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ETAPA 73 DUL DUL-JANIROBOD

91KM 200+

El sonido de los animales, las vacas, las gallinas nos van sacando poco a poco del sueño. Dormir en casa de alguien que te acoge con cariño te relaja y siempre tenemos un descanso extra. Recogemos y dejamos todo como estaba. La idea es ir a la casa para despedirnos, esperamos que no sea muy pronto. Al salir al otro lado del camino, donde está su casa, esperan sentados en una plataforma de unos 3×3 que utilizan a modo de zona de estar con las visitas, con una alfombra o cojines, pasan muchas horas charlando. Judai viene a nuestro encuentro, un hombre de unos 60 años, grande, fuerte, una cabeza robusta, canoso, con bigote, moreno de millones de horas de sol en el campo, con una mirada muy amable, nos tiende la mano y la nuestra se pierde en su grandeza. Nos señala su casa y caminamos a ella.

Su mujer nos invita a pasar adentro, sonriente, con ojos claros, una cara redonda llena de felicidad. Una mesa con pan, pastas, huevos fritos y fruta nos espera. Aceptamos la invitación y charlamos lo que nos deja el internet y el traductor, de nuevo odiamos no poder comunicarnos y martillearlos a preguntas sobre la vida. El nieto, con cara de pícaro juega a llevarnos la contraria, pero al final desayuna con nosotros. Nos quedaríamos toda la mañana, pero la etapa es larga y el sol está castigándonos mucho a partir del medio día. Agitan el peral, arrancan uva y traen pan, nos vamos con mucho más de lo que llegamos y no tenemos nada para ofrecerles. Nos despedimos con un abrazo cálido, foto para el recuerdo y los contactos.

A las 8:30 comenzamos a dar pedales y el sol ya calienta, por suerte sobre la bici movemos algo de brisa y a esas horas se agradece. Estas etapas son con perfil plano que pica ligeramente para arriba. El sol nos da de frente y contemplamos la vida despertar, alumnos que van al cole, carromatos que van al campo, nos fascina ver como un hombre lleva a su mujer en la parrilla, ella sentada de lado con el hijo en brazos y nos regala una sonrisa mientras la bici gira bruscamente y ella se adapta al giro sin pestañear.

La carretera sigue en mal estado y cuando llegamos a Tashrabat, una ciudad con dos carriles disfrutamos de la paz que da poder mirar el paisaje y no el asfalto. Paramos en un restaurante que pone café y somsas. Cuando pedimos una de cada, no tienen de ninguna, suele pasar. Nos ofrecen pollo, pero no son horas y sacamos la fruta que nos ha dado Judai y nos pedimos té. Como no queremos que se estropee tanta fruta por los golpes de la bici, les regalamos lo que sobra y ellos a nosotros los tés.

Siguiente parada Zaravshan a unos 30km. Vamos pasando por campos de cultivo de algodón y de alguna planta que no clasificamos. Por el arcén hay muchas vacas, que a diferencia de Georgia, no pasan de la orilla que marca la brea. En esos kilómetros hay bastantes árboles a ambos lados de la carretera que dan algo de sombra y se pedalea mejor. Al llegar a Chansantepa, tocamos ese límite que marca el río y al desierto que vemos a nuestra izquierda le sumamos que no hay asfalto y hacemos casi 20km por camino, con lo que sin árboles, polvo y paisaje desértico la sensación de calor sube y esos kilómetros se hacen duros. Al llegar a Edzhan entramos en asfalto y coincidimos con un rebaño enorme de cabras comandado por un niño en burro que las dirige con autoridad. En Uzbekistán muchos de los niños están en labores del campo y ayudando a sus padres en los negocios. Por supuesto conducen los motocarros y unas motillos eléctricas con tanta soltura que parezca que ya conducían antes de nacer.

Poco antes de llegar a Zaravshan vemos en mitad de la nada un restaurante donde venden pescado. Es la 13:00 y quedan 30km para terminar, es buen momento. Nos enseñan el pez y entendemos que vale 6€, pero es el kilo. Lo pesan delante nuestra, se mueve y salta del peso al suelo, no quiere ser comido, pero no es su día. En un cubierto de uralita hay varias mesas elevadas donde comer de piernas cruzadas y todas están llenas. Todos están pendientes de los “tourist”, que es como denominan al extranjero. Sobre todo una mesa al fondo con cuatro comensales que ya están algo perjudicados. En principio el alcohol no está permitido en su religión, pero este lugar está apartado y creo que el hecho de que todas las mesas están llenas de hombres, es el lugar donde nadie ve ni dice nada. Nos sacan un bandejón de pescado que está espectacular y caen más de dos kilos, felices, pero preocupados de como los moveremos en bici. El estómago pide siesta. Antes de irnos el grupo más perjudicado comienza a pasarnos teléfonos de personas de su entorno que hablan inglés para que les contemos que hacemos aquí y si nos gusta Uzbekistán. Una llamada tras otra que provoca una escena cómica, pero que tenemos que cortar porque el sol no perdona. A duras penas nos despedimos y al ir a pagar los dueños nos invitan y nos desean un gran viaje. Sin darnos cuenta son las 15:00.

Las piernas nos preguntan porque les hacemos esto, que les duele todo. No les escuchamos y seguimos. La etapa se nos está haciendo dura y a los 14km paramos en un puesto de sandías para meter algo de vitamina y agua. Por supuesto varios niños las están vendiendo. Nos comemos media y les dejamos la otra mitad. A partir de ahí comenzamos a buscar algún sitio donde poder poner la tienda de campaña, pero todo son campos de cultivo o casas particulares. A la desesperada preguntamos en colegios y la respuesta es no, nos hablan de un hotel a 20km, pero llevamos ya 85km y son las 18:00 de la tarde. Entramos en Janirobod y buscamos casas en construcción y asumiendo que quizá haya que llegar a los 100km de etapa, pero vemos un hangar que da a la carretera con dos coches viejos y todo vacío. Preguntamos en la casa de al lado y la mujer llama por teléfono al dueño. Viene con todo el séquito familiar y con la sobrina que habla inglés, nos dicen que es todo nuestro y que si preferimos ir a su casa sin problemas. Nos quedamos en el hangar por no molestar y charlamos un rato con la familia que entretenida recibe lo que les cuenta la sobrina. Los niños juegan y durante un rato es un jaleo. Se marchan con el sol cayendo y aún tenemos que asearnos, montar la tienda, preparar la cena y escribir. Las dos bicis con la lona es nuestro baño, la cena unos noodles fríos porque se ha roto el hornillo y la tarea la dejo para mañana porque es de noche y el cuerpo pide dormir. No hinchamos el colchón con la esperanza de descansar bien. A las 0:00 con el sonido de los coches constantemente pasando nos dormimos.

Ruta en strava.

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