Saltar al contenido

DSCHANG

DIEZ DÍAS DE COOPERACIÓN

El día anterior entre accidente y que cenamos con las hermanas a las 19:00 de la tarde porque tienen la misa del gallo, nos vamos a casa pronto y con el cuerpo molido del estrés caemos dormidos a las 21:00. Despertamos en 2026, los caminos siguen teniendo el mismo polvo, cuatro niños juegan a bajar la cuesta con una moto pinchada y la mujer del puesto de naranjas sube para vender cada una por 0,15 céntimos de euro, nada cambia. A las 7:15 de la mañana estamos sentados con todas las monjas para el primer desayuno del año. “Bon Anne, bon Anne”, abrazos, sonrisas y estrenamos el año con sonrisas y buenos deseos.

Por delante nos queda una especie de día de la marmota en dos calles de Dschang, ya que vivimos en el alto de una cuesta de tierra y toda nuestra actividad se desarrolla ahí. Durante el primer día organizamos todas las actividades que haremos a lo largo de los diez días que estaremos con ellas. Ha sido nuestro proyecto más ambicioso desde que comenzó Y os lo cuento y la verdad que estamos muy orgullosos. En la congregación viven ocho hermanas, seis camerunesas, una española y una brasileña. Con las que conectamos más son con las dos últimas, por idioma y por cultura. La española, María Pilar es como nuestra abuela, con 90 años a las espaldas y más de cincuenta en África no ha perdido un ápice de memoria ni energía. Da gusto charlar con ella. Ángela, la brasileña es la superiora, su sonrisa sincera es contagiosa y te llena de felicidad verla. Aunque no somos religiosos, vivir la realidad de África a través de unos ojos abnegados y generosos como los suyos es un aprendizaje.

El primer día vamos preparando las bicis, lavando ropa y material para dejarlo listo para el próximo destino. Las bicis las resetearemos cuando aterricemos, ahora sólo queda ver el destrozo y dar gracias por estar bien. Nuestros horarios se adaptan a las hermanas y pronto estamos en casa cada noche.

El segundo gestionamos el viaje a la Douala y sobre todo, bajamos a la policía para poner la denuncia del accidente con la esperanza de que conozcan al camionero y se haga algo de justicia. Toman nuestros datos en un cuaderno a boli, nos piden que les mandemos las fotos del camión y las bicis por whatsap y no nos dan hoja. Todo es demasiado básico y poco profesional, aunque aseguran que lo encontrarán y se les ve indignados. Damos nuestros datos y nos vamos con esperanza. Al salir aprovecho y me rebajo la barba en un coiffeur. El espacio es una caja de madera, con paredes de chapacumen, muy precario donde una mujer lava pelucas en la entrada y por menos de un euro, un chico me quita un centímetro de barba acumulada para protegerme del sol e imponer más en los controles policiales. Tras la experiencia local regresamos a nuestro refugio en el alto.

El tercer día llega el resto del equipo, Lide y Andoni, dos voluntarios que estarán en el centro de la esperanza y en el hospital durante la siguiente semana. Es la primera experiencia fuera de Europa de Andoni y todo es nuevo para él. El primer día charlamos hasta tarde y nos vamos tarde a dormir.

El domingo inauguramos el primero de nuestros proyectos, el pozo del orfanato Mia Mo´o que dirige Marie, una señora mayor con 35 huérfanos en una casita cerca del embalse. Un muro blanco teñido del polvo rojo del camino y un cartel oxidado reza el lugar. En realidad en esta época del año, todo está cubierto de polvo, es como un paisaje nevado que cubre todo, pero en este caso es de rojo. Imagino que todas esas plantas en época de lluvias reverdecerán pero los caminos estarán impracticables. Nunca llueve al gusto de todos, en este caso, nunca mejor dicho. En el orfanato nos esperan todos los niños sentados en sillas en el patio y cantan nada más entrar. Nos leen una carta de agradecimiento donde a la vez nos sugieren futuras necesidades. Guy el constructor y Amadou el electricista nos explican lo que han hecho, profundizar hasta encontrar agua, cambiar los aros, instalar un depósito, poner la bomba y los grifos. Antes el agua salía marrón y contaminada por los aros de metal, ahora sale limpia y potable. Les hemos cambiado la vida y nos regalan collares de plástico que aceptamos como si nos colgarán una medalla olímpica ansiada por un deportista. Nos enseñan el orfanato, tres habitaciones con ocho camas donde duermen 35 niños y niñas. Las paredes dentro son oscuras por falta de luz, pero no disimilan la suciedad de los años y la falta de recursos para mantenerlas. En una sala hay una pizarra donde repasan las tareas a las tardes y una cocina sencilla donde cocinan para todos. Mucho hace Marie para sacar adelante el centro. Tras el paseo nos dedican varios bailes que han ensayado para nosotros y nos sumamos al último.

Nos despedimos porque tenemos que ir a inaugurar el pozo de Banki que también hemos arreglado. Nos esperan 14km de camino muy roto por montaña que nos llevan una hora. Vamos dando bandazos dentro del coche y durante el camino vemos pueblitos esparcidos por toda la subida. Varias casas de jefes que demuestran el poderío, mucho secadero de café, es zona cafetera y época de recolección. Llegamos al terreno que uno de los jefes cedió a las monjas en su día y ellas construyeron un pozo que se corrompió. Nosotros lo hemos arreglado y la idea es conocer a las personas beneficiadas, pero no hay nadie. Todos están en el campo. Al final, después de mucho esperar aparece un hombre y quedamos con ellos para el sábado siguiente. En total perdemos tres horas con el regreso.

El lunes comienza una semana de cooperación, lo primero son los rezos que hacen al inicio de la semana el personal sanitario. Cantan, tocan los tambores y proyectan lo mejor para la semana. Es interesante ver como viven la religión y como se mezcla con lo laboral al llevarlo unas monjas. Nos presentamos y nos dan un tour por el hospital. Cada uno va a su puesto y yo empiezo a sacar imágenes del hospital, de maternidad, entrada y curas ese día. A la tarde les montamos y enseñamos el manejo de las incubadoras. Están muy contentos, sobre todo Sandrine la responsable.

El segundo día me ofrecen grabar las cirugías durante la mañana y dentro de la precariedad, el quirófano está bien equipado. Increíblemente me dejan tomar planos y veo como extraen un nódulo en un testículo, interesante, pero no muy mostrable, los planos están calculados para no enseñar nada. La cirugía que más llama la atención es la cesárea a una niña de 14 años que probablemente ha sido violada. Cuando le ponen la anestesia epidural, tiembla, de frío por el aire acondicionado, de nervios, de pensar por qué ella está ahí. En una intervención rápida veo como estiran las pieles de la tripa y sale una niña que a los pocos segundos saca un llanto que nos tranquiliza a todos. Se la muestran a la madre y la llevan rápidamente a la sala de maternidad para limpiarla y medirla. Ha sido mi primer nacimiento y ha sido muy bonito. Esa misma tarde edito el vídeo y se lo mando a los cirujanos que se quedan sorprendidos y agradecidos. Esa misma tarde el cirujano de oftalmología me llama para que al día siguiente grabe la suya.

El miércoles me toca oftalmología, un niño tiene una herida en la cornea y le tienen que meter una lente en la córnea. De nuevo disfruto con la oportunidad y los médicos felices de verse en acción. Esas tardes aprovechamos para darles talleres de RCP, de higiene postural y de copas menstruales. Asiste bastante gente y pensamos que ha sido útil.

El jueves toca conocer el proyecto de la cantina que lleva María Pilar, es un comedor que alimenta después de la escuela a niños sin recursos. Tres de los hermanos llevan a la hermana pequeña porque no están los padres en casa, en principio no hay comida para ella y llora desconsoladamente. La monja debe mostrar autoridad porque si no el resto hará lo mismo. Le pide esperar y si no vienen todos los alumnos, le dará de comer. Por suerte esa mañana no vienen todos y la niña come con ansia, igual que el resto que devora el plato con hambre de verdad. De paso se les reparte ropa que han traído los voluntarios y los niños están felices. Después de eso inauguramos las placas que hemos instalado en ese centro que dan luz a las neveras para que no pierdan la comida. Los cortes de luz son habituales y en cada regreso de luz la factura se dispara. Las monjas están hartas. Hemos acabado con esa factura y con la pérdida de comida.

El viernes despedimos a los niños del orfanato que esta vez nos dedican bailes tradicionales y es un espectáculo. Se disfrazan con faldas y sonajeros en las piernas. Uno toca unas especie de txalaparta en el suelo y el resto con diferentes herramientas e instrumentos bailan alrededor de él. Tienen mucho ritmo y muestran orgullosos su cultura. De ahí vamos a la policía para ver si saben algo, y ni siquiera habían abierto denuncia, nos mandan a la gendarmería donde tenemos que abrir de nuevo el proceso. Estamos tres horas porque escriben muy lento y al final la monja nos confiesa que lo hacen así para que les demos dinero. Nosotros aguantamos estoicos y la pega es que justo cuando van a imprimir se va la luz. No tienen gasolina para el generador y el policía se marcha en moto con el ordenador en el sobaco para imprimir la denuncia. Al final regresamos desesperados y con ganas de cenar.

 

El último sábado vamos de nuevo hasta Banki y aunque hay algunas personas, debido a un funeral hacemos una inauguración en petit comité. Hacemos la foto de rigor y nos agradecen de corazón el agua potable y ahorrarse caminar kilómetros hasta el río. El fin de semana lo rematamos organizando equipajes, bicis a las cajas y el regreso a Douala para volar cada uno a sus destinos, unos a España y nosotros a Australia. La última cena las hermanas nos preparan un buen menú e incluso compran pastas. Nos regalan bolsos y recuerdos para que no las olvidemos y nos vamos a la cama. Al día siguiente nos esperan más de 54 horas de viaje y muchos obstáculos hasta Melbourne, pero eso es el siguiente capítulo. 

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial