2 trecks, 28km
Desde que llegamos a Melbourne hasta que volemos a Chile tenemos once días de “descanso”. Nuestro plan inicial era pedalear desde Melbourne a Syndey, pero los fuegos lo cambiaron todo. Tener un billete de tren comprado para regresar y querer conocer Sydney nos “obliga” a querer ir a la ciudad más grande de Australia. Pero le añadimos una excursión a las Blue Mountains. Así que el 18 de enero nos metemos en un tren nocturno que nos lleve desde una ciudad a otra. Ya nos han avisado de que es un viaje largo y pesado. Casi todos los viajeros son turistas, la gente local no viaja de esa manera, lo hace en avión. Nuestro presupuesto es bajo, así que nos metemos en el vagón D y vamos a por los asientos 25 y 26. Llevamos comida para cenar y desayunar, se supone que llegaremos a las 6:45 del día siguiente, pero el tren llega tarde desde otra ciudad y la brigada de limpieza tiene que dejarlo a punto. Salimos media hora tarde y entramos ya con ganas de cenar y dormir. Lo primero lo hacemos fácil, tenemos hambre, lo segundo, no tanto. Los asientos son incómodos y por alguna razón no dejan poner una postura decente para conciliar el sueño. Así que la noche se hace eterna. Para colmo el tren se pierde en el camino y llegamos casi dos horas más tarde a Sydney. Sin salir de la estación nos metemos en un tren que va hacia Katoomba, en plenas Blue Mountains. 16 horas más tarde llegamos a una pequeña ciudad entre bosques. Ahí tenemos un alojamiento de warmshowers, la casa de Alison, una masajista de 65 años que viene para abrirnos la casa. La casa es grande y todo está super desordenado, si alguien entra a robar se la deja mejor seguro. Una vez ubicados en la habitación, nos vamos directos a hacer la primera excursión, desde las tres hermanas hasta Leura.
Estamos bastante cansados, pero si paramos caeremos rendidos, así que no escuchamos al cuerpo y nos vamos a un mirador atestado de turistas. Es un lugar al que mucha gente va desde Syndey para ver las vistas de los tres mogotes de piedra y todas las cordilleras de bosque que se extienden hasta el infinito. El paisaje es espectacular. Lo bueno es que los turistas no caminan más de 500 metros y en cuanto salimos un poco de Katoomba ya nos encontramos solos caminando por un sendero entre árboles. Todo está super cuidado, bancos de vez en cuando, miradores, y senderos bien marcados que nos aíslan de lo urbano a pesar de estar a cientos de metros de la ciudad. Hay varias zonas con cascadas y parece que estamos en plena selva. De vez en cuando nos cruzamos con turistas, pero nada que agobie. Comemos en uno de los miradores nuestras latas de atún con pan y seguimos camino hasta una de las cascadas que tiene cientos de metros. Hay alguna manera de bajar hasta donde rompe, pero queremos descansar de la bici y nos conformamos con verlas desde arriba. Podemos estar decenas de kilómetros por ese sendero, pero marcamos como final la piscina de Siloam, otra cascada que si no supiera que a cien metros en línea recta esta Leura, pensaría que estoy en la selva de Ecuador. Salimos a la urbanización que está encima y caminamos hasta el centro. De nuevo todo está atestado de gente, en su mayoría asiáticos. Es un destino muy habitual, todos los restaurantes y tiendas están llenas a pesar de los precios tan caros. Tras 13 km de caminata regresamos en Tren a Katoomba y vamos al supermercado para comprar la cena y a casa de Alison. Allí cocinamos con ella y cenamos los tres juntos. Es una mujer super interesante, aventurera y que viaja mucho en bici. Para su edad se le ve muy fuerte. La idea es ir a ver el atardecer, pero el cielo está nublado y nos quedamos conversando en casa hasta que nuestros cuerpos nos piden cama, que es pronto.
Al día siguiente amanecemos pronto, Alison nos hace el favor de llevarnos al comienzo del paseo del Gran Cañón, pero tenemos que salir rápido de casa. Desayunamos bien y nos lleva con los parabrisas limpiando la luna del coche. Mucha niebla y llovizna que nos impiden ver las vistas del gran cañón desde el mirador. Nos conformamos con bajar y pasear por la parte de abajo y lo bueno es que el tiempo hace que estemos casi todo el rato solos. Una gran escalinata nos baja cientos de metros hasta la base del río. De nuevo un paseo muy cuidado, pero en armonía con la naturaleza, los escalones de piedra, barandillas de madera y gracias a la vegetación abundante no parece que haya mucha intervención humana. El día anterior nos quedamos asombrados de los grandes bosques de estas montañas. Antes de venir a Australia tenía una imagen del país más cercana a grandes pastos con vacas, árboles pelados y desiertos, pero hemos descubierto un país con zonas muy frondosas. Esta ruta parece la jungla, si la enviará a mis contactos y les preguntará donde estoy, casi seguro me ubicarían en alguna selva de Sudamérica.
Recorremos unos ocho kilómetros en una garganta con un río que la recorre y cascadas de vez en cuando, vemos lagartos barbudos enormes y seguro que hay serpientes y otro tipo de insectos que se ocultan. Tras dos horas de camino comienza la subida al parking. Ahí ya comenzamos a ver personas que bajan a hacer el recorrido a la inversa. La pena es que es temprano y como está tan nublado nadie ha venido al mirador y nos toca regresar caminando hasta la estación del pueblo, otros seis kilómetros. Ya cerca de la carretera hacemos autoestop y una chica nos acerca a la estación de tren. No vamos mal de tiempo, pero queremos llegar al tren de la 13:15 que nos lleva a Sydney. Corremos a casa de Alison, nos duchamos, nos despedimos de ella y regresamos a la estación. Ahí muchos turistas que han venido a ver las tres hermanas llenan el tren rápido que va a la estación central. Han sido dos días en las Blue Mountains que han merecido la pena, esta zona da para muchas más excursiones y treckings que tienen varios días y están bien preparados, pero nos conformamos con lo vivido, sobre todo después de haber estado casi un mes por Tasmania.