
Estamos en la etapa 74, queremos avanzar para que la etapa de Samarcanda no sea muy larga. Al final del día una especie de calima que viene por el viento del desierto crea una atmósfera amarillenta amenazante, pedaleamos con ganas para terminar la etapa, pero no encontramos algo decente donde poner la tienda de campaña. Compramos algo de agua para lo que queda de día y el inicio del siguiente. En el pequeño supermercado una niña, Farangiz y su abuela, Gulnora nos atienden y les ponemos en el móvil algún sitio donde poder acampar, la niña sale corriendo y trae un teléfono con videollamada a su hermana, que habla inglés. «No busquéis más, dormiréis en su casa». La química es inmediata, pasamos a una parcela con varios edificios donde están las habitaciones, el baño y la tienda. Nos sentimos en casa y nos cuidan desde el primer instante. En mitad de la parcela una vaca pasta tranquilamente y Gulnora me dice que la va a ordeñar. Para bajar la leche acerca al ternero y hambriento succiona las ubres con desesperación, sientes la leche bajar y salir a presión por el orificio. La naturaleza es preciosa.