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ETAPA 69 ZHETYBAY-SHETPE

73KM 390+

El colegio donde no há sido posible dormir há tenido toda la tarde un trajín de gente y música verbenera a tope. En el momento que comienza a atardecer se encienden unos focos enormes que no se apagarán en toda la noche. Hay una especie de destellos de luz que no conseguimos traducir desde el fondo de lo que será la habitación de una casa. Los camellos braman de vez en cuando con este tono grave lastimoso. Hacia las 23:00 dejan la música y nos dormimos profundamente en el nuevo colchón que ha llegado a Tiflis.

A las 6:00 suena el despertador y nuestros cuerpos arrastran más sueño, pero Shei ha dormido toda la noche en la misma postura. Recogemos campamento por primera vez en muchos días. El sol sale entre los muros del colegio y tiñe de naranjas nuestra estancia. Huele a la parte trasera del circo, cuando tenían animales. Es probable que los camellos hayan pasado cerca de la casa y hayan orinado. Bajamos las bicis y salimos a la carretera a las 7:15. Hoy tenemos sólo un punto de abastecimiento a mitad de etapa, tenemos los botellines con agua, pero no es mucha y no sabemos con qué intensidad dará el sol a esas horas. Buscamos una tienda abierta en Zhetybay y hay una, pero no se puede pagar con tarjeta y además no tiene garrafa de agua. Calculamos la distancia y nos arriesgamos a llegar a Beki.

El sol del amanecer lo tenemos justo a la derecha y dibuja nuestras sombras horizontales que ocupan casi todo el ancho de la carretera. La temperatura es perfecta y en cuanto nos incorporamos a la principal comienza el tráfico, no es mucho, pero si constante. El firme es bueno. La etapa es una sucesión de rectas kilométricas que no alcanzas a ver el fondo. Probablemente es la etapa con los horizontes más llanos que he pedaleado en mi vida. Dos llanuras perfectas a ambos lados, de hierba seca, sin árboles, terrosa con caballos y camellos pastando en ellas. Aquí además de las carreras de camellos, beben mucho su leche. Hay un ligero viento en contra y el perfil es ligeramente a la contra con lo que rodamos a menos de 20km/h. La experiencia de rodar por un desierto es nueva y piensas en esas etapas del Sahel, u otros desiertos que son  retos imposibles, sobre todo con el agua. Aun y todo miles de personas se enfrentan a ellas para alcanzar Europa y es otro cementerio del que no se habla, no interesa.

Beki se hace de rogar y por fin tras el único montículo del inicio de la etapa asoma un pueblo en mitad de la nada. Una bajada nos lleva hasta él y hay un surtidor y dos contenedores a modo de supermercado donde paramos a comprar agua y algo de fruta. Nos queda la mitad de la etapa y por la razón que sea estamos muy cansados. Preparando el bocadillo aparece un cicloviajero tapado de arriba abajo, con una máscara que parece de luchador mexicano para protegerse del sol de los estanes. Es gallego y justo hoy cumple 17 meses de viaje en bici, de casa a Australia y vuelta. Sus etapas son larguísimas y se le ve muy bregado. Conversamos un rato con él y nos despedimos. Su deseo es llegar antes del concierto en noviembre que da su banda de gaitas, proyectamos para que lo consiga.

Desde ahí la etapa se convierte en una lucha contra el viento lateral que nos echa de la carretera y que con el paso de los camiones nos zarandean como si no pesásemos nada. El perfil es algo más inclinado y la segunda parte es más desértica, menos hierba seca, pero más camellos. Lo curioso es que las señales de animales son de vacas y no hemos visto ninguna. Con lo chula que queda la de “cuidado camellos”. Los 34km son una especie de trabajo mental para realizarlos, mantenerte sobre la bici y conseguir no caerte con los camiones nos van cargando el cuerpo de tensión. Por no hablar que las rachas de viento nos van desgastando poco a poco. Un tercio de los coches saludan, pero hoy tenemos las dos manos firmes en el manillar y no podemos devolverles el gesto. En una de las subidas un coche nos adelanta suavemente y a los 300 metros el conductor nos espera con una botella de agua. Gestos que marcan y que interiorizamos. Nos ofrece comida, pero Shetpe ya está cerca. Con humildad nos saluda y sigue camino.

Los 10km finales son con el viento en contra, la mayoría de bajada y nuestra velocidad no pasa de 15km/h. Casi llegando a la ciudad un carril bici de 5km nos sorprende y lo aprovechamos. Por supuesto somos los únicos. Está lleno de gravilla, pero vamos protegidos del tráfico. Pienso en el día que se plantea el gasto en un carril bici en un pueblo casi desértico donde el viento sopla la mayoría del año. Lo genial es que la propuesta sale adelante. Al entrar en Shetpe gastamos el poco dinero que queda en el supermercado para casi un día entero de viajes en tren. Tenemos 10€ y gastamos 7€ en una garrafa de agua, cuatro botes de noodles, galletas, sardinas y pan. El menú de los viajeros. Ya veremos si encontramos agua caliente para esos noodles.

Las casas en su mayoría de color blanco, de una planta y desgastadas por el sol, el viento y la arena. Calles anchas y negocios que parecen cerrados. Buscamos la estación de tren y el google maps nos lleva al otro lado de la vía. Tres kilómetros de más que no apetecen. Preguntamos a unos niños, a un señor y a otra mujer donde está la estación. Nadie habla inglés y “train station” es menos universal de lo que pensábamos. Algo que parece un andén frente a una casa enana intuimos que es lo que buscamos y nos lanzamos de nuevo a la principal para pasar hasta tres vías de tren. En Kazajistán se desplazan mucho en él, es seis veces España y está muy despoblado. Distancias largas. Entramos por un caminillo al edificio blanco y verde que hemos visto y cuesta entenderse con el trabajador para confirmar que por ahí pasa nuestro tren. Creemos que sí. El señor nos enseña vídeos de cicloviajeros que han preguntado por el tren a Nukus y ya deducimos que ese es nuestro sitio. Preparamos las cosas para subir al tren, lo que nos llevaremos al vagón, la idea es dejar las bicis en donde nos dejen. Al pasar una puerta hay una sala de espera donde decenas de personas esperan y un baño donde nos aseamos algo del sudor y crema solar de la etapa. Sólo queda esperar a que llegue el tren y que no nos pongan problemas con las bicis para subirlas. 

Ruta en strava.

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