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ETAPA 113 CABINDA-MASSABI

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98KM 955+

Durante la tarde anterior, Joao, el sobrino de la hermana Berta nos ha arreglado el aire acondicionado. A pesar de haberle dicho que no era necesario, ha insistido porque quiere que estemos bien y no pasemos calor. Así que a la tarde el aire sale siberiano, está puesto a 18º y no encuentran el mando, no hay termino medio, o te congelas o te achicharras, con lo que escribo con una esquizofrenia térmica. Pasamos un día muy bueno con las tres hermanas, nos enseñan la escuela que es mucho más grande de lo que pensamos y lo cierto es que, aunque está muy bien, necesita un empujón. Tienen 2600 alumnos. El puesto de salud está abandonado y necesitan dinero para volver a ponerlo en marcha. A ver si en el futuro encuentro una partida para ello. A la noche cenamos todos y nos despedimos con unos trozos de tarta que hemos comprado y les alegran el día. Que difícil tiene que ser vivir toda la vida en un centro religioso con tu pequeño cuarto y con pocos extras y excesos. En comparación con la mayoría de la gente de África están muy bien. Encuentran el mando y lo codificamos, ya tenemos una temperatura normal, pero a las 23:00 se va la luz y todo el esfuerzo se va al garete. De todos modos no dormimos mal.

A las 7:00 estamos desayunando con Quiteria, la madre superiora, las otras dos están en misa. Nos sacan espinacas y sardinas, no apetece mucho, sobre todo porque el menú del medio día eran sardinas, pero hacemos aprecio. Montamos las bicis después de tres semanas y da la sensación de que pesan mucho más. En el pesaje fuimos conscientes de que llevamos 64kg y 54kg de bicis. Son las 8:00 al arrancar y hace mucha humedad y la sensación de calor es tremenda. Nos han dicho que quizá dormir en mitad del camino no sea muy seguro por la guerrilla que lleva décadas. La provincia de Cabinda no se siente de Angola, pero les impusieron pertenecer desde 1975 y desplazaron miles de soldados para poner orden. Hay varios grupos paramilitares como el FLEC. Nos sugieren ir hasta Massabi que hay un cura que nos acogerá y estaremos seguros, pero son 100km y 1000+, para retomar y encima con ese clima, quizá sea muy dura, pero nos marcamos llegar.

A esas horas Cabinda ya está en marcha y como siempre hay muchas motos. La gente nos saluda y son varios kilómetros por ciudad y antes de salir hay una rampa al 10% que nos pone en nuestro sitio. Ya hemos visto que el perfil de la etapa tiene 50km con rampas más duras y luego suaviza algo. Al comienzo de la etapa vamos costeando y nos acercamos y alejamos como un chicle del sonido del mar a discreción del ingeniero civil que construyó la carretera. El paisaje ha dado un cambio brutal, hemos pasado de las sabanas, de los caminos de baobabs a una jungla frondosa. La humedad es enorme y no paramos de sudar. Cuando llevamos 25km hemos hecho un tercio del desnivel. No es mucho, pero nos está costando mucho.

En cuanto salimos de la influencia de la ciudad, es casi todo vegetación y pequeñas poblaciones una seguida de la otra. A los 35km paramos en Malembo, tenemos necesidad de un refresco, por el frío y el azúcar. Un pequeño bar con mesas de plástico, una barra de hormigón y varias botellas sobre una estantería y en el arcón. Hay una mujer local que en breve irá a Portugal y charlamos un rato con ella. Si fuera final de etapa habríamos dormido en su casa. La parada y el refresco nos han venido muy bien y nos lanzamos a por los siguientes 35km. Pero las rampas con desniveles se nos atragantan y Shei cada vez se queda más lejos en las subidas. Lo bueno del día es que es soleado y el paisaje nos transporta al caribe, a Costa Rica y otro lugar que de momento no nos recuerda a África, por lo menos la que hemos vivido en todos nuestros viajes. Durante todo el camino hay puesto de madera con mangos amontonados. Es época de mangos y los árboles están rebosantes. Todas las ramas llenas de frutas verdes. Quizá falte un poco para ver mangos y mangos por el suelo como nos ha ocurrido en otros países. Todo el rato ves a niños con un mango en la mano comiendo. Este mes y medio por lo menos tienen comida gratis y rica. Después de Malembo llegamos a Cacongo y nos separamos del mar bruscamente. Nos recuerda a una ciudad del caribe totalmente abandonada. Las casas de cemento se caen a pedazos y la pintura ha dado paso a unas manchas negras por las intensas lluvias que caen de vez en cuando.

A los 21km tenemos que parar, el cuerpo nos pide comer algo y parar un poco. La etapa se nos va a hacer más larga de lo esperado. De las rectas inmensas que hemos tenido hasta ahora pasamos a una carretera sinuosa de subes y bajas, entretenida a la par que exigente. Después de Cacongo hemos tenido ratos de camino de tierra y al cruzar un río grabo porque ver tanto caudal y vegetación es llamativo. Al otro lado del puente salen dos militares que me piden ver el vídeo, está prohibido grabar los asentamientos. Se quedan tranquilos. Es zona donde hay desplegados muchos soldados y paramilitares, quieren independencia. Son muy amables y seguimos camino. Al rato el camino se bifurca y dejamos un camino de tierra y seguimos por carretera hacia el norte.

Aunque tenemos ganas de parar, nos marcamos llegar a los 80km. Esta vez la carretera es más suave y se agradece, pero estamos cansados y empapados, no hemos dejado de sudar un segundo, hacía mucho que no teníamos esta sensación. Cuando llega el kilómetro ochenta hay una casetilla de madera y nos sentamos debajo de un árbol a comer un par de bollos con pate. Al rato llega un hombre y nos da conversación y otro sale con AK-47. Nos pregunta que hacemos y nos hacemos los longuis, como si no viéramos el arma y somos muy amables. Le contamos que estamos haciendo y se queda tranquilo. Nos pide dinero 5 céntimos de euro!, pero el otro le dice, no nos hace falta, déjalos marchar y nos vamos ligeros para que no se arrepientan y pregunten más cosas. Nos quedan 20km de subidas y bajadas hasta Massabi. Se hacen largos, pero con el alimento y saber que terminamos ya es otra cosa. Hay momentos que la vegetación invade la carretera y casi la deja en un carril. Por suerte la mayoría de camiones ya han pasado hacia la frontera y hace rato que vamos tranquilos. Todo el día hemos estado saludando a la gente de los pueblos. Los niños especialmente hoy, se entusiasman de vernos y saludan con efusividad, corren a nuestro lado y sonríen. El día ha sido muy bonito.

Por fin llegamos a Massabi y nada más entrar hay un edificio que parece nuevo, no tiene campanario, pero me da la sensación de que es la iglesia. Preguntamos si ahí está el padre diocesano y nos dicen que sí. Entramos y es un chico muy joven que nos acoge en unas instalaciones bastante nuevas. Son cuartos, que quizá en el futuro sean aulas. Ahora están vacías y pondremos la tienda de campaña para dormir. Compramos agua, cambiamos los kwanzas que nos quedan, con pérdida pero el cambio al otro lado será peor. Nos duchamos y el resto de la tarde volvemos a la rutina de la bici, estirar, escribir, cocina y caer rendidos a la cama. El padre nos regala dos refrescos y se hace una foto con nosotros. Es muy amable y antes de irse a dormir nos despide en castellano. 

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