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ETAPA 298 ARAMITS-ASOLAZE

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50KM 1560+

Última noche en Francia, la visita de Aitor provoca un terremoto verbal, es mucho tiempo sin estar juntos y una conversación lleva a otra y se nos hace tarde. En mi caso, cuando todos están durmiendo yo escribo la etapa y la subo a la web, el vídeo no me da tiempo de editarlo. Me meto a la cama nervioso pensando en si el pronóstico cumplirá con la lluvia, si esos 28km de subida con 10km al 9,5% se nos harán muy duros, cómo llegará Shei arriba. Con lo que durante la noche tengo un duermevela que me despierta varias veces, pero todo llega a su fin y suena el despertador de las 6:30 para realizar al etapa que nos regrese a Navarra 530 días después.

Aitor ha dormido en el sofá de un apartamento pequeño, pero muy bien aprovechado. La casera no tuvo problema en meter a otra persona más, primero por ser el cumpleaños de Shei, segundo por ser consciente de que regresamos después de mucho tiempo y la visita sorpresa está más que justificada. Desayunamos yogur con cereales y fruta y un buen café. Dejamos todo limpio para que no nos cobren extras y bajamos todo a la cochera. Hace buena temperatura, está ligeramente nublado, pero no llueve. Nos hemos relajado y salimos media hora más tarde de lo deseado, en un día tan duro no es buena idea.

Arrancamos subiendo ligeramente de Aramits a Arette. Esta zona a los pies de los Pirineos es llana, con pastos y vacas. Todo está en sombra porque el sol comienza a asomar por detrás de la montaña. Cuando pasamos por Arette, los niños están yendo a la escuela y tanto padres como hijos nos saludan y nos animan. Saben que la dirección en la que vamos sólo tiene un destino, La Piedra de San Martín. Una de las carreteras va hacia un valle que está a la izquierda donde el cielo se ve claro y lo único unas nieblas que le dan un aspecto muy fotogénico, pero nosotros seguimos recto, donde la niebla cubre todo el paisaje y da sensación de frío. Lo bueno es que comenzamos a subir desde el segundo cero.

La primera parte de la subida sube como una serpiente por un valle, entre bosque. Primero suave, al 3%, lo suficiente para ir calentando y hacernos a la idea de lo que se viene encima. Ya sabemos que a partir de los 12km el puerto se va a poner serio, pero cuando vemos el cartel que pone quedan 19km y quedan 1400+, próximo kilómetro al 9,5% nos pilla por sorpresa. Desde ahí tocan casi 10km así. Bajamos a plato pequeño, subimos piñones y comienza la subid a modo tractor. Aunque el ritmo es el mismo de siempre, la sensación de frescura es mejor. Ir con Aitor conversando ayuda a no pensar en la dureza de las rampas y pronto vemos el siguiente poste, quedan 18km. Shei y yo ya rompemos a sudar, Aitor entre que lleva 40kg menos de bici y que está muy fuerte, va como si nada. Lo increíble es que la lluvia anunciada ha desaparecido, vemos el cielo azul y pronto alcanzamos un rato donde el sol nos calienta. Esta subida mojados y con el cielo cubierto habría sido muy dura. Nuestro plan inicial era hacer una parada en mitad de la zona dura y luego otra a falta de 6km para llegar a la cima, pero Shei va bien y creo que lo mejor es que no pare hasta el final de lo duro para que no tenga que arrancar con rampas duras después de un descanso. El día acompaña, el bosque, las vistas, las potocas (caballos de raza de esta zona), la niebla al fondo del valle que hace que la foto sea aún más bonita. Los kilómetros caen y ya sólo quedan tres duros, “venga Shei, del tirón, que tú puedes”. Puede, sufre, suda, resopla, pero puede y curva a curva estamos ya a más de 1300msnm, nos quedan 450. La parte final de la parte dura, se nota que la altitud afecta a la vegetación y asoma la roca caliza de esta zona. Una parte muy bonita de roca y árboles da paso a el cruce desde donde iríamos a Izarbe o hacia la Piedra de San Martín. Nos quedan dos kilómetros duros después de unos suaves que hemos hecho. Una rampa hasta la estación de esquí donde hace unos años veía ganar a Froome en el Tour. Aquel día la subida tenía vallas y todo estaba lleno de gente alentando al británico. Hoy nadie nos anima, una autocaravana aparcada con una pareja mayor disfrutando de los rayos de sol. Damos la curva en la estación, estamos a menos de 3km, vemos la cima al fondo, quedan varias curvas, un tramo duro, pero ya llegamos. Aitor se adelanta, se lleva el móvil para grabar nuestra llegada juntos a Navarra, 530 días después de dejarla con un ferry hacia Italia, con todo el viaje por delante y todas las dudas. 298 etapas después sabemos que ha sido un éxito, todo ha salido bien, hemos llegado a todo. Nos agarramos la mano, la subida más dura de Europa la hemos superado con éxito, entramos en España. Nos abrazamos, nos besamos y nos hacemos la foto. Ese momento vale mucho.

En ese sitio exacto se celebra el tributo a las tres vacas. Hace siglos Francia y Navarra compartían pastos y aprovechar esos recursos generó disputas entre ganaderos del Roncal y de Baretous. Hubo enfrentamientos violentos y en 1375 se llegó al punto de que en Ansó se celebrara una especie de juicio. El resultado fue que los pastores de Baretous tenían que entregar tres vacas a los de Roncal. Desde entonces ese tributo ha sobrevivido al tiempo, a las guerras y se ha convertido en una tradición. Se dice que puede ser la sentencia o una de las sentencias más antiguas de Europa. Cada 13 de julio a 1.700metros se celebra en el lugar donde nos hacemos la foto ese acto. El acalde de Isaba pronuncia tres veces “Pax Avant”, que simboliza la voluntad de mantener la paz y se efectúa la entrega de los tres animales. Es un símbolo de convivencia entre dos países.

Comenzamos a bajar y vemos el cartel de Comunidad Foral, estamos en Navarra y pocos años antes, entrenando para este viaje hacíamos un recorrido que salía de Belagua hacia Francia, el de “las golondrinas”. Lo bonito detrás de ese nombre es que hace referencia a mujeres. Desde mediados de s.XIX al mediados de s.XX, muchas mujeres jóvenes de los valles navarros cruzaban para trabajar temporalmente en Francia. Se les llamó golondrinas porque sus desplazamientos coincidían con las estaciones. El destino principal era la fábrica de alpargatas de Mauleón. El camino desde Belagua no era fácil, cruzaban montañas, pasos altos, con frío y nieve. Nosotros hicimos la ruta de cuatro días y con buen tiempo es un placer para los sentidos.

Regresamos a nuestro descenso. Sólo queda bajar Santa Engracia, una zona geológica muy antigua, antiguo glaciar y que nos lleva rápidamente a paisajes conocidos. Estamos en Navarra. El acordeón de la memoria no es consciente del tiempo que ha pasado, parece una semana, pero hemos recorrido 21.000km y cinco continentes. El día permite bajar, disfrutar del aire en la cara, de las vistas al valle de Belagua. Llegamos al rincón, sonreímos, ha sido más fácil de lo que pensábamos. Cuando llegamos al cruce que nos lleva al camping, nos despedimos de Aitor, nos ha venido a acompañar en la subida, pero el tiene que regresar a casa, le quedan 100km y es la 13:30, es un titán (a las 19:30 llega a casa después de una paliza contra el viento y el esfuerzo). Nosotros subimos al camping y nos sentimos en casa, entendemos lo que dice la gente. Comemos un bocadillo que nos sabe a gloria, nos da el sol en la cara y el resto de la tarde disfrutamos, estamos muy orgullosos. Nos quedan dos etapas. 

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