80KM 1850+
Antes de irnos a dormir me acerco a la furgoneta que hay al lado a ver si me pueden cargar el ordenador, casualidad son de Cádiz, Naila y Cristian. Charlamos un rato, sobre todo de nuestra experiencia y la verdad que nos dan mucha envidia con su casa rodante, echamos de menos la furgoneta que vendimos para poder pagar nuestros gastos. Cenamos bien abrigados, necesidades y a la cama. No nos da tiempo ni a leer un poco. La pega es que hay una farola muy cerca con la que no contábamos y parece que estamos en Islandia en pleno agosto cuando casi no se mete el sol. La noche es un duerme vela y es fría. No terminamos de descansar para el etapón que nos toca.
Nos despertamos a las 6:30, hoy tenemos una cita con los padres de Leo, el amigo que vino al proyecto en Bolivia. Él es italiano y al ver que no nos llegaban los chubasqueros, habló con su familia y primero su hermana fue a comprarlos al Decathlon y hoy sus padres harán seis horas de coche para traérnoslos, ¡una pasada! Recogemos la tienda empapada por la condensación, ha hecho 5º a la noche. Pensamos que lo mejor es arrancar cuanto antes y a mitad de puerto comer algo y después en La Villa que es donde hemos quedado con Manuela y Giancarlo. Para comenzar tenemos 20km de subida con 1.100+ hasta los 2.200msnm en el Passo Valparolo. Ya salimos con las piernas bloqueadas y cuesta pillar ritmo. Desde el comienzo nos pasan ciclistas, muchos de ellos con eléctricas. Pocos nos animan. Desde la primera curva las vistas son impresionantes. Subimos por la via que lleva al passo Falgazero, que es puerto de Giro. Cuando subo estos puertos a 6kmh, me apunto para mirar estas subidas en Giros o Tours anteriores para ver el ritmazo que llevan. Sé que no es comparable ya que ellos son profesionales, llevan bicis de 7kg, tienen 25 años y pesan 20kg menos que yo. Pero no deja de ser increíble verlos subir a esas velocidades.
El puerto va haciendo zigzags por bosque siempre con vistas a paredes de roca a ambos lados. La pega es que en todo el día no ha habido medio minuto sin coches ni motos. En ese aspecto creo que la subida habría sido aún más bonita. El día ha salido soleado, pero subimos a 10º y cuando sopla un poco de aire se nota, sobre todo porque vamos sudando mucho. Cuando llevamos la mitad de la subida paramos a comer un plátano. Hay que meter algo de combustible. Quiero pensar que con las reservas del día anterior y ese poco de azúcar llegamos bien hasta arriba. A partir de ahí toca ir descontando kilómetros. Lo curioso es que marca lo que queda en medios kilómetros, quedan 8,5km o 5,5km. En comparación con los puertos franceses que te marcan desnivel medio de cada kilómetro, lo que queda, la altitud, aquí es más escaso.
Toca ir motivando a Shei porque la subida es dura y ya comienza a atragantarse. Lo que me temo según mi gps es que la cima no es en Falgazero y cuando llego al alto, veo que aún queda 1,5km al 10%. En el alto hay una especie de refugio con bar, cientos de coches, motos, ciclistas. Hacemos la foto y con la boca pequeña le digo que aún no podemos abrigarnos porque queda un poco más. Parece poco, pero se hace muy duro. Llego arriba, dejo la bici en la señal de la cima y bajo caminando. Lo que me temía, Shei sube empujando la bici con lo poco que le queda. Le ayudo, subimos, nos hacemos la foto, nos abrazamos y nos disponemos a bajar. Tenemos 14km de bajada hasta la Villa donde hemos quedado con los padres de Leo. Ha sido una buena paliza. En el rato que estamos arriba llegan docenas de ciclistas a hacerse la foto en el cartel.
Desde ahí pasamos al otro valle, nuevo escenario que te quita el aliento. Una bajada de 14km en la que volamos. Yo bajo mucho más rápido que Shei y tampoco quiero perderla de vista, así que voy parando de vez en cuando. La primera parte de la bajada tiene unas buenas rampas, aunque en este caso la subida desde Cortina es más exigente. Vamos dejando atrás ciclistas que van dando chepazos. Qué fácil se ve todo cuando bajas a más de 50kmh. Conforme vamos bajando hay un hombre que nos adelanta varias veces, feliz, va con una eléctrica, va haciendo fotos y creo que siente curiosidad por saber lo que estamos haciendo. A punto de llegar a La Villa, comienza a hablarnos. Vive en Suiza, cerca del Gotardo (subida que hicimos en 2022, 34km muy serios). Nos cuenta que ha estado en España y vamos hablando del placer de los paisajes. Es un entusiasta de la vida muy contagioso. Paramos en el lugar que hemos quedado con los padres de Leo y le comenzamos a contar en que consiste nuestro viaje. Alucina. Justo en ese momento llegan Manuela y Giancarlo. Nos traen los chubasqueros y Elvio, el suizo quiere saber más y nos hace un vídeo y se lleva el nombre de la web. Nos dona 35€ para el proyecto y nos felicita. Los padres de Leo, nos dan los chubasqueros, parece increíble la odisea que hemos tenido con ellos y que sean personas y no empresas las que den solución. Han recorrido casi cuatro horas de coche para llevárnoslos.
En frente hay un sitio para comer, nosotros nos tomamos un café, aprovechamos y desplegamos todo para que se seque y charlamos un rato con ellos. No podemos quedarnos mucho, porque es ya la 13:00 y nos quedan 50km con una subida muy dura de por medio, el passo Gardena. Tenemos 14km de subida, los primeros cinco medio suaves y los 9km desde Colfosco al 7%. Llegamos a Colfosco bien, siguiendo el valle y el río. Han pasado rápidos y nos vemos motivados, quizá no sea tan dura. Pero cuando las rampas comienzan a endurecerse nos damos cuentas del cansancio que llevamos y de lo poco que hemos comido. Quedar con los padres de Leo nos ha trastocado un poco el acordarnos de comer y por segundo día seguido cometemos el mismo error. La historia es que el desnivel medio es el que es, pero luego se hace mucho más duro de lo que parece. Los kilómetros pasan lentos y desde el comienzo subimos con el plato pequeño. Shei tira de donde no hay. Aquí continuamos con el paso de cientos de motos, coches y ciclistas. Hay un momento dado donde se ven todas las eses que llevan hasta la cima. La verdad que con eso tengo dilema, por un lado es ver la épica de lo que te queda y por otro la tortura de ver todo lo que te queda. El cuerpo está para poco y a falta de 3km se le duerme un brazo y pierde el equilibrio. No puede más, pero nos queda muy poco. Comemos otro plátano y unas pocas nueces y saber que queda poco es suficiente motivación para pasar esa parte de rampas duras. A lo lejos se ve el refugio del passo. Muchos coches aparcados. Las montañas que antes parecían enormes y lejanas ahora ya son la parte final. Te sientes muy alto. Siete curvas más y llegamos, cinco, tres, dos, una. 2.136msnm, Passo de Gardena. Vaya palizón llevamos en el cuerpo. El mayor desnivel acumulado de todo el viaje, en tan sólo 48km 1820+. Compramos dos refrescos a doblón, reponemos azúcares de mala manera, nos abrigamos y dejamos el festival de vehículos de un lado a otro. Bajamos a otro valle. Colas de coches bajando atascadas por los autobuses que toman las curvas como pueden. La bajada no es muy rápida por eso.
Ponemos en el mapa avanzar hasta un carril bici que hay ya cerca de Bolzano. Bajamos haciendo mil eses al comienzo y luego ya con más rectas que nos lanzan hasta diferentes pueblos de montañas enfocados al turismo invernal y el esquí. Se nota el nivel de vida, las tiendas de lujo, los coches deportivos. No es un mundo que nos guste mucho. Vamos cruzando pueblos hasta Ortesei. Desde ahí tenemos dos opciones desviarnos por una secundaria, pero con otro puerto de 5km o seguir por la principal con tráfico, pero bajando. El corazón pide paisajes y tranquilidad, el cuerpo bajar. Aunque hay mucho tráfico, al ser de bajada no lo notas tanto, así que vamos rápido quemando kilómetros y después de un túnel llegamos a la autopista que baja a Bolzano. Nosotros iremos tranquilos por un carril bici. Hemos bajado 32km y 1600metros y aun quedan 22km suaves de bajada hasta Bolzano. Si la subida por el otro lado era dura, esta es digna de etapa reina del Giro. Quedará la duda de como habríamos hecho esta subida.
Ahora toca buscar un lugar donde plantar la tienda de campaña, son más de las 17:00 y estamos reventados. Relativamente pronto vemos una parcela privada a la que vamos a preguntar y justo al lado hay un parque. Tiene mesas, un escenario y un señor jugando con su nieto. Le preguntamos si es posible dormir y dice que sin problemas. Así que felices, nos sentamos en una de las mesas, sacamos pan y embutido y comemos algo. Saber que no andaremos más hace que el cuerpo se relaje del todo. Ha sido un día muy duro. Después de un rato, hasta que cogemos ritmo, estamos muy espesos, llevamos las bicis al lado del escenario, nos limpiamos con un trapo mojado con agua y pasamos lo poco que queda de tarde, escribiendo, haciendo la cena y montamos ya con la noche cerrada, la tienda de campaña en el escenario. Parece que nadie nos dirá nada.
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)