27km 420+
Durante la noche no ha parado de llover, la tormenta que vimos en el móvil la tarde anterior ha cumplido su amenaza y la escuchamos al otro lado de la ventana que tenemos que cerrar a pesar del calorón y humedad que hace. Sobrevivimos con un ventilador a pie de cama. Cuando amanece no hay rastro de lluvia y en principio deberíamos tener jornada bajo el agua. Nos hemos sacado las sandalias para no mojar de nuevo las playeras y arriesgarnos a que no se sequen.
A las 7:00 estamos bajando todas las alforjas. El alojamiento tiene opción a desayuno por muy poco precio, pero preferimos esquivar la lluvia en caso de que aparezca y dejamos esa casa familiar llena de animales ya picoteando por el jardín y estamos en la bici a las 7:30. Probablemente sea una de las etapas más chulas de todo el viaje. Comenzamos esquivando caballos, cerdos, vacas. Una temperatura perfecta, los campos verdes intensos y vegetación por todo. Casi no hay circulación, es domingo y es pronto, con lo que disfrutamos de las pedaladas con el sonido de los pájaros.
Cuando llegamos a Didi Tchkoni el mercado ya está en marcha y ahí tenemos que comprobar bien el mapa porque llegan varias carreteras y es confuso el cruce. De hecho comenzamos en una dirección y tenemos que rectificar cuando vemos que nos estamos yendo por otro lado. Nos enfilamos hacia Akhuti, que nos llevará por una carretera estrecha hacia Lesichine, donde queremos desayunar a los 27km. La etapa con sus animales, la tranquilidad, las montañas al fondo perfiladas por la hora de la mañana, los granjeros caminando tranquilamente o hablando en las puertas de sus casas con los vecinos. Es una de las más bonitas que hemos hecho. El tipo de casas de madera, con techos de uralita, con porches, terrenos en frente nos transportan a un país caribeño y si no es por el idioma y la aparente brusquedad inicial de los oriundos, sentimos que en cualquier momento alguien nos va a vender un guarapo en Cuba.
La etapa promete 850+ y pronto comienza un rompe piernas con cuestas de menos de un kilómetro al 10% que exprimen nuestras glándulas para gotear sobre el manillar sudor. Subimos entre plantaciones y las bajadas tienen puentes con metal que sigue mojado de la lluvia del día anterior y parecen muy resbaladizos. A punto de llegar a Nogha una subida de casi dos kilómetros al 12% y creo que más, hace que Sheila tenga que poner pie a tierra y yo bajar para ayudarle a empujar la bici. Se nota que sube más y nos asomamos a un paisaje de montañas y nos adelanta lo que veremos camino de Mestia en tres días. El terreno parece que aplana y sigo adelante para grabar la llegada de Sheila desde el alto, pero Sheila tarda mucho y con el encuadre de un tractor en primer plano aparece empujando la bici cuando debería ir andando. “Xabi he roto la bici y mucho”. Cuando llega todo el desviador trasero está doblado hacia delante y entre los radios. “No sé que he hecho”. Yo sé lo que ha hecho y de primeras tengo ganas de gritar porque lo ha destrozado entero. Comenzamos a quitar las alforjas, estamos en mitad de la nada y no sé como voy a enderezar eso para intentar llegar a una vía con coches. En ese momento sale el señor de la casa de enfrente y ve como está el cambio. Ve que no podremos darle solución y me invita a lavarme las manos llenas de grasa en su casa. Quitamos como podemos el negro de las manos y como no habla inglés enciendo el móvil, pero casi no hay cobertura. Por fin entra el traductor y le pregunto se sabe alguna manera de poder llegar a Zugdidi. El hombre suspira y hace una llamada. A los cinco minutos aparecen tres hombres en un Opel corsa con aperos de campo y ven la bici sin las alforjas y mi cara de circunstancias. Una por una puede que nos lleven a un lugar con taxis, que no es poco. Pero en ese coche con las bicis no cabemos los dos. Les digo que metan lo de Shei y que yo voy hasta Lesichine lo más rápido posible. Así que les dejo cargando las cosas y salgo lo antes posible. Me quedan 14km contrarreloj con un rompe piernas como el que hemos hecho. Me da rabia porque la etapa está siendo super chula y el tiempo no cumple con la lluvia programada. Bajadas vertiginosas, subidas empinadas. A los 4km me pasan Sheila y Geno con la bici saliendo por el portón trasero y animando. Sudo por castigo y les veo marchar. Al rato llego a Akhuti donde varios carneros cruzan la carretera con aspecto imperial y mostrando su cornamenta orgullosos. Me paro a hacerles foto y en ese momento aparecen con el coche y Geno saca una coca cola y un helado y me los da. Sheila flipa, “¡ha regresado para dártelos, a mí me ha comprado otros!”. Esta vez les veo marcharse del todo y yo sigo con mi objetivo, corro hasta donde deja una bici de 50kg con rampas del 10%, pero la media no baja de 17km/h así que no está mal. En un momento en el que la carretera ni sube ni baja me como el helado en marcha como si estuviera en una etapa del tour.
A los 27km de etapa entro en Lesichine y ahí están Sheila y geno esperando con cara de sorpresa. “¿Ya?” Geno señala la parada de taxis y vamos bajo un árbol donde hay varios coches con los maleteros abiertos esperando. Por lo que hemos visto aquí funcionan mucho con furgonetas de doce pasajeros como transporte y taxis locales. Geno habla en georgiano, pero hace ver que conoce gente y que buscará taxi, que no se irá hasta que tengamos todo montado. Pasan algunos, pero al ver las bicis no les motiva mucho hasta que uno con un carromato detrás accede. Nos dicen que será 40 laris (11€). Metemos todo en el coche y fijamos las bicis en el remolque. Tenemos 27km hasta Zugdidi.
Veremos el paisaje desde la ventanilla de un mercedes desvencijado y con el señor fumando. Lo que nos queda de etapa más o menos era el mismo desnivel pero con subidas más tendidas. El paisaje sigue siendo espectacular y le miro a Shei como diciendo, “de vaya etapa me has privado”. Entramos en Zugdidi y el hombre no sabe donde es, le muestro mi móvil con la ubicación, pero no se fía, así que va preguntando a la gente por la calle y nadie sabe donde está, van dando tumbos hasta que por fin me hacen caso y siguen el navegador de mi móvil y llegamos a la casa. Un señor nos espera en la calle, es una especie de alquiler de habitación. Cuando toca pagar, el precio has subido 20 laris. El taxista miente y dice al de la casa que es el precio que me había dicho al salir. Al final pagamos 50 laris y el taxista se hace el indignado.
Toca dejar todo en la habitación, ducharse e ir en busca de un sitio donde nos arreglen la bici. Es domingo, pero el dueño de la casa dice que estará abierto. Estamos a 2km caminando del centro y hace un calorazo que nos provoca unos camachos en el sobaco enormes. Vemos una tienda que vende pinturas, muebles y bicis, pero de arreglar nada, nos indica una al otro lado del río. Hoy es día de mercado y toda la calle está llena de puestos. En caso normal entraríamos para ver los puestos y sacar fotos, pero la misión es otra. Pasamos un puente con chicas de etnia gitana vendiendo con todo el producto puesto en el suelo o en mesas bajas herrumbrosas. Se protegen con sombrillas atadas a la barandilla. El río está repleto de maleza y basura. Todos los puestos, el estado de las casas muestra una ciudad algo decadente. Al cruzar, en una esquina hay una tienda donde cuelgan bicis y está abierta. Le enseñamos el problema y el desviador que tiene es sólo para siete velocidades. Es la única tienda de Zugdidi y de repente se nos cae el mundo. Que no haya cambios para nueve piñones pone en situación de que en esa zona se anda poco en bici y de que están como nosotros hace 30 años. El hombre hace una llamada y viene un chico que mira el cambio, le decimos si es posible por lo menos enderezar y ajustar ese para hacer las cinco etapas que nos quedan hasta Kutaisi donde parece que hay tienda con recambio. Suspira y nos hace un gesto para que le sigamos.
Caminamos por la acera y el chico accede por una puerta de chapa donde está escrita la palabra “Zaza”, dentro un patio de tierra con montones de bicis desmontadas. Le quita el sillín, y la mete en un tubo sobre una mesa y la pone del revés. Mira el cambio y no tiene buena pinta. Le decimos que la haga con calma, que nos escriba cuando esté hecha. Me señala el hombre de la tienda y dice whatsap. Así que le dejamos con una misión imposible y volvemos a la tienda para dejarle al señor nuestro número para que nos avise.
Nos vamos a comer, comprar y regresar a casa con la esperanza de que Zaza haga magia y no nos privemos de la zona más bonita de Georgia que tenía marcada con una “x” en el mapa.
Ruta en strava.
