50KM 700+
Descansamos bien, aunque a momentos creo que está lloviendo mucho y es el río que pasa cerca. Escucho el ruido de la corriente y me relajo hasta que suena el despertador y recogemos todo rápido. Hoy no comenzamos pedaleando, el día anterior nos regalamos unos tickets de tren para subir hasta la cima por uno de los recorridos en tren más famosos y espectaculares de Europa, por donde circula el Bernina express. El tren pasa a las 8:15 y no queremos perderlo porque el siguiente pasa hora y cuarto más tarde y nos retrasaría mucho la etapa. Por consejo del señor que trabaja en la estación, lo bonito es bajarse en Alp Grüm, ver las vistas a la montañas y subir de nuevo hasta la cima. Lo más seguro es que lo hagamos.
Con los nervios de no perder el tren llegamos 40 minutos antes. Hay una cafetería al lado y nos planteamos tomar un café, pero valen casi 4€, así que nos conformamos con uno frío soluble. Mientras esperamos el tren, pasan tres hacia Tirano y como sólo hay una vía nos crea la duda de si habrá otra vía en otro lugar para subir. Pero en la pantalla sale el nuestro de las 8:15 y confiamos que habrá cruces de vías en otras estaciones y estará todo medido. En el país de os relojes suizos, el tren llega con dos minutos de retraso. Tanto el Bernina express como el regional son de color rojo. Tienen bastantes vagones, con lo que queda muy estético una ralla roja que atraviesa la montaña y más cuando todo el paisaje está nevado. En este paisaje montañoso viajar en tren adquiere una dimensión diferente, algo casi de dibujos animados donde el creador crea escenarios de fantasía y un tren cruzando, pero es real.
Uno de los vagones tiene el dibujo para las bicis y al abrir la puerta nos encontramos tres escalones altísimos y el esfuerzo de subir las dos bicis que pesan casi 60kg es explosivo. Acabamos de estar en Croacia y Serbia donde los vagones dedicados a las bicis eran bastante accesibles y llegar a un país en el que presupones que todo estará más evolucionado, te encuentras más dificultades. Imaginamos a una mujer mayor con su bici eléctrica y si nadie la ayuda, imposible subirla. La cuestión es que subimos al tren y tenemos unos 40 minutos de subida hasta Alp Grüm. Vamos subiendo por el fondo del valle y de momento hay visibilidad, pero nos tememos que esas nubes de arriba nos priven de las vistas. Ascendemos por bosques, por la loma de la montaña y lo espectacular es que hay diferentes túneles que nos pasan de un valle a otro. Conforme ascendemos asumimos que hoy no habrá regalo visual. La niebla es espesa y por momentos miramos por la ventana hacia la nada, al otro lado es blanco. El tren va parando en estaciones y la cuarta es la de Alp Grüm, se supone que ahí hay un lago y las montañas imponentes, pero no vemos absolutamente nada, no tiene sentido hacer el esfuerzo de bajar las bicis, para ver la niebla y tener que esperar otra hora al siguiente tren. Con lo que decidimos seguir hasta la cima. Ahí se suben varios alemanes bastante mayores con bicis eléctricas de descenso. Les ayudo a subirlas. Son bastante mayores y van equipados a tope para descenso. Ahora firmo por estar a su edad haciendo esas actividades.
A los 15 minutos llegamos a Ospizio Bernina, es casi la cima del puerto. Bajamos en una estación que parece sacada de una película de la 2ªGM. El bar está cerrado, las sillas recogidas, todo parece algo desangelado con la niebla. Vemos ligeramente el lago que hay en frente, pero nada de las montañas. Los de las bicis eléctricas se marchan por un camino de tierra muy empinado y me doy cuenta de que también es nuestra salida. Mucha más gente que iba en el tren salen con sus mochilas a hacer paseos por la zona. Aprovechamos el baño y pensamos que mejor subir esa cuesta hasta la carretera y desayunar arriba que meternos ese repechón con el estómago lleno. Son sólo 600 metros, pero al 10%, comenzar la etapa así te pone las pulsaciones por las nubes. Salimos a un punto que a la derecha va hacia la cima y a la izquierda descendemos a Saint Moritz.
Hay una terraza con sillas y el bar está cerrado. Nos sentamos, comemos algo y nos abrigamos para la bajada. Tenemos 20km hasta Samedan donde queremos comprar bastante comida para tres días. A pesar de la ropa que llevamos, hace bastante frío. La humedad de la niebla se mete por todo y la velocidad enfría rápido todo. Es una bajada con pocas curvas cerradas. No hay mucho tráfico y bajamos ya por debajo de las nubes y podemos ver ya todo el valle. En realidad todo está nublado y aunque el pronóstico decía que hoy no llovería, falla y llegando a Samedan comienza a llover. Ahí paramos porque dormiremos tres días en un camping en la montaña alejado de todo. Gestionar tres desayunos, comidas y cenas, no es fácil y hay que ir a lo práctico, pero latas para tres días, fruta y alguna cosa más, es muy pesado, cuando sale Shei, colocamos como podemos todo en las bicis. Incluso una docena de huevos que esperamos que lleguen intactos.
Paramos en la gasolinera para rellenar el combustible y los precios de las cosas parecen los de los aeropuertos de Dubai o Estambul. El precio de la gasolina está carísimo, pero es algo generalizado. La guerra de Trump con el mundo está provocando el encarecimiento de todas las cosas. Comienza a llover y nos queda una subida no muy larga pero con 6km muy duros. En Le Punt-Chamues paramos para quitarnos ropa, aunque hace fresco, pronto entraremos en calor. La subida empieza desde la misma carretera. Las primeras rampas son al 11% y rápidamente dejamos atrás el valle. El puerto hace unas cuantas eses con vistas al paisaje del que venimos y luego se adentra en el valle del Albula. La lluvia fina va calando y el viento en altura es frío. Si nos abrigamos sudaremos más y es un dilema saber que hacer. Llegamos a dos días de descanso y con la niebla las vistas están anuladas, con lo que lo único que queda es llegar arriba para poder bajar al camping a descansar. Los kilómetros pasan lentos y Shei va al límite. Nos adelantan, motos, coches, caravanas y ciclistas que bajan. Nadie, absolutamente nadie nos da un bocinazo de ánimo en esas condiciones. Seguimos a lo nuestro y cuando llegamos a la parte más alta de la zona dura paramos para abrigarnos un poco. Estamos helados y mojados. Nos quedan 3km hasta la cima, pero que van rápidos. Arriba hay un refugio que está cerrado y en el rato que estamos parados cambiándonos de ropa, pasan deportivos, moteros y nadie saluda. Estamos tan decepcionados que nos grabamos un vídeo explicando lo que sentimos. Hemos recorrido medio mundo y desde Turquía hasta Tayikistán, de Sudáfrica a Camerún, de Chile a Bolivia, todos los días la gente te saluda, te anima, te pregunta si necesitas algo y desde que hemos llegado a Europa somos invisibles. La gente mira hacia dentro, importa más pilotar un coche deportivo, presumir y sentirte grande con la mirada de la gente, que animar a dos personas que suben un puerto a 2300 metros bajo la lluvia y el frío.
Nos cambiamos, nos abrigamos y nos lanzamos hacia el camping. Esta carretera hoy parece algo normal, pero este paso hace varios siglos era muy complicado. Era un paso necesario para el intercambio mercantil, pero los desfiladeros eran muy peligrosos. La anécdota es que la primera vez que se usó la pólvora para construir carreteras, fue en esta vía de los Grisones. Los pioneros en ese campo fueron Peter Täscher y Peter Sur, dos canteros de Thusis en 1696. Realizaron un agujero en la roca para cruzar la montaña. Aquello supuso un progreso enorme. Aunque los desfiladeros y el transporte de mercancía en burro seguía siendo deporte de riesgo. Fuera de la temporada invernal, había cientos de caballos dedicados a ello. Hubo que esperar hasta 1903 cuando se inauguró el tren que conectaría los dos valles. La vía del tren sigue otro itinerario y gracias a los túneles pasa a 1815msnm, mientras nosotros pasamos los 2.315msnm. Esta carretera es el resultado de siglos de duro trabajo para pasar estos montes con seguridad.
Aunque la vía es mucho más diáfana, la lluvia y el frío hacen que los 14km que nos separan del camping se hagan eternos. La dirección de la bici se tambalea del temblor que tenemos. Paramos un par de veces para entrar en calor. Es error nuestro ya que tenemos unos escarpines, una camiseta térmica y mejores guantes en las alforjas, pero hoy no había esta previsión y los teníamos guardados. Desmontar alforjas, abrirlas, buscar y montar de nuevo todo es mucho más lento que bajar sufriendo un poco hasta el camping. La bajada, dentro del frío es preciosa. Curvas que van bajando por el circo, por todo el valle donde de vez en cuando vemos puentes por los que circula el tren. Como siempre digo, todo acaba y por fin vemos la entrada al camping. Ahí está Mark, el dueño. Nos habíamos escrito con él días antes y nos ayudan con el precio. Pasaremos tres noches para descansar, secar todo y escribir el artículo 17 de rumbos olvidados.
Cuando llegamos sigue lloviendo y el cuerpo nos tiembla de frío. Buscamos un lugar donde poner la tienda de campaña, justo al lado de un pequeño techado con una mesa. Son las 16:00 de la tarde y tenemos hambre, así que comemos algo antes de ducharnos e instalar la tienda. Entramos algo en calor, pero cada vez llueve más. No queda otra que montar todo como esté. Así que primero secamos todas las alforjas debajo del techo, preparamos la tienda y lo hacemos lo más rápido posible para que no se moje nada. Sheila se queda dentro y le voy pasando cosas. Instalamos nuestra pequeña casa y tendemos varias cosas dentro y fuera bajo el techo dejamos otras tantas. Nos damos un duchazo caliente y nos metemos un poco a la cama. Aunque son las 18:00 de la tarde el cuerpo nos lo pide.
Mientras estamos de siesta escuchamos otro coche llegar y usar el techado, así que salimos. Son Bruno y Valerie, una pareja francesa de 60 años que viaja con un coche y duermen en él. Conectamos al instante y pasamos la tarde hablando. Cenamos juntos con una vela y la conversación nos lleva hasta las 23:00 que ya se nos cierran los ojos. Da gusto hablar con ellos. Al día siguiente compartimos el desayuno y nos falta tiempo para poder hablar de muchas cosas. Su vida ha sido muy interesante y están orgullosos de conocer nuestro proyecto. Sabemos que nos volveremos a ver porque no viven muy lejos de Pamplona. Así que despedimos a esta pareja tan interesante y nos quedamos trabajando en un día soleado. Primero sacar todo y secarlo, lavar la ropa y entre una cosa y otra se nos hace la 13:00 del medio día y aún no he escrito la bitácora ni nada del artículo. Tengo día y medio para hacerlo y espero que las vistas me inspiren. Aquí en cuanto se mete el sol la temperatura baja mucho. Hemos dormido a 5º y nos obliga a pegarnos bajo el saco. Tres noches que nos sirven de descanso y de previsión para el mes que nos queda.