39KM 120+
Amanecemos en Massabi, la lluvia golpea el tejado y nos tememos un día bajo el agua, no contábamos con él. Pero mientras recogemos cesa y sólo quedan los charcos. Antes de salir escuchamos canciones de misa, son siete personas, en una iglesia sencilla, casi vacía. Todo el recinto está en construcción.
Estamos a un kilómetro de la frontera, los pueblos fronterizos suelen ser de mercadería. Aún está todo cerrado, lo único motoristas que se acercan a la verja para hacer viajes de ida y vuelta y muchos alumnos que cruzan al Congo. Cuando abren, un chico nos pregunta para cambiar dinero, pero ya tenemos. Nos acompañará en todo el proceso de sellar el pasaporte. Nos dice que esos alumnos pasan al otro lado para aprender francés y del otro lado vienen para aprender portugués, nada tiene que ver con que haya una escuela mejor en un lado u otro, son igual de malas. Esta frontera es muy latosa, aunque te marchas te piden fotocopias de pasaporte y fiebre amarilla, que por suerte las hemos anticipado, aunque no tengan sentido. Para sellar nuestros pasaportes, aunque somos los primeros invertimos cuarenta minutos.
Pasamos al otro lado y más vale que nos acompaña el chico, primero inmigración, luego en un cuarto trasero imposible de encontrar, la interpol y luego a la policía para que apunte nuestros datos. Terminadas las gestiones ya estamos en Congo, nuevo idioma, francés, nueva moneda CFA. Estaremos con los dos el resto de países, así que bien. Desde el primer momento vemos taxis azules y blancos, en coche, monovolumen y furgoneta, cientos de ellos. La frontera está llena de gente, muchos negocios, suciedad, se nota algo de cambio, pero da la sensación de que hay menos pobreza. La gente sigue siendo igual de amable y no paramos de saludar a todos.
Compramos algo de pan, que ahora vienen en barras, por 30 céntimos, dos. Saldremos de la influencia de la frontera y en cuanto encontramos algo tranquilo paramos a desayunar. La carretera por momentos está llena de tierra, de baches y es la parte buena. Hay muchos puestos de venta de mangos, de gasolina en botellas. Los últimos días las gasolineras estaban cerradas. A la sombra de un manguero nos comemos un bocadillo de nocilla que nos remonta para afrontar el calor con humedad. Hoy llegamos a Point Noire y es una ciudad importante, muy extendida, tenemos 20km en los que paulatinamente crece el tráfico, las casas, los ruidos, los baches, así que toca un poco de estrés.
Necesitamos una tarjeta de teléfono para poder contactar con el alojamiento. En un mercado enorme hay cientos de puestos de madera, sombrillas, coches motos, polvo. Bajo una sombrilla de airtel nos hace el chico la sim. Foto al pasaporte, teclea en su teléfono de botones y me mete datos. Por cuatro euros 6gb una semana. Mando el mensaje y ya estamos en contacto. Queremos comprar bolsas de basura grandes y un cepillo para quitar el barro, lo que se viene será duro y hay que tener herramientas para tener la bici lo más limpia posible.
Con todos los recados hechos toca buscar el hotel, nos quedan 15km de ciudad, con tanto coche en mal estado tragamos mucho humo negro. Por momentos los carriles son anecdóticos y hay varias filas de coches que no dejan paso ni a las bicis. Avanzamos como podemos pero por fin llegamos a la calle donde está el hotel, es una zona industrial a 2km del centro. Ubicamos las bicis, vamos a comer algo y comprar algo de comida para los dos días. Nos habían avisado de que era una ciudad muy cara, sobre todo si vas a un supermercado de calidad. Pero un yogur de litro 9€ supera nuestras expectativas, compramos lo justo para comer algo sano antes de afrontar etapas de latas de sardinas y alubias. Regresamos a casa donde pasaremos dos días ya que tengo que mandar el 7º artículo del viaje y sólo tengo un día con cobertura.
A la noche hay un corte de luz y el negocio debajo de nuestra habitación enciende el generador que parece que dormimos con él. Bajamos a recepción para decirle que así no podemos dormir y él dice que es un compresor pequeño, así que le decimos que suba a nuestra habitación para escucharlo, cuando entra alucina y suelta una exclamación. “mañana os cambio de cuarto, ya lo siento”. Hasta las cinco estamos con el ruido, con lo que el descanso no es muy bueno.
Al día siguiente resolvemos todas las cosas, enviamos artículo, limpiamos bicis, editamos vídeo y al anochecer de nuevo se va la luz y escribo a oscuras estas líneas, el compresor se escucha menos, pero se escucha. Congo nos espera.