92KM 180+
Algo que no había comentado es que la temperatura de Rize no ha bajado de 25º desde que llegamos, ni por las noches, pero con un porcentaje de humedad elevadísimo por la cercanía el Mar Negro. Así que nos pegamos la mayor parte del tiempo sudando y el cuerpo crea nuevos poros para evacuar. Usamos con moderación el aire acondicionado y a la noche, no sé qué botón aprieto y nos despertamos empapados cuando suena el despertador. La etapa será llana pero larga, así que sacamos chispas del bufet del desayuno y toca bajar todas las maletas y esta vez, añadimos las bolsas del cuadro porque las quitamos para llevar las bicis a arreglar a la tienda, con lo que estamos más de lo habitual en la calle y sin salir ya olemos a mandril.
La etapa va a ser de las más feas, si no la más fea del viaje con diferencia. La costa turca del Mar Negro es una autovía que recorre la primera línea del litoral y si quieres evitarla tocará hacer muchos más kilómetros por carreteras del interior o salir y entrar por vías de servicio que aparecen de vez en cuando. El Mar Negro es estratégico para la salida del producto ruso y de los países del Cáucaso al comercio del mediterráneo. No hemos parado a ver como son las playas de esta costa, unos 1.500km de litoral turco por ella, pero creo que las calas más espectaculares dan al Egeo y al Mediterráneo y el turismo de aquí es diferente. En las ciudades por las que pasamos, Trebisonda, Rize, Hopa, cuentan con grandes puertos y enormes movimientos de mercancías. La gran autovía se llena de camiones con matrículas de Georgia y Azerbaiyán, normal, pero vemos ya de Kazajistán y Uzbekistán y de repente somos conscientes de que en poco tiempo rodaremos por esas carreteras y nos generan simpatía. En varias ocasiones hay enormes filas de camiones que ocupan el arcén durante cientos del metros. Algunos comiendo, otros descansando y otros comprando. La dura vida del camionero…
La etapa es un ejercicio mental, circular por una autovía, a veces sin arcén, que a penas nos muestra las vistas al mar en la izquierda y a la derecha, donde el relieve asciende con paredes de bosques. El día es nublado, las ciudades y pueblos costeros se construyen adaptándose a la geografía entre bosques y hay grandes puertos en ellas. Si no supiéramos que estamos por Turquía y alguien nos dijera un lugar que no sugiere a primera vista, podría ser perfectamente el País Vasco.
La etapa no es dura, la temperatura es buena y sólo sudamos cuando paramos por la razón que sea. Las ciudades suponen un respiro y nos dan una salida de la autovía, las recorremos por dentro y en casi todas un río enorme baja de las montañas al mar. Este mar recibe mucha agua dulce y su menor salinidad hace que sea más frío que el Mediterráneo, que en estos momento supera temperaturas históricas incluso en invierno.
Cuando llegamos a Adersen estamos en el ecuador de la etapa y buscamos un lugar donde tomar café. Es domingo y los cientos de negocios que hay están cerrados. Si de normal en estos países todos los bajos de los edificios son comercios, en zona costera se multiplican y le añadimos miles de artículos de plástico que algún día acabarán en un vertedero. Los pocos locales de comida que hay, nadie hace café con lo que terminamos sentados en un banco comiendo fruta y unas galletas que tenemos. Descansamos un rato y a por la mitad de la etapa que queda. Generalmente cruzar las ciudades es incómodo por el tráfico y hoy nos supone un refugio de la vía que nos lleva hacia Georgia y de la que no podemos escapar. Salimos de nuevo a la autovía y al poco se nos une un señor mayor que va en bici de carretera, vieja, de cambios en el cuadro y con casco. Si no recuerdo mal es el primer local en toda Turquía haciendo bici como deporte. Al saludarnos por detrás casi saco el corazón por la boca y le suelto un “mecagüen que susto”, que no lo entiende pero sabe que casi me mata del infarto. Se nos une, pero no habla inglés y la falta de comunicación hace inviable pedalear juntos y menos por una autovía. Nos dice “té en Findliki”, pero acabamos de arrancar y queda mucho, hay que lanzar la etapa, le agradecemos la invitación y nos despedimos a la entrada del pueblo.
Cada vez estamos más cerca y el próximo objetivo es Arhavi, nueva salida de la autovía pero antes nos toca el segundo túnel de más de un kilómetro donde hacemos de nuevo apnea y por arriba y por debajo de lo apretado que llevamos el culo, los camiones pasan pegados y sólo pensamos en salir. Luego por primera vez la carretera secundaria va más cercana a la costa y la razón es que hay un aeropuerto justo en el mar. Aterrizar con el viento marino será como en el de Bilbao, tarea para expertos. Llevamos ya 80km y pensamos ir hasta una zona de acampada pasado Hopa, pero las nubes se vuelven cada vez más grises. Paramos y el pronóstico no juega a nuestro favor los próximos tres días, veremos en Hopa que hacemos. Callejeando vemos que es una ciudad industrial, portuaria y hay mucho tráfico. Antes de pensar si vamos a seguir o no, nos paramos y decidimos comer un pide (pizza turca), nos queda algo de dinero en metálico y hay que gastarlo antes de salir a Georgia y los pides están riquísimos y no volveremos a comer.
Miramos los locales cercanos y un chico aparece en bici sudado de arriba abajo jadeando. Toma algo de aire y nos habla en un inglés escaso. “Llevo varios kilómetros siguiéndoos, ¿queréis comer algo?”, “Sí, hemos pensado en un pide, ¿conoces algún sitio?” “Seguidme”. Lo que seguimos es nuestro instinto y caminamos con él hasta un local en una terraza desde la que vemos las bicis que hemos dejado abajo. Le miro a Shei, “¿le invitamos?, así compensamos todas las veces que nos han invitado”, me hace el gesto de ok y subimos con él. Lo mismo es una estratagema y nos quedamos sin bicis, pero no lo parece. Nos dice que vive en Hopa, que está haciendo bici para adelgazar porque tiene colesterol, que qué rápido íbamos (20km/h…) y elegimos los pide y el nada. No os preocupéis estoy a dieta, elegid lo que queráis yo pago. No, lo hacemos nosotros. No, esto es Turquía, pago yo. Al final aceptamos y elegimos dos pizzas. A punto de sacarlas su mujer le hace video llamada. “Mira cariño, estoy con dos españoles que viajan en bici, voy a comer con ellos (suposición)”. Ella tuerce el morro, y se pone a llorar. Él se levanta y nos pide disculpas, “me tengo que ir, me da que habrá bronca”. Antes de irse, paga y se despide. Desde la terraza vemos a Ismail montado en su bici sudando ahora más por lo que le espera, que por el ejercicio.
Comemos a la salud de nuestro fugaz anfitrión y nos lanzamos a buscar alojamiento. El chico del restaurante nos acompaña a uno municipal, pero es carísimo, así que nos despedimos y callejeamos. Preguntamos en dos y el segundo por 30€ con desayuno incluido para los dos es buen precio. No buscamos más, metemos las bicis en recepción, quitamos las bolsas, subimos a la habitación y descansamos de los más de 90km de etapa.
Ruta en strava.
