Vamos saludando y por primera vez desde mayo lo hacemos en español. Se hace muy extraño hablar con africanos en tu idioma. Es un descanso mental muy grande. Además a ellos que les saludes en su idioma les hace gracia.

Aunque es una especie de autopista a los dos lados tenemos una selva de las más frondosas que hemos visto hasta ahora. Pronto dejamos la circunvalación y nos metemos en una carretera de un carril que está en muy buen estado, de las mejores que hemos hecho. Tiene unos cuatro años y la hicieron para variar los chinos. Vamos pasando pueblecitos pequeños con sus casas de madera, pero en mucho mejor estado que las de Angola, Congo o Gabón. Nos vamos encontrando con controles militares, pero de momento sólo saludan. A los 20km llegamos a Basile, el desvío que nos lleva a Acurenam y que desparece nuestro mapa. Un cartel indica que quedan 116km. La carretera está impecable, arcén, quitamiedos, señales, sólo le faltan los coches. Guinea tiene pocos habitantes y casi todos están en Malabo o Bata.

Desde ahí comenzamos un espectáculo de etapa. Pura selva, sonidos y con buen asfalto. Lo único las cuestas no bajan del 9% en ningún momento y la etapa es un constante sube y baja al que no estamos acostumbrados por porcentajes desde hace muchos meses. A los 33km vemos a un par de hombres y les preguntamos por Nviayong, el pueblo en el que queremos dormir. Nos confirman la información que nos dio el policía ayer, lo que vemos en el mapa, “a 35km de aquí lo veréis desde la carretera”. Nos da un subidón, todo según el plan y de momento vamos bien de piernas y sólo queda la mitad. Paramos en una caseta vacía que tiene sillas a comer algo de fruta, descansar y seguir ruta.

El perfil continúa con sus repechones, hacemos otros 20km, y la etapa va pasando factura, nos toca una subida de 2km con 150+ que obliga a Shei a bajarse y empujar, incluso se siente algo mareada. La humedad, que no hemos dormido bien, quizá hemos comido poco y que hace tiempo que no le damos a esas rampas, nos sienta en el suelo y abrimos una lata de fruta para meter azúcar. Con algo de descanso y combustible tiramos. Según el plan nos quedan 15km para terminar etapa. A partir de ahí el cuerpo va un poco en picado y cada cuesta cae como una losa. Por lo menos el paisaje compensa y vamos mirando a ver si de casualidad vemos elefantes. Nos han avisado de que hay muchos. Vemos algún mono, pero poco más. A los 66km toca otra subida muy dura donde Shei claudica de nuevo y yo noto que no voy fino. Bajo a buscarla y le ayudo a empujar la bici. Paramos otro poco, comemos algo, pero nos quedan 3km y eso es un estímulo.

Pasan relativamente rápido, pero en a los 70km no hay nada, a los 71 tampoco y cada vez subimos más, hasta que en plena cuesta a los 73km a mi el cuerpo me pide parar a gritos, apoyo la bici y me tumbo en el suelo, me ha pegado tal bajón que me quedo dormido y la voz de Shei a lo lejos preguntando si estoy bien, me saca de ese mini letargo por el cansancio. Tengo un Pajarón de cuidado. Me quedo tirado un rato más y comenzamos a valorar que tocará dormir a la intemperie si no encontramos ese pueblo. Según el perfil, toca subida durante muchos kilómetros y nuestras baterías han dicho basta. Soy consciente de que falta alimento, a priori debíamos estar ya duchándonos y seguimos en etapa. Sacamos pan, nocilla y café. Conforme comemos vamos recuperando y es como la pócima mágica. Un poco más de descanso y recogemos todo. Miramos el mapa y al detalle, parece que nuestro pueblo está a 12km más y con otros 300+. Decidimos con el nuevo punch ir a por él a ver si somos capaces. Además el cielo que ha estado nublado todo el día, ahora amenaza un poco más.

Continuamos con nuestra subida, pero con otro ritmo. Qué necesario es ir comiendo, lo habíamos hecho, pero por lo visto no lo suficiente. Las subidas siguen siendo duras, pero alterna con bajadas y avanzamos rápido, pronto quedan 10, 8, 6 e incluso sale el sol. Tenemos claro que llegaremos a destino. Hace unos meses, dos amigos hicieron estas etapas, lo que hemos hecho en un día, ellos lo hicieron en dos. Nos avisaron que iban a ser muy duras y estaban en lo cierto. Seguimos mirando por si vemos elefantes, pero no hay suerte. De vez en cuando cruzamos ríos caudalosos. La etapa no ha bajado de espectacularidad en todo el día. Y de repente vemos a tres niños, si hay personas a pueblo. Hay una cuesta super empinada que se separa de la carretera. “¿Nviayong?” y lo que nos temíamos ocurre, señalan hacia arriba. Toca un último esfuerzo con la rampa más dura del día al 15%. Shei cede a pesar de ser el final. Yo llego al pueblo y la gente alucina. Saludo a los niños y les digo que baja a ayudar a Sheila, se ofrece López, un renacuajo sonriente que baja sin dudarlo a empujar a Shei. Pronto sale un señor mayor, Nazario que es el catequista y es el ayudante de nuestro contacto, Antonio, el cura. Dejamos las bicis en la casa, pero hay que ir a por la llave y a saludar al jefe del pueblo. Tenemos unas ganas locas de sentarnos, ducharnos y descansar, pero es el protocolo. El jefe vive en la casa más alejada del pueblo. Cuando llegamos nos saludan pensando que somos Ana y Abel, los dos españoles que nos han contado cosas sobre estas carreteras y que por lo visto durmieron meses antes en este pueblo. No sólo nos confunde el jefe, también lo hace el director del colegio y el catequista. Mientras esperamos a que la encargada de la llave regrese de la selva de trabajar, charlamos un buen rato con él y Paulino. El profe nos habla de todas las necesidades. Le digo que si tengo dinero más adelante, que no dude que les ayudaré. También nos cuenta que hay muchos elefantes que se acercan al pueblo de noche y arrasan con las cosechas, pero que no pueden matarlos porque los han decretado animales protegidos. Parece mentira que circules con la bici por estas carreteras y que varias líneas de árboles más adentro haya un zoológico salvaje acechando. Uno pedalea siempre con un pensamiento naif de que está a salvo. 

Con la llave en la mano regresamos a la casa, compramos algo de agua que si había tienda y en el resto de pueblos del camino también. Los niños juegan frente a la casa del cura con una pelota hecha de retales. Aunque tienen los ojos más puestos en nosotros que en el juego. Desmontamos las bicis mientras un niño nos trae un cubo para ducharnos. La casa es de madera, suelo de tierra y tres estancias vacías. Les decimos que dormimos en el suelo con la tienda. Se despiden y nos asentamos. Primero ducha en una lugar con tablas y chapas que hay detrás que sirve de baño a la vez. Luego con pocas ganas editamos y escribimos, pero esa labor acumulada luego da más pereza. Llevamos todo el día sin cobertura con lo que estamos aislados y le pedimos al profe que avise a Antonio de que hemos llegado. 

 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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