61KM 660+
La noche anterior cenamos dentro de la tienda de campaña. Es una pena estar en un parque nacional, al lado de un lago precioso, con mesas y no poder estar fuera de la cantidad de mosquitos que hay. Nos ha pasado ya en algunos campamentos de Tasmania, esperamos que la dinámica no sea esta en el resto. La noche de temperatura es mejor y descansamos algo más. Conforme comienza a amanecer, escuchamos el sonido de diferentes pájaros. El día anterior cuando caminábamos por uno de los senderos marcados, había muchos carteles de plantas, pero tiene que ser un gustazo ser biólogo o aficionado y conocer cada especie, entender sus ciclos, por qué crecen unas y otras no, el ecosistema con los diferentes animales. Escuchar los pájaros y saber que especie es. De cualquier manera es un lujo despertarse con el sonido de la naturaleza.
Estamos algo perezosos, quizá porque la etapa es algo sencilla y porque el cielo apunta buen día de bici. Desayunamos dentro de la tienda algo de pan con nocilla y café soluble frío. A todo se acostumbra uno y cuando llega el día que te preparan un buen café sabe delicioso. Desmontamos la tienda de la plataforma de madera y todo está seco, así que guardamos todo sin tener que pensar en humedades. Antes de terminar vienen una pareja que ha dormido en otra de las plataformas, recoge todo y se marcha sin despedirse. Me sorprende como en algunos lugares de los que hemos estado, personas que no nos conocen nos han hecho sentirnos visibles y cuando vienes a lugares turísticos, te vuelves invisible, nadie repara en ti.
Salimos caminando hasta el visitor center y nos encontramos con la otra pareja acampada, Christof y Merget, alemanes, con ellos si que hemos tenido conversaciones muy interesantes. Creo que de alguna manera estaremos en contacto. Antes de salir aprovechamos los baños, el grifo de agua potable y reseteamos todo. Ahora sí comienza la etapa.
La idea es llegar a un campamento libre que hay en un camino de tierra cerca de Ouse, la siguiente tienda después de Queenstown. Salimos del parque nacional y a esas horas, con el sol filtrándose entre los árboles, con buena temperatura, sin coches, es un placer pedalear, esa sensación es mágica y creo que no nos cansaremos de ella. Notamos como el estrés por las bicis rotas, arreglarlas, reorganizar el plan va quedando atrás y vamos más relajados. Tasmania será una buena terapia para afrontar Sudamérica. Salimos a la principal donde está la única tienda en días, “El wombat enfadado”, ahí un grupo de chavales con un carro lleno de leña mira el móvil y por las justas levanta la cabeza de la pantalla cuando pasamos. Hemos pasado de saludar a las piedras en África a quedarnos con el hola en el aire.
El sol nos da de cara, calienta, pero no mucho, se agradece. El perfil de inicio es suave y vamos pasando por zonas con bosques y de vez en cuando grandes llanuras desde las que vemos la cordillera de montañas a la izquierda que va hasta Cradle mountain por el Overland track. Quien sabe si regresaremos aquí, pero es una opción muy chula. Aunque Australia es enorme y tiene muchas cosas por ver. Nos encontramos con algún animal muerto, pero nada comparado con lo de los primeros días. Seguimos mirando el paisaje como si fuéramos a ver un canguro saltando. Queremos pensar que no nos vamos a ir de este país sin ver uno vivo u otros animales exclusivos como el koala, el ornitorrinco, el diablo, el wombat, son muchos y todos muy especiales.
Sigue sin haber mucha circulación y un gran porcentaje son todoterrenos con caravanas detrás. Otra de las cosas que queremos ver antes de irnos, uno de esos palacios con ruedas que llevan de un lado a otro. Los kilómetros vuelan y sin darnos cuenta llegamos a lago Bronte, hay un tejadillo con mesas y bancos, pero están llenos de cagadas de pájaros y el descanso es relativo. Justo desde ahí nos desviamos por camino, hacia nuestro campamento. Casi todo el desnivel lo haremos en los últimos 25km de etapa. Un camino de tierra para no dejar ninguno de los continentes sin su etapa de tierra. Comenzamos con subida y pensamos que ahora que estamos más alejados quizá haya más suerte con los animales. Miramos el bosque con la esperanza de ver una silueta revolverse entre los árboles, pero nada. Tocan cuatro cuestas algo duras, pero muy llevaderas. Hace más calor que otros días, pero la sombra de los árboles nos protege y se hace llevadero. Es una zona donde hay varios lagos, uno de ellos es el Eco, el más grande, pero nuestro destino está en otra dirección. Por el que si pasamos es por el Lago Dee, que en los carteles en inglés sal escrito como “Dee lagoon”, que fonéticamente se lee “di lagún”, los idiomas tienen sus peculiaridades y se tal y como lo escuchamos nosotros parece el verbo decir y la palabra amigo en euskera. Justo ahí es el último sitio con agua, es una zona con muchos problemas de agua en esta época, de muchas granjas de caballos y vacas y es raro encontrar fuentes. Así que cargamos agua en el lago y los últimos 15km viajo con diez kilos de más. Por suerte sólo quedan dos cuestas y no son muy duras.
El camino deja por un rato el bosque y entra en zona de granjas con pastos enormes, vacas y árboles pelados salpicados por el paisaje. Muy diferente a todo lo que hemos vistos desde que entramos en la isla. Parece mentira que haya zonas tan húmedas y otras con pastos amarillos y con sensación de sequedad tan palpable. Es diferente, pero es bonito, además el ir por caminos le da ese toque remoto. Los caminos son de tierra compactada que dejan rodar bien.
Cuando llegamos a un cruce que marca Ouse 25km hay un cartel de madera que marca camping y una flecha, la última cuesta. El campamento está entre árboles y es muy sencillo, hay una mesa con bancos, un pequeño cobertizo, restos de fuegos pasados, bosque, nada de parcelas donde acampar y un depósito de agua. No hay nadie, así que estaremos solos. Como es hora de comer, lo primero que hacemos es prepararnos unos sándwiches con latas de atún para calmar el hambre. Luego tratamos de siestear. No hay mosquitos por suerte, pero si unas moscas gigantes que no paran de zumbar alrededor de la cabeza y nos obliga a ponernos unas mosquiteras pequeñas para ver si podemos cerrar un poco los ojos. Después de la siesta montamos campamento, nos damos ducha templada, ya que el agua en la bolsa negra al sol se ha calentado un poco y luego toca refugiarnos en la tienda. Escribo dentro y hoy cenamos noodles al remojo.
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)