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TIFLIS-AKTAU

TIFLIS Y AKTAU

El día 8 nos levantamos con calma, reorganizamos las maletas y desmontamos las bicis, queremos asegurarnos que nos cabe todo para subir al avión y las cajas no excederán el peso. Dejamos las bicis en la tienda y la idea es conocer Tiflis, pero tenemos cosas pendientes que hacer y nos quedamos por el barrio donde vivimos. Queremos comprar dos camisas que nos protejan del sol feroz de los estanes. Tras dar muchas vueltas vemos dos que nos cuadran, iremos elegantes, pero durarán poco en ese estado, el color será masticado por la radiación, los sudores dejarán marcas y olores y de poco nos servirá esa camisa más adelante. Regresamos a casa, hacemos compra y vamos a la tienda para ver si tienen el desviador que necesitamos. Hablan con una tienda que dice que tiene el Alivio y que nos espera, con lo que tomamos un taxi y al llegar

El 9 de agosto desayunamos tranquilamente y lo primero que hacemos es ir a la tienda del desviador a ver si lo tiene. Lo cierto es que después de la jugarreta del día anterior no se lo merecen, pero necesitamos esa pieza. Vamos caminando y pasamos de un barrio de casas viejas, grises, de líneas rectas, con humedades, ropa tendida y con sensación de pobreza a otro donde cada edificio tiene un estilo, líneas modernas, donde las terrazas están plagadas de gente con otro estatus y se respira esnobismo. Al llegar a la tienda compramos el desviador y nos olvidamos. Antes de visitar el centro echamos unas postales y de nuevo nos miran con cara de que demonios es eso que mandan, como si estuviéramos enviando pergaminos con mensajero.

Recorremos las calles que hace dos días hicimos en bici y que nuestra mirada estaba más puesta en acabar la etapa que en ver los edificios. Avenidas de árboles inmensas que dan sombra y verdor a la vista. Monumentos, edificios con siglos de historia. Georgia ha pasado por muchas etapas e invasiones de diferentes civilizaciones, romanos, mongoles, persas, otomanos, rusos… Paseamos hasta la plaza de la libertad donde una torre con un caballo dorado en lo alto destaca. Cruzamos el río Kurá por un puente moderno y de cuadrados de cristal y formas curvas que contrasta con las iglesias ortodoxas de alrededor. Un conjunto de edificios históricos y actuales que se mezclan con armonía. Lo último que visitamos el la Nueva catedral de 1995 de la santísima trinidad, en lo alto, enorme, de líneas rectas, con una cúpula dorada y de color claro. En comparación con Santa Sofía o Alexander nevski no se respira historia. En el interior los fieles besan y tocan los cuadros, se amontonan de pie para escuchar un pregón radiado como un partido de fútbol que no invita a la meditación. La nave principal está pintada con un enorme cristo de colores y por las paredes cuadros y velas a las que se acerca la gente para tocar y rezar. Dejamos la religión y regresamos a casa bajando hasta el río Kurá y en bus hasta nuestra tienda de bicis para regalarle a Mariami un libro del principito con dedicatoria. Última tarde en Tiflis antes del vuelo. Nos relajamos en la medida de lo posible y a dormir. 

El 10 de agosto amanecemos con calma, pero nerviosos, es día de vuelo y con las cajas de las bicis y trasnfers siempre hay incertidumbre de sí llegará todo y en qué estado. Desayunamos los restos de comida que traemos durante el viaje, cuanto menos peso al avión mejor. Rematamos las maletas y esperamos a que Nika y Mariami nos vengan a buscar con las cajas de las bicis. A las 12:00 puntuales aparecen con un todoterreno con las bicis atadas al techo. Metemos todo el equipaje en el maletero y nos dirigimos al aeropuerto. Mariami está feliz con el regalo y encantada de habernos conocido. Ha sido madre hace poco y se le ve cansada, pero nunca deja de sonreír. Junto a si marido emprendieron la tienda de bicis hace tres años y trabajan mucho. A mitad de camino paran para comprarnos un helado con el que llegamos al aeropuerto. Después de mucho tiempo por zonas rurales y caminos, llegar a los aeropuertos es como entrar en civilización a lo bestia. Descargan nuestras bicis y nos despedimos. Ahora toca gestionar facturaciones…

El vuelo se retrasa y toca esperar en un lateral de la sala principal. Como siempre miles de personas que llenan los mostradores constantemente. Sentirnos con todo hecho hace que el cansancio acumulado aparezca de golpe y no consigo mantenerme despierto. Piernas apoyadas sobre el equipaje y posturas inverosímiles. Son las 14:00 comemos algo y esperamos a que salga información de el mostrador y por fin sale. Ahora a ver si no ponen pegas a las bicis. El primer vuelo hace escala en Bakú. Nos avisan de que los azeríes no hacen colas y efectivamente una masa de personas se arremolina para ver quien es el primero. Nos hacemos hueco con las cajas y una de las azafatas nos hace hueco y nos deja pasar. No soporta los modales azeríes y se apiada de nosotros. Le caemos simpáticos y habla con la de facturación para que nos ayude y funciona. Las bicis pasan y todo en orden. Tenemos que dejarlas en una esquina y confiar que alguien venga a buscarlas para llevarlas al avión. Preguntamos varias veces y todos dicen que sí, pero da la sensación de que cualquiera puede entrar y llevárselas. Nos vamos esperando que todo siga su curso. Toca pasar , colas controles y scanners y uno a uno superamos todos hasta llegar al duty free que da paso a las puertas de embarque. La nuestra aún no está así que hacemos tiempo leyendo, durmiendo, meando los tres litros que hemos tenido que beber para poder pasar las botellas para la bici. La 100A es nuestra puerta, justo al llegar parece que comienza el embarque y de nuevo no existe cola, es una masa de personas que crece y en el que todo el mundo intenta colarse. Hacemos lo mismo porque es como un río que te absorbe y de repente estás el último. Unas señoras que han llegado las últimas consiguen avanzar mágicamente. Se alarga y se sientan y cuando llaman para embarcar, no sabemos cómo, pero pasan de las primeras. Varios extranjeros que les ha tocado más de una vez, resoplan porque están hartos.

El primer vuelo lo pasamos dormidos y pronto aterrizamos, es una hora de vuelo que sube y baja. El aeropuerto de Bakú es algo más precario, llegamos con el sol metiéndose y parece un atardecer africano con siluetas de aviones en vez de animales. En el transfer nos hacen sacar todo lo electrónico, encenderlo, mucho rato de desorganización donde tememos perder algo, lo hacen con sonrisa, con lo que lo asumes mejor. Nuestra puerta es la última, queda mucho rato y tenemos hambre, por suerte en comparación con otros aeropuertos es asumible y engañamos el estómago. Hacemos labores de ordenador, pero comenzamos a caer a base de cabezazos. El vuelo se retrasa hora y media y en uno de esos cabezazos, me levanto y veo que la puerta ha cambiado. Cambiamos de lugar y frente a la 19 hay cientos de personas. Los rasgos kazajos son parecidos al de los mongoles, ojos rasgados, algo barbilampiños, fuertes y amables. El sueño se apodera de nosotros hasta que un chico nos zarandea, somos los últimos y todos han embarcado, por los pelos no perdemos el avión. No hemos aguantado y casi la liamos. Nos despejamos de golpe y enseñamos los billetes y a un avión rebosante. El vuelo es aún más rápido e incluso nos dan algo de comer. Aterrizamos cerca de las 4:00 de la mañana y tras el control de pasaportes donde amablemente nos sellan donde les pedimos ya que el viaje será largo y necesitaremos hojas para todo, buscamos nuestro equipaje que uno a uno va saliendo y respiramos tranquilos.

Toca ir hasta el hotel con cajas y cuatro bolsones. No sabemos precios y varios te ofrecen. Error, informarse antes de cuanto cuesta o pagarás de más seguro. Conseguimos rebajar un quinto el precio, pero estará siendo caro indudablemente. Metemos las bicis en un maletero de uno y no caben, otro nos ofrece el suyo, algo más grande pero tememos que se caigan por el camino. Pelean porque uno había conseguido los clientes. Yo quiero seguridad para mis bicis y se lo explico. Al final las metemos en el maletero y sobresalen medio metro, le resto dentro en los asientos. Son 30km y primero toca cajero porque no cobran con tarjeta. Precio 25€. Ya es muy tarde y llegamos al hotel derrengados. Dejamos las bicis en el pasillo y nos metemos a la cama para dormir tres horas.

Nos levantamos como si hubiéramos estado de borrachera y con el cuerpo quejándose de que le castiguemos con esos cortes de sueño en dos días. Desayunamos por 6€ los dos, montamos las bicis en el vestíbulo de nuestro pasillo, sudando a chorros y con urgencia para llevarlas a la tienda. Tenemos un día para que las arreglen. En la tienda hay dos belgas y un neocelandés que llegaron a la vez que nosotros y están ajustando algo de las bicis. Hablamos con ellos mientras cerramos todo lo que hay que arreglar de las bicis. A las 19:00 estarán. Todo con el traductor en ruso, creemos que ha quedado todo claro, o eso esperamos.

Con los otros cicloviajeros nos citamos a 3km en una playa para bañarnos en el mar Caspio, ellos en bici, nosotros andando y al llegar sombrillas, banderas y mucha gente. En un lateral, tres bicis en la arena y tres chicos a remojo en el agua. El agua está caliente y el mar es tranquilo y cubre poco. Todos sumergidos hablamos de nuestras experiencias, de nuestras costumbres, las rutas y una hora después arrugados salimos de un mar que huele a estancado y nos despedimos. Quien sabe si nos volveremos a ver. Regresamos cerca del hotel y nos damos el gusto de comer un par de hamburguesas y se nos ha hecho tarde, lo justo para dormir una mini siesta que nos deja peor, pero la necesitamos. Toca reorganizar el equipaje e ir a por las bicis que están a la hora indicada y por 40€ nos ha cambiado las dos cadenas, puesto el nuevo desviador y ajustado los cambios. Ahora sí, compramos la cena y la comida de la primera etapa asiática y al hotel, donde se nos hace tarde preparando las alforjas como estaban antes de desordenarlas para meterlas al avión. 

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