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ETAPA 48 CABAÑA DE TURGUT-RIZE

81KM 130+

No todos los días se duerme en una cabaña en pleno desfiladero. La etapa fue dura y caímos redondos rápido. La noche ha sido menos fría de lo esperado y hemos descansado muy bien. Quizá sea la primera vez en todo Turquía que no se escucha la llamada al rezo de las 4:30 de la madrugada. Antes de las 6:00 Turgut se ha levantado y le escuchamos haciendo cosas en la planta de abajo. Nos vestimos y bajamos todas las alforjas a la carretera. Ahí está Turgut, con cara de dormido y nos tomamos un té con él. Lo cierto es que dan ganas de quedarse tranquilo en la terraza viendo como el sol cambia los matices de los árboles del bosque y la roca.

Nos despedimos con una foto y un abrazo y comienza la bajada al Mar Negro, estamos a 1600msn y en 50km llegaremos a cero. Pensamos que nos queda mucha bajada por camino irregular, pero a los 2km el desfiladero da paso al asfalto y a una carretera por la que se suceden pequeños pueblos de casas que se agarran a la montaña como pueden. Las laderas tienen inclinaciones imposibles y en los espacios en los que no hay árboles, hay campos de hierba para los animales. A esas horas ya hay gente cortándola y formando enormes fardos que lanzan rodando hasta la carretera. De vez en cuando vemos una pila de varios fardos y un tractor que los recoge.

Bajamos velozmente y el efecto es de montañas creciendo a nuestro paso, cada vez la cima está más alta. No vemos mucho más que lo que nos deja cada curva. Paredes enormes de bosques que se abren paso a cada pedalada. Tenemos las sensación de estar bajando por una carretera de Suiza, como si la cabaña de Turgut nos hubiera transportado a otro lugar en el mundo que nada tiene que ver con la Turquía que hemos vivido y mucho menos con la de 30km atrás donde el paisaje era de perfiles redondeados y casi sin vegetación. Qué caprichosa es la geografía que en una vertiente afrontes la vida con dificultad y en la otra tengas todo lo que necesites, agua, madera, roca, tierra…

Seguimos el curso del río y a los 28km llegamos a Çaykara donde paramos a desayunar algo. Un pueblo de paso, expuesto a los dos lados de la carretera a lo largo. Los negocios están al lado del sol, con lo que nos refugiamos en la sombra de nuestras bicis sentados en el suelo. Compramos un par de cafés y nos hacemos dos bocadillos de crema de cacahuete. No pasa ni un minuto y un señor aparece con dos tés para nosotros que aceptamos de buen agrado. Al rato una, bolsa baja atada a una cuerda desde la ventana de encima nuestra para que una señora le meta la compra, como hace muchos años en España. En ese momento aparecen unos obreros que la tarde anterior arreglaban el camino frente a la cabaña de Turgut con la excavadora. Nos reconocen, les saludamos con entusiasmo y les prometo las fotos que les hice la tarde anterior. Es curioso como en situaciones tan aisladas se crean ese tipo de vínculos que no se darían en plena ciudad, donde quizá no habríamos hablado con esos obreros.

No sabemos la temperatura, pero el calor es intenso y la radiación golpea fuerte, nos protegemos con crema y seguimos camino. Un túnel justo al salir del pueblo nos transporta a otra dimensión de dos carriles hasta el mar. Hemos amanecido en una cabaña a 1600 metros de la que hemos salido por un camino de tierra estrecho por un desfiladero, luego una carretera estrecha nos lleva a una mejor asfaltada y un túnel nos conduce a una especie de autopista. Si mostrase las fotos de cada lugar, nadie diría que todo eso ha pasado en menos de 30km, cuatro realidades muy diferentes.

Bajamos otros 20km hasta el mar siguiendo el curso del río que va creciendo en anchura y caudal conforme le llegan riachuelos. El valle se ha estrechado y ya no hay escapatoria bajamos sin freno hasta Of, la ciudad que da al mar. La humedad nos da un sopapo en la cara y comenzamos a sudar al instante, por suerte una nube bien situada nos refugia de ese sol que en Çaykara amenazaba con quemarnos.

Hemos estado casi tres semanas pedaleando a más de 1000msn por una Turquía rural, tranquila, local y nos encontramos en el lugar de veraneo de los turcos, con lo que los edificios se estiran para albergar hoteles, hay más negocios para el turismo y la flota de vehículos cambia. Paramos a comer algo en una gasolinera y ver qué nos queda de etapa. No sabemos donde dormiremos y pedimos a los trabajadores si pueden llamar a un hotel en Rize para saber el precio. Un chico que nos iba a alojar con una aplicación para ciclistas, ha dejado de dar señales de vida un día antes y tendremos que buscar alternativa. No dudan en hacer llamadas y nos encuentran algo asumible con desayuno. Así que nos lanzamos a ello. El problema es que no hay casi carreteras paralelas a una especie de autopista que va paralela al mar. No entendemos como han permitido que la primera línea frente al mar sea la vía de comunicación privando de las vistas a todas las personas que viven a lo largo del Mar Negro.

A ratos conseguimos ir por vías laterales más tranquilas, pero nos comemos muchos kilómetros sin casi arcenes y camiones pasando cerca. Lo peor es que hasta Georgia nos quedan más de 100km así, con lo que tendremos que respirar y afrontar de las etapas más tensas, feas y aburridas del viaje. Hoy por lo menos seguimos con el recuerdo del amanecer que nos conecta con la belleza de la montaña.

Antes de la 13:00 llegamos a Rize y lo primero que hacemos es ir a la plaza central de la ciudad. Dos dibujos enormes de la imagen de Erdogán con la bandera, una mezquita nos reciben. Comemos un döner en la misma plaza, nos quedan dos días en Turquía y hay que degustar los que nos quedan. Antes de ir al hotel localizamos una tienda de bicis que hay cerca, mi manguito del manillar se ha roto, la pata y hay que ajustar la bici antes de entrar en Georgia, que vienen etapas muy duras. Super amables nos dicen que nos las hacen para mañana. Regresamos al hotel, subimos todo, llevamos las bicis y nos vamos a casa a ducharnos, hacer tarea y sobre todo descansar.

Al día siguiente disfrutamos del bufet del desayuno en un octavo con vistas a toda la plaza central. La tienda nos escribe que están las bicis y por ajustar cambios, poner pastillas, cambiar manguitos, pata y sillín nos cobran 75€, un super precio como apoyo al proyecto. Nos vamos a comer y regresamos al hotel que aún hay gestiones pendientes antes de cambiar de país. Dejamos el baño en el Mar Negro para otro día.

Ruta en strava.

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