
En la etapa 75 llegamos a Samarcanda. La experiencia con Otoquel, Gulnora, Maglio y Farangiz ha sido de lo más bonito del viaje. Nos despedimos con las ganas de haber vivido más tiempo con ellos. La etapa es fea por una carretera con mucho tráfico y mal asfalto. Hacemos los 40km pensando en el final y sin disfrutar del camino. Pero por fin llegamos a uno de los centros más importantes de Asia central en la historia, culturalmente, en la ruta de la seda, en la literatura. Después de la foto de rigor en la plaza central, Registán, vamos a nuestro alojamiento, una casa familiar en una calle estrecha. Tras un portalón metálico un patio interior por el que entra algo de luz por unos ventanales, pero casi todo está en sombra. Desmontamos las bicis y nos sentamos a tomarnos un té para calmar las piernas antes de subir todo y ducharnos. De una puerta sale un sonido, parece que alguien escanea documentos, pero es una electroválvula del compresor. El sonido será parte de la banda sonora de Samarcanda durante los tres días.