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ETAPA 60 KUTAISI-TASHISKARI

20KM 100+

Parece el día de la marmota y casi todas las etapas comienzan igual: “La noche no ha sido buena y no hemos podido dormir…”, pero es que es verdad!!. La noche en Kutaisi es calurosa, excepto en la terraza donde corre algo el aire y se está agusto, al cruzar el umbral de la cocina la temperatura sube diez grados y al entrar en nuestro cuarto, una habitación sin ventana y donde el calor del día se acumula, obliga a desnudarse y tirarse sobre la cama a kilómetros de distancia de la piel de Sheila que irradia calor. Tirados sobre la cama, con los brazos abiertos y a las 22:00 regresa la luz que estaba cortada y por lo menos el ventilador funciona, pero mueve el aire, no refresca.

Tratamos de conciliar el sueño, pero los compañeros de pasillo deciden que su discusión forme parte de nuestro insomnio. Encienden la luz de la cocina que ilumina un ventanuco que da a nuestro cuarto y sólo nuestro “no son horas!!” le hace apagarla, pero no dejar de meter ruido. A la media hora seguirán danzando y hablando por la casa, hasta que a las 2:00 Sheila ya sale a la terraza a decirles que quizá deberían irse a la cama para que todos podamos dormir. Eso en un español claro a dos uzbekos que aunque no entienden lo que dice, si la cara de mala leche que dice mucho más que mil palabras.

Algo dormimos hasta las 6:30 cuando suena el despertador estamos agotados, pero hay que desayunar y hacer las cosas rápido para ir a la estación. Tenemos tren y no sabemos si nos dejarán subir con las bicis. Un desayuno frugal de huevo duro y yogur con fruta y toca la danza de las alforjas escaleras abajo. El señor de la casa sale a despedirnos con si permanente barriga asomada por la camisa abierta y con cara de sueño.

La estación está a 8km y antes de salir de Kutaisi pasamos por un mercado callejero que ya está operativo a esas horas. Llegamos después de una gran recta a una estación con muchas vías oxidadas, muchos vagones herrumbrosos en las vías del fondo y una máquina de hace décadas respirando con un ruido permanente en frente de la estación. Sentada en el banco está la revisora a la que caemos bien y que parece que nos facilitará subir sin desmontar las bicis. Gestión de conquista humana realizada. Ahora queda casi una hora hasta que llegue el tren a Tiflis que nos dejará en Jashuri.

Poco antes de montar una pareja de Madrid nos escucha hablar y nos contamos nuestros viajes. En plena batalla verbal aparece el tren y viene la batalla para subir las bicis. Ellos se van al primer vagón y nosotros con ayuda metemos las bicis en el cuarto y nos dicen que hay que encajarlas al lado de los baños donde ya hay una bici con alforjas de un sudafricano. Después de muchos tetris y sudores las ajustamos con el consentimiento de los revisores que no están muy conformes pero aceptan ese pequeño paso que les dejamos como resultado final. Nuestra idea de sentarnos y dormir algo se desvanece para estar con las bicis y no obstruir más el paso en caso de que se muevan. El sudafricano al que le hemos hecho poner la bici sobre una rueda se queda, va liviano de equipaje y viene desde Serbia. Ha dejado la ropa invernal y otras cosas por el camino y se encomienda a la suerte y a encontrarlas más adelante cuando se aproxime el frío en China. Un hombre peculiar que viaja predicando la palabra de dios, con un concepto muy colonialista de que lo que había antes era tribal y poco civilizado. Admiramos su capacidad de viajar con poco y aventura, pero parte de su pensamiento y forma de vida nos distancia hasta que la despedida es algo fría aunque bajamos en el mismo sitio y de la misma manera. Antes de bajarnos nos despedimos de los madrileños Julia y Javi que desde ya, siguen el proyecto y con los que hemos conversado muy agusto.

Conseguimos bajar todo sin perder ni romper nada y felices de haber superado otra prueba de los transportes del mundo en bici. Al salir de la estación ya son casi las 12:00, tenemos hambre y decidimos comer algo antes de hacer los 10km hacia el camping. Luego ya haremos merienda cena. Una pizza con café, que nos sabe bien, pero alimenta poco. Ya ordenaremos nuestros hábitos alimenticios otro día. Salimos de Jashuri en dirección contraria y en el cruce que nos saca de la ciudad hay un atasco enorme. Mucho tráfico de camiones y coches que nos agobia. Decenas de puestos de venta de sandías. Una pena que la más pequeña pese 6kg, porque habríamos comido muchas más en el viaje.

Una recta de 8km con árboles a los dos lados y con coches constantemente adelantando hasta que nos desviamos a la derecha para ir Tashiskari. Cruzamos la vía del tren y enfilamos una calle que nos lleva al camping y a 200 metros se para una furgoneta y un chico asoma la cabeza y dice: “imagino que sois la pareja española que viene al camping”. Son de Irún y la dueña pensaba que ellos éramos nosotros el día que llegaron. Paran en un lado y nos presentamos. Javi y Ana, la conversación al sol se alarga casi una hora hasta que la dueña del camping sale y les dice, nos os marchéis, quedaros un día más. Se tiene que marchar, pero nos apetece a todos seguir hablando, así que regresan al camping y dejamos las bicis, negociamos un bungalow y sin cambiarnos, nos sentamos a la sombra de un árbol y no dejamos de hablar en cuatro horas. Conexión inmediata y una tarde en buena compañía que se nos hace corta. La familia del camping nos trae tomates, patatas fritas y una sopa increíble. Qué más podemos pedir.

A las 19:30 de la tarde recogen campamento y marchan en busca del sitio que tenían pensado, nosotros nos duchamos y hacemos la tarea que se nos acumula y mientras escribo la bitácora, Javi nos dice que les ha parado la policía, multa y encima avería de motor. Esperamos que con la luz del día, mañana se solucione todo.

Nos vamos a la cama cansados y preparados para ir a las montañas del sur de Georgia.

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