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ETAPA 297 BETHARRAM-ARAMITS

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61KM 720+

La habitación la compartimos con Patricia y Paul, una pareja de jubilados franceses que están peregrinando de Carcassonne a San Juan de Pie de Puerto. Desayunamos con ellos lo que nos ofrecen en el albergue, un café y pan con mermelada, suficiente para afrontar la etapa de hoy. Shei hoy se levanta con un año más, cumple 44 años y lo celebra con un día soleado y buena temperatura. Bajamos todas las cosas, montamos las bicis y nos hacemos una foto con la pareja antes de iniciar cada uno su etapa.

Salimos a las calles de este pequeño pueblo francés con un monasterio y varios santuarios, parece más la típica subida a templos de la India. Hace un día buenísimo y pronto nos metemos en la carretera hacia una secundaria que nos lleva a Arudy. Da igual que hayamos salido casi a las 9:00 hoy da la sensación de ir todo más fluido. De hecho, el apaño que hicimos cortando tacos de la rueda ha funcionado y ya no me rozan en el cuadro. Voy mucho mejor y parece que ya no será un sufrimiento para subir hasta Navarra.

Hoy el cielo está raso, el verde de los campos, parece más verde. Se nota que es una zona húmeda donde las nubes que vienen desde el Atlántico o por el motivo que sea, descargan. Todo está muy verde a pesar de salir del verano. Pedaleamos por valles con montañas llenas de vegetación de cimas redondeadas. Es un paisaje amable, que no te altera verlo como las montañas con agujas de los Alpes al entrar en Francia desde Suiza. Por los campos hay muchas vacas y ovejas y como en casi todo el país cada dos por tres ves carteles de “Venta de queso”. Comer queso aquí es un placer. Nos acordamos de aquella etapa en el Congo donde un francés nos alojó en su casa y veíamos medio salón lleno de juguetes que se había traído en un contenedor para hacer deporte. Nos ofreció queso y viendo ese salón, capaz de tener una tabla de quesos franceses en la nevera, así que aceptamos felices. La realidad nos golpeó sin miramientos cuando trajo una caja de quesitos de la vaca que ríe. Comimos felices igualmente y nos seguimos riendo, pero esperábamos otra cosa.

Esa parte de la etapa sube poco a poco hasta una subida previa a Arudy por la que pasamos dos años antes. No es muy dura y pronto bajamos a este pueblo de techos de pizarra y azulado porque la montaña aún tapa el sol y está en sombra. Paramos en el supermercado para llevar algo de vegetales para la comida y de paso almorzamos bollos con café. En cuatro días, esta dieta azucarada y de harinas tiene que desaparecer o vamos a engordar por segundos.

Nos quedan unas postales pendientes que tenemos que enviar si o si desde Francia porque llevamos sellos para este país. Justo cuando terminamos de escribirlas aparece la cartera con una furgoneta amarilla y le preguntamos donde está la oficina de correos, “Aquí estoy”, con una sonrisa se lleva nuestras postales y nos evitamos buscar un buzón. Con ese gesto amable nos montamos en las bicis y vamos a por Aramits. Salimos de Arudy viendo señales de yacimientos arqueológicos. En esta zona, se habían encontrado restos del paleolítico, pero fue con George Laplace, un arqueólogo, que impulsó con su contribución mostrar otras épocas como el mesolítico o el neolítico. No se trata de un único yacimiento que explique toda la historia humana, sino de un conjunto de lugares y descubrimientos que permiten reconstruir distintas épocas, ahí radica la importancia de saber que hay presencia humana desde hace miles de años y de ver la evolución en diferentes momentos.

Desde ahí la etapa transcurre por carreteras que suben lentamente por bosques, con carreteras sinuosas por donde se filtra el sol y que es una de las más bonitas que hemos hecho. Son esos días donde los esfuerzos son contenidos, donde el clima no destaca y no piensas en él, donde los paisajes son bonitos y donde casi no hay fatiga. Sólo queda disfrutar pedaleando. Etapas para conquistar a un principiante o a esa persona que quieres captar para hacer viajes en bici y quieres que no salga huyendo. Tenemos dos subidas más, ambas de las que te dejan pedalear sin atascar las piernas, que sudas lo justo y en las que te sientes fuerte. En la segunda vemos cada vez más cerca la subida que acometeremos en la siguiente etapa. Hemos dejado el cruce en Arudy que nos llevaría a Laruns y que precede al Portalet. Toda esta zona está plagada de puertos míticos del Tour de Francia en los Pirineos, Tourmalet, Aspin, Aubisque, Gavarnie, Hautacam, Cauterets… es un paraíso ciclista y muchos más por carreteras estrechas entre caseríos que son un placer para los sentidos. Toda esta zona es el Bearne francés que precede a el Pais Vasco Francés, la Baja Navarra. Las casas, la lengua, la cultura es la misma que la nuestra. Son hermanos con acento francés. Todo es como en casa, los frontones, la comida, las txapelas. Ahora sí, ya podemos decir que hemos llegado a nuestra tierra.

En la segunda subida conocemos a otro cilcoviajero, Gregoire, es de Olorón y charlamos un buen rato de la subida que haremos a la Piedra de San Martín, de sus viajes en bici (muchos) y del nuestro. Un chico muy majo que despedimos en Arette. Este pequeño pueblo es el inicio de la subida, pero hoy lo dejamos atrás porque dormimos en Aramits, que está a 4km. Lo curioso de este pueblo, es que Henry d´Aramitz, un noble Bearn del s.XVII, fue el que inspiró a Dumas para el personaje de Aramis en los tres mosqueteros, Portos y Athos también están basados en nobles de esta zona y D´Artagnan es de Gascuña. Así que es noble no se imaginaba que siglos más tarde sería tan famoso y que su novela de aventuras sería incluso llevada al cine. Los mosqueteros los asociamos con el florete y pensamos que estaban todo el día retándose a duelo, pero en realidad, eran la guardia más preparada del monarca y su arma era el mosquete, que era de fuego. Pero para las novelas, el florete daba más juego.

Callejeamos por el pueblo de la novela y llegamos a la casa donde dormiremos la última noche francesa. Leticia nos muestra el cuarto, nos instalamos y comemos bien de arroz para la etapa épica que viene. A punto de echar la siesta alguien llama a la puerta, Shei baja y un señor parece que se queja, quizá sea el del otro apartamento y me llama para ver si yo le entiendo. La sorpresa es que mi amigo Aitor ha venido para hacer la etapa siguiente juntos. Así que el cumple de Shei tiene regalo para mí. Pasamos la tarde contándonos batallas y nos cocinamos tortilla de patatas de bolsa y ensalada. Un pastel hace las veces de tarta y un mechero de vela. Así que cantamos el cumpleaños feliz y nos vamos a la cama a descansar que mañana toca etapa muy dura pare regresar a Navarra. 

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