66KM 1090+
El lugar donde dormimos está en el sitio más alto de Malele. Desde nuestro porche vemos los camiones pasar de vez en cuando y cuando se van los faros, las únicas luces son las de la fábrica de Brea, que es un foco enorme que molesta y las luces de neón del bar desde el que llega una música muy alta, aún estando lejos. Después de recoger todo nos metemos en la casita. Como no sabemos cómo de seguro es, cerramos todo y el calor y la humedad nos hacen sudar mucho. Estamos cansados y a las 22:30 ya estamos dormidos. No sabemos si la música ha durado mucho, no nos hemos enterado.
A las 6:00 suena el despertador y ya estamos despiertos. La etapa de hoy es dura y no sabemos si la lluvia nos pillará. Recogemos lo más rápido que podemos. Al salir la condensación de la humedad con los pocos rayos de sol que hay crea una atmósfera neblinosa que en el paisaje tropical nos transporta a documentales en lugares remotos. Los niños van llegando a las dos aulas que tiene la escuela, se escuchan sus voces alegres. Mientras recogemos llega Nombo, el jefe del pueblo y se despide de nosotros, se tiene que marchar a trabajar al campo y nos pide que dejemos las llaves en su casa. Salimos sin desayunar para ganar tiempo. Son las 7:30.
Nos despedimos de los niños del cole y una de las mujeres que vive en la casa del director y cruzamos un pueblo que mira a una carretera en subida. Ya hay gente en los puestos de venta de verduras. Algún camión parado y muchos bidones deformados con restos de alquitrán amontonados. Los chinos los sacan de la fábrica y seguro que mucha gente sacará provecho de ellos. En un puesto de madera está sentado Sainho, el chico que nos ayudó la tarde anterior. Nos acompaña a devolver las llaves. La mujer del jefe nos desea buen día y decimos adiós a nuestro joven guía. Comienza la etapa con la llegada de muchos niños caminando por los arcenes de la carretera. La etapa tiene varias subidas, pero la tónica es toboganes todo el rato en una carretera sinuosa que se adapta al paisaje.
Cuando llevamos cuatro kilómetros seguimos viendo a niños uniformados caminando hacia la escuela, algunos no tendrán más de seis años. Una niña va con un vestido de princesa blanco, muy sucio. Es una imagen que vemos muchas veces. Me pregunto donde habrán comprado ese traje, pero me gusta ver como lo lleva con felicidad. No imagino a una niña en España yendo al cole o en su día a día con un disfraz de princesa y menos hecho jirones. Aquí dejas de ver la ropa para ver a las personas.
Las etapas como esta hay que tomarlas con calma ya que van a ser decenas de subidas. Con el peso que llevamos es imposible aprovechar las bajadas que te lanzan, con lo que pasas de dejarte llevar a ir a 7km/h, llegas arriba, te lanzas y otra vez las piernas congestionadas de otra subida. Estamos seguros que estas etapas que tendremos las próximas semanas van a ser las más bonitas de África. La sabana con sus animales y los amaneceres quizá evoquen más África, pero este paisaje que nos transporta a las selva de centro América y Sudamérica, está siendo un lujo. De vez en cuando la vegetación se abre a una panorámica de cordilleras en diferentes planos con las siluetas de millones de árboles de diferentes especies.
De nuevo nos adelantan muchos camiones y autobuses, muchos y pensamos en qué será lo que valga tanto para que los chinos hayan construido esta autopista por la selva. Nos marcamos el alto de la mayor subida del día como primera parada, vamos frescos, disfrutando del paisaje y hace bueno. Vamos a hacer más de mil positivos en 65km con 285 metros como mayor altitud, eso pone en contexto el rompepiernas al que nos sometemos. Cuando llegamos al alto la camiseta está mojada como si hubiera llovido. Va ser el estado natural de la ropa durante muchos días. Casualidad hay un cobertizo con banquetas y les preguntamos si podemos comer ahí. Nos sacan una mesa y compramos plátanos y mangos a una mujer que hay al lado. Por medio euro cuatro y cuatro. Sacamos el café en polvo y aunque está frío, sabe a gloria, pan con nocilla y plátano y ya somos felices, tanto que se nos va una hora en esa parada sin darnos cuenta.
Nos queda algo más de la mitad de la etapa y no vamos mal, pero ya son casi las 11:00 de la mañana. Comenzamos bajando y con la ropa mojada hace hasta frío, será la mayor bajada del día y se agradece avanzar algo más rápido que 15 por hora. Como siempre estás con el dilema de si disfrutar de la bajada o ver el paisaje. El placer acaba pronto y entramos en tramo de toboganes donde Shei y yo pedaleamos como un acordeón, en las bajadas me alejo, le espero algo en la subida, pero pronto me alejo de nuevo, le espero en el alto y de nuevo otra bajada. Así todo el rato, hasta que llega la subida algo más larga y me pongo a su ritmo para ir juntos. De vez en cuando hay sitios donde dan comida para los camioneros y nunca están cuando acabamos etapa. Las casas son de tablones de madera, algunos pintados de colores vistosos. Parece un país caribeño y mi duda es cómo es posible que todos estos lugares tropicales tengan la misma esencia en diferentes continentes y culturas.
Cuando pasamos por pueblos no damos tiempo al silencio, directamente saludamos y desde los árboles, la sombra de las casas llega una contestación efusiva. Pero nos encanta ver como un rictus serio cambia de golpe con un simple saludo y de repente una sonrisa enorme. Vamos muy bien y paramos menos que el día anterior, lo justo algún sorbo de agua. Nos quedan cinco kilómetros y en el último alto del día, hay varios puestos de venta de comida y mercadería. Hay manzanas y plátanos y paramos a comprar unas pocas para meter fruta. En ese momento tímidamente comienza a llover y en segundos nos tenemos que refugiar bajo el techo de uno de los puestos. Cae el diluvio. Chorretones de agua crean una cortina desde el tejado. Nos hemos calado. Aprovechamos para comer dos trozos de pescado seco con pan y unas galletas. Ya que tendremos que esperar buen rato, por lo menos salir comidos. Cuando parece que para, recogemos rápido y le pagamos los refrescos, el pan, las galletas y las manzanas, algo menos de 4€, le pagamos con un billete que equivale a 14€ y me devuelve de más. Son muy malos haciendo cuentas y es muy habitual. Cuando le devuelvo lo que corresponde se le alegra la mirada y me da muchas veces las gracias.
Nos queda poco para llegar, casi todo bajada y de nuevo comienza a llover. Asumimos ese estado y pedaleamos hacia Pounga. El pueblo es más grande de lo esperado. Hay varios puestos de venta de comida y supermercados pequeños. Mucho jaleo con bares, donde no se ve a las personas porque están oscuros, pero se escucha la música y el sonido del cristal de las cervezas. Compramos algo de agua y subimos por una cuesta de gravilla hasta la iglesia. En comparación con el día anterior, es desproporcionada. Tiene hasta naves laterales. Por fuera parece abandonada, al lado hay una edificio con tres cuartos y al fondo una casa de madera con varias puertas con porche que da a la carretera. Sale un chico joven, Daniel, que estudia para seminarista y también el padre Vienne. No duda en dejarnos una de las aulas vacías para poder poner la tienda de campaña. El sitio tiene luz y espacio para extender todo lo que tenemos mojado, aunque sabemos que no se va a secar porque no hay sol y sigue lloviendo.
Daniel ha aprendido Italiano y su idea es ir a estudiar a Italia para ser padre. Nos ofrece ducharnos en la casa, nos da un cubo de agua fría y con eso nos aseamos. Aunque veníamos mojados y con la sensación de limpios, el hecho de pasar agua por el cuerpo, un poco de jabón es un placer y un lujo. Sheila se dispone a bajar al pueblo a comprar verduras y Daniel viene con berenjenas y tomates y nos los regala. Son muy amables.
El resto de la tarde la pasamos escribiendo, estirando, nos acercamos a ver como dan misa para diez personas en una iglesia donde cabrían cientos. Aun y todo, las pocas personas que hay cuando cantan llenan el lugar con su energía. Es bonito ver como viven las religiones en cada sitio. La iglesia por dentro está en mejor estado del esperado. Es de ladrillo rojo, con juntas blancas, arcos apuntado y el techo es de chapa, con lo que la lluvia repiquetea todo el rato.
Cenamos pronto y nos vamos a la cama a ver si al día siguiente no nos llueve mucho para ir a Dolissie.