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SONIDOS TRENES SHETPE-BEYNEU-NUKUS

La frontera con Uzbekistán está cerrada por vía terrestre y nos obliga a subirnos al tren para pasar desde Kazajistán. Serán dos trenes, el primero desde Shetpe hasta Beyneu. Sale a las 16:24, nos cuesta encontrar la estación y que nos confirmen con exactitud de donde saldrá, no tenemos internet y la gente no habla inglés. De una manera u otra nos hacemos entender y el tren llega algo antes. De normal paran un buen rato antes de seguir camino, pero este dura poco y subir las bicis y llevar todas las bolsas al camarote es algo estresante. Dentro hay una pareja en las literas de arriba. Comemos algo, preparamos las camas y caemos rendidos, estamos agotados de muchos días de gestiones sin dormir. Las cortinas abiertas dan paso a un sol desértico, el hombre de la litera de arriba ronca fuerte, Sheila ni se inmuta. Cae en un sueño profundo.

El viaje dura siete horas, pero entre la cabezada, comer, cenar y anticipar cosas para la estación de Beyneu el tiempo vuela. Al otro lado de la ventanilla comienza a caer el sol y la luz es maravillosa, la llanura permite ver un atardecer y todos sus colores. El paisaje no es bonito, pero el momento y el sonido del tren lo cargan de romanticismo.

A las 23:00 llegamos a Beyneu, bajamos todo a un andén de hormigón entre vías. Todo es muy precario, pasamos las bicis por encima de la vía y toca esperar tirados en el suelo hasta las 3:00 de la mañana. Hay mosquitos y hace frío para lo que estamos acostumbrados, pero el tren llega y toca otro momento de incertidumbre para subir todo y dejar las bicis seguras. Lo logramos fácil, pero antes de arrancar nos sellan los pasaportes, nuestro camarote tiene 9 personas ya que han ocupado uno los militares. Casi hora y media para la burocracia y arrancamos. Nos echamos a dormir y una hora más tarde nos despiertan de nuevo, es la frontera de Uzbekistán y ahí las gestiones son más largas y además nos rompen el dron. Tras la tensión caemos de nuevo dormidos y nos despertamos en un paisaje plano, desértico, de grandes rectas, sin pueblos, como si fuera otro mundo, otro viaje y lo del dron ha sido un sueño. Estamos en paz y nos quedamos con el sonido del tren y nos relajamos, nos queda mucha aventura. 

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