
El hotel en que dormimos es sencillo, tendrá más de 50 años el edificio y el ascensor es de los de puerta con cristal. Los muebles son viejos y una nevera pequeña que parece inofensiva está desenchufada. Podemos comprar fruta y tenerla fresca, nos alegramos. Salimos a la calle para comprar y comer algo y al regresar, durante la tarde hacemos tarea, hablamos y el ruido es el de nuestra mente, pero cuando cae la noche, cuando cerramos los ojos y prestas atención, la nevera se crece y se hace presente hasta pensar si es mejor desenchufarla, pero la fruta fresca sabe mejor. Nos abstraemos y conciliamos por fin el sueño.