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ETAPA 70 NUKUS-KUYUK KOPIR

89KM 275+

La escritura de bitácora la noche anterior se alarga hasta casi la una de la madrugada. Y a las 6:30 suena el despertador, otra noche que no aprovechamos la cama. No sabemos a qué nos enfrentaremos de calores y eso nos saca de las sábanas. Lo primero que hacemos es bajar a una especie de salita que tiene la pensión con un frigo y algún cubierto. Hoy toca yogur con cereales y fruta, de nuevo no hay nada para comer hasta los 54km de etapa y mejor salir comidos porsiaca.

Mientras montamos las bicis un señor que duerme en la pensión nos mira como las vacas al tren, nos lanza preguntas en ruso que no sabemos contestar, pero le contamos con el traductor lo que estamos haciendo y sin dudarlo saca lo equivalente a 7€ y nos lo da. Mis cálculos es como si alguien en España nos hubiera dado 50€ o más. Un gesto super generoso para comenzar el día. Nos despedimos de él a las 8:15, salimos algo tarde, pero la temperatura es muy buena, mucho mejor de lo esperado hace dos semanas donde veíamos termómetros de 40º por esta zona.

El comienzo de la etapa son 50km de doble carril rectos y por líneas rectas. Lo mismo que veíamos del tren, pero ahora pedaleando. Lo bueno es que el viento sopla a favor y el ritmo es muy bueno. Nos sorprende porque vemos varios ciclistas y la mayoría son adolescentes, entrenando por esa carretera que es la única. Nos saludan con entusiasmo. No habíamos visto desde Italia, un señor mayor en Turquía y poco más y en una mañana contamos hasta cinco.

La etapa es monótona, pero rodamos felices por sentirnos ya más cerca del proyecto. Además los camiones y los coches pasan alejados de nosotros y nos saludan la mayoría. A los 30km paramos en una parada de bus convertida en puesto de venta de melones. Verdes y amarillos, con un peso y el vendedor protegido a la sombra. Algunos son pequeños, no para comer de sentada, pero pensamos que podemos comer medio y regalar a alguien que pase la otra mitad. Cuesta 0,20€, le pedimos uno y no duda en regalárnoslo. No hay manera de pagarle y nos corta varias tajadas y del amarillo también, que resulta más jugoso. En el rato que estamos, varios coches han parado y se llevan el maletero con media docena. Tras la empachada de melón seguimos por nuestras rectas desérticas. Un par de veces vemos pasar el tren y en un momento dado aparece un pueblo a la derecha y es un borrón verde en mitad de los marrones. Se nota que hay agua cerca y resulta mágico ese pequeño oasis. Desde ese sitio la mancha verde sigue a 2km tierra adentro con nosotros a nuestra derecha hasta que giramos a Mangit.

Con alivio dejamos la autovía, hasta que nos damos cuenta de que la carretera secundaria de un carril, tiene más circulación y el asfalto es un desastre, agujeros y pliegues en la brea que nos hacen ir dando eses todo el rato. Desde que salimos de la autovía pedaleamos cerca del río Amu Daria y la vida crece en torno a él. Pensamos en el Nilo en como es una franja verde en mitad del desierto y en otros muchos lugares del mundo que ocurre lo mismo y que el cambio climático está secando y ampliando las zonas secas. El futuro no es muy esperanzador en ese aspecto, grandes masas de gente que se moverán a lugares con agua, que cada vez estarán más estancadas con lo que habrá más mosquitos y enfermedades, más basura, más inseguridad. Es importante hacer una reflexión sobre esto porque los que disponemos de agua por castigo no lo vemos, pero la mayoría de la población mundial ya lo está sufriendo.

Nos marcamos parar en Mangit para comer algo. Pasamos de la arena a campos de cereal, arrozales, frutales por todo. Pequeñas furgonetas que parecen de juguete que hacen de taxi nos adelantan constantemente y manos salen de las ventanillas saludando. Conforme entramos en la ciudad vemos hileras de edificios iguales que parecen barrios más humildes, buscamos algo normal para comer y nos señalan algo más adelante. Al entrar en la ciudad en una esquina hay uno para dejar las bicis y dentro en un lateral una hilera de mesas elevadas con bancos a los dos lados y que son para comer con las piernas cruzadas. Nos metemos sin dudarlo y la gente local se ríe al vernos. Decenas de calzados están sueltos bajo las mesas. Un chica nos señala una de las mesas libres y nos la limpia. No sabemos que hay de comer, no tienen carta y los de al lado nos ofrecen a comer lo suyo para probar. Un chico con explica que sólo hay dos cosas, arroz con carne y empanadas de carne, pedimos una de cada y en un instante nos traen eso, más dos ensaladas y una especie de zumo que creo es de tamarindo. Lo que queda de etapa es suave, pero semejante comilona quizá sea excesiva, todo está buenísimo y nos dejamos llevar por los sabores y el ambiente alegre que gira en torno a los dos turistas que parecen dos aldeanos descubriendo algo. El niño del restaurante nos pide a ver si puede salir el restaurante en Instagram y grabamos un vídeo en el que la gente se suma y contamos el lugar y lo bueno que está todo. Nos despedimos con las fotos de rigor y toda esa comida ha costado 4,5€!!!

Nos quedan 30km de etapa y la carretera sigue igual de irregular, pero ahora más tráfico. Andamos con mucha atención y en un momento dado una furgoneta nos pita y nos pide pararnos. Es un profesor de inglés que quiere conversar y grabar un vídeo para mostrar a sus alumnos vidas de turistas. Escena curiosa donde nos medio entrevista. Al poco rato un señor con una motillo eléctrica se pone a nuestro lado, trata de hablar, pero va demasiado borracho para decir algo, conduce haciendo eses, y por momentos parece que se va a caer, quiere hablar con nosotros a toda costa, pero no se le entiende nada y comienza a ser peligroso, los coches le pitan. Paramos para ver si sigue camino, pero se para y baja de la moto, viene hacia nosotros, le decimos que no entendemos que vaya a casa y salimos, pero se pone de nuevo junto a nosotros y en un momento dado un camión pasa a su lado y él no controla la distancia y choca con las ruedas del camión y lo arrolla. Por suerte sólo lo tira, el camión sigue, esperamos que ignorante de lo que acaba de ocurrir y el señor tirado en mitad de la carretera. Lo levanto y lo llevo al arcén, ajusto la moto y la dejo aparcada. El hombre balbucea, se toca la pierna, pero no podemos ayudarle y paramos un coche. Les explicamos con el traductor y se quedan con él. Seguimos camino y al rato el coche nos adelanta y sigue el suyo, al mirar para atrás, a lo lejos nos parece que el señor se ha quedado sentado en el arcén y el coche lo ha dejado ahí.

En ese mismo lugar vemos una casa en construcción de barro y paja y preguntamos al de la parcela si podemos dormir dentro. El dueño, Asad, no duda en decirnos que sí, incluso en ofrecernos su casa. Le hacemos ver que con eso es suficiente y pienso que hasta lo agradece. Nos muestra un grifo con el que nos aseamos dentro de la casa con la bolsa de ducha y montamos el campamento. Hoy dormimos bien protegidos. Tarde de tareas, cena ligera y a dormir.

Ruta en strava

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