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etapa 77 gushar-ayni

72km 1085+

Los perros se han portado bien y no han molestado. Las acampadas tienen algo mágico y más si duermes con vistas al río Zeravshan y las montañas tayicas. Amanece justo delante nuestra y el sol comienza a salir a las 6:00 de la mañana y hace de despertador natural. Recogemos todo y a diferencia del día anterior que nos complicamos la vida bajando por un camino de polvo fino que nos puso todo como un San José, vemos una sendilla que nos lleva al camino hacia la carretera. Ahora con conocimiento nos ladeamos para evitar un perro enorme que está encadenado pero que el día anterior casi nos mata del susto, siempre con la duda de si en uno de esos empentones arrancará la cadena y saldrá tras nosotros.

Salimos a una carretera en buen estado, que es placer para nuestros oídos. Hay algo más de tráfico, pero no es exagerado. Primer objetivo encontrar una gasolinera para cambiar el combustible a ver si es eso lo que hace que no funcione el hornillo. Llevamos varias noches sin poder cocinar comiendo noodles fríos. La búsqueda se convierte en una yincana. Es pronto y el sol nos da de frente estirando la sombra metros detrás nuestra. En los campos ya hay gente recolectando, pastoras sacando las vacas o pequeños carromatos con gente para ir a trabajar. Da la sensación de tener una economía muy agrícola en esta zona.

En la primera gasolinera no tienen 95, nos manda seis kilómetros más allí, en la segunda, nos manda otros cinco más y a la tercera va la vencida. Regalamos el antiguo combustible a un señor que de casualidad va con una botella de refresco a llenarla de gasolina y nos  vamos con el nuevo a ver si es que el otro estaba muy sucio.

Toca encontrar una garrafa de agua de cinco litros para reponer las botellas vacías, pero en ninguno de los ultramarinos hay, así que nos conformamos con pequeñas y ya buscaremos un grifo más adelante para filtrar. Mientras comemos pan con nocilla sentados en un escalón, decenas de niñas van pasando a saludar. Hay muchos y todos quieren su ración de inglés. Es el primer país donde se acercan y saludan efusivamente. Tres niños de unos nueve años salen con una bebida energética y la beben compartiendo. Nos sorprende ver la de clases de esta bebida que hay y lo normalizado que está que lo beban niños. Las ropas son más humildes, en algunos casos rotas y sucias.

Nos quedan aún 60km con desnivel y se nos ha hecho tarde buscando agua y gasolina, toca darle un empujón a la etapa. Vamos por el valle del río Zeravshan, que se abre y cierra como si las montañas respirasen y la carretera sube y baja constantemente jugando al gato y al ratón con el río. No se sabe quien persigue a quien. Los pueblos aparecen poco a poco, al tomar una curva un vergel en el desierto con casas entre los árboles. La última casa del pueblo es la frontera al desierto. Las montañas son de roca, tierra y arena y se levantan furiosas desde los pueblos, caminos imposibles se trazan para pasar a los valles aledaños. Fuera de estos pueblos es yermo absoluto. No entendemos siquiera como han conseguido tierra fértil en ellos.

No sólo es el contraste con Uzbekistán que fue una llanura de miles de kilómetros, la etapa es entretenida y es de las más espectaculares que hemos hecho. Una sensación de remoto, de estar muy lejos de casa y de estar descubriendo nuevos paisajes. El país tiene un 90% montañoso y un 50% por encima de los 3.000msnm para hacerse a la idea de lo extremo y desafiante que será vivir aquí. Hace más calor de lo que marcaba el pronóstico y el viento cálido nos seca la boca rápido. Tratamos de beber constantemente gestionando bien para no quedarnos sin ella. El perfil es una sucesión de toboganes que resulta divertido y que echábamos de menos. Bajadas sin pedalear y poner las piernas algo incandescentes con rampas superiores al 10%.

En todos los pueblos la gente hace gestos para que paremos en sus negocios o puestos de fruta que están en la carretera. En uno de ellos, varios coches paran para comer de los barbacoas que humean y varios de los puestos aprovechan el agua que cae por las paredes para enfriar las botellas. Prescinden de la nevera y la pared es una gran galería de botellas sobre las que cae el agua fría de la montaña. Cada parada supone responder a las tres preguntas generalmente “¿de dónde eres, cómo te llamas, de qué trabajas, estáis casados?”. En una de las paradas paramos para filtrar algo de agua y comer algo, el hombre del puesto nos ofrece empanadas de carne, pero caras. Le decimos que no por el precio y no le importa, prefiere mantenerse firme en eso que aceptar que nos ha querido timar. Al poco aparece un chico que compra tres por el precio de la que nos ofrecía, el hombre ve que soy consciente de ello, pero se hace el despistado. Nos comemos nuestra fruta y seguimos camino.

Nos quedan 25km y son las 12:30, la idea es llegar a las 14:30 a Ayni para comer en el sitio que tenemos reservado para dormir. Son horas de calor fuerte y la falta de costumbre a las subidas hace que nos cueste. Poco antes de llegar pasamos por Kushikat desde donde comienza el puerto más duro del viaje que haremos en dos días camino del proyecto. Vemos más cerca el final de etapa y aceleramos un poco, queda una bajada al río y un repechón hasta el pueblo. Sobre el mapa parecía más pequeño, pero tiene muchos negocios y se ve mucha vida. Callejeamos hasta encontrar la casa familiar donde pasaremos dos noches. En la misma casa está un yankee que es fotógrafo para una revista y vive viajando en bici por sitios super remotos y haciendo artículos. Una vida super interesante. Nos atiende una niña de unos diez años, con una responsabilidad de una persona mayor. Después de comer desmontamos bici, ducha y siesta, caemos los dos como si nos hubieran dado un mazazo. A la tarde conversamos con Ryan sobre sus aventuras, algunas imposibles para nuestra capacidad física como pasar con la bici a 5.000msnsm cerca del Anapurna en diciembre.

El día de descanso actualizamos web, limpiamos bicis y trataremos de arreglar el hornillo. 

Ruta en strava.

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