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ETAPA 271 INVILLINO-FORNI DI SOTTO

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28KM 600+

En un viaje tan largo y cuando el presupuesto es ajustado, llegas a vivir muchas experiencias curiosas para dormir. Tengo que admitir, que en comparación con muchos cicloviajeros, hemos dormido muy bien y en cama, en más del 75% de los sitios. La realidad de un cicloviajero de largo tiempo es buscarse la vida con la tienda de campaña. Nuestros ahorros y como se han dado las circunstancias nos han permitido poder pagar noches de hotel. Eso sí, también hemos dormido en sitios que muchas personas no lo harían, como es el caso. Dentro del garaje de una casa, con la puerta hacia la casa cerrada y sin baño. Como podéis imaginar no queda otra que mear en botellas, porque no es viable abrir la puerta del garaje y salir al jardín a mear y menos en una noche donde los relámpagos y la lluvia han azotado la puerta desde las 3:00. Uno normaliza estas experiencias, pero intuyo que si a una persona normal, en sus vacaciones le pusieras a dormir en un garaje de una pareja, en un pueblito de Italia, quizá fuera la anécdota de su vida: “Me acuerdo una vez que viaje por Italia, una noche tuvimos que dormir en un garaje…” Con esto quiero decir que hay que tratar de no convertir estas situaciones en algo normal, porque no lo son y hay que valorarlas en su justa medida, porque todo suma en el crecimiento como persona y en el poso que dejen en mi o lo que quiera transmitir a las personas de mi alrededor ahora y en el futuro.

Como decía, a las 3:00 de la mañana, ya con una botella de pis llena, los relámpagos iluminan las dos ventanitas superiores de la puerta del garaje. Todas las herramientas de la paredes quedan flasheadas por unos instantes y dejan un eco en nuestra visión. Por suerte en ninguno de esos flashazos aparece una silueta que nos haga cagarnos encima. Los truenos se separan poco de las luces, la tormenta está encima. La lluvia golpea los pequeños cristales y nos alegramos de haberle echado morro y preguntar para que nos dejen cobijarnos. Una noche dentro de la tienda con esa tormenta no es agradable.

A las 7:00 escuchamos irse a Luca y ya estamos en marcha recogiendo todo. Con la puerta abierta llega Kiara, nos saluda y le damos las gracias por habernos cobijado. Son las 8:45, la etapa es corta y sobre todo, no podemos llegar al alojamiento en Forni di Sotto antes de las 11:00. El cielo está negro, el suelo mojado y las calles del pueblo vacías. Es el típico día desapacible que se agradece mirarlo desde la ventana. En el pueblo, junto a la iglesia de San Lorenzo está una cafetería. Ya hay gente y tiene bastante movimiento. La pastelería, sin ser delicatesen, tiene buena presencia. Pedimos dos cafés, dos cruasanes y cruzando los dedos para que luego la factura no sea muy cara. Por suerte es razonable. Mientras desayunamos no llueve y cuando viajas en bici, desaprovechar esos ratos sin lluvia en días en los que va a llover, es un error.

A las 9:00 nos ponemos en marcha. Salimos de Villa Santina, subiremos casi toda la etapa. La evolución de paisajes montañosos desde Croacia ha sido paulatina. Es curioso porque cruzamos Croacia nos daba la sensación de estar por un paisaje abrupto en comparación con todo lo que habíamos vivido, pero conforme pasamos a Eslovenia y ahora a Italia ya en plenos Dolomitas, te das cuenta, de que aquello eran colinas. Delante de nosotros hay paredes rocosas y de bosque a ambos lados. Hasta cruzar a Francia iremos pasando de valle en valle por unos de los mejores paisajes del viaje. Hoy las nubes, la niebla nos impiden ver la magnitud de la escena, pero intuimos que es increíble. Tenemos la esperanza que sean de esos días donde amenaza lluvia y donde el pronóstico falla, pero casi sin salir de Villa Santina nos tenemos que parar a ponernos el chubasquero y el pantalón.

La carretera sube poco a poco, no hay mucho tráfico y por suerte no es un día muy frío, ya que sudamos mucho con la ropa plástica. A los 9km la carretera se desvía hacia la derecha para subir a Ampezzo. A partir de ahí comienza el único puerto del día. La llovizna da paso a una lluvia más intensa que convierte la subida en un cuerpo encogido mirando al final más que a las montañas. A los 3km llegamos a Ampezzo, el pueblo es el típico italiano que ves en las películas de Fellini. Placita con su iglesia románica, terracitas para tomar café, calles empedradas. Dan ganas de pararse, pero no es el día. Espero que tengamos más días soleados para disfrutar de estos lugares. La subida no es muy exigente, va haciendo curvas de 180º por bosque. Para estas alturas del verano, se nota que aquí llueve mucho, no hemos visto ni una sola hierba seca desde que entramos en Italia.

A los 10km de puerto vemos un cartel que pone Cima Cosso y a los 100 metros hay una cafetería con un techo. Nos metemos para cobijarnos y ponernos algo seco para la bajada. En ese momento arrecia la lluvia, de buena hemos librado. Escurro la camiseta como si me hubiera duchado. Es cierto que mucho es sudor, pero no es normal que a 15º en un puerto suave estemos tan mojados por dentro. Nuestros chubasqueros han dicho basta. Cuando para un poco nos lanzamos con las luces puestas a una bajada corta. La cuestión es que por la lluvia y el túnel de 2km tenemos que ir bien visibles. Rápidamente llegamos a Forni di Sotto. Un pueblo que nos recuerda mucho a los pirenaicos. Casas blancas con vigas de madera y techos empinados. Es muy bonito y más grande de lo que esperamos. Muchas de las casas son alquiler turístico, con lo que las personas censadas son muchas menos.

Con el día que hace, sabemos que una vez que entremos en casa nos dará mucha pereza salir, así que vamos a la única tienda que tiene el pueblo a comprar la comida para los tres días que estaremos ahí. La luz está apagada y dentro hay varios electricistas arreglando la instalación que se ha debido quemar con alguna tormenta. Les preguntamos si podemos coger latas y dejar el dinero exacto, pero no es su tienda y no quieren llamar al dueño. Tenemos un problema y tampoco estamos como para comer de restaurante tres días. La panadería cierra en media hora y vamos para ver si tiene algo. Por suerte tiene alguna conserva, embutidos y pan, suficiente para sobrevivir. Le habíamos mandado un mensaje a la casera si nos podía echar una mano y llevarnos al siguiente pueblo y al llegar a casa hay una bolsa con pasta, conservas, embutido y pan. El menú está claro, pasta al medio día y paninis a las noches. Esto es entrar en Italia e integrarte en su gastronomía.

En los días de lluvia, la llegada siempre es muy latosa, tratar de secar todas las maletas antes de meterlas a la casa, desplegar todo e instalarse. Por suerte, aunque nos han tocado días de lluvia en el viaje, nos han coincidido con paradas en alojamientos o los hemos buscado por estar muy mojados, pero terminar una etapa mojado y dormir en una tienda de campaña sin que se pueda secar la ropa, es un engorro. Admiro a todos esos cicloviajeros que gestionan eso con cierta normalidad. Aunque si tienes dos mudas, tienes dos días de ropa seca, si no para de llover, el tercero me gustaría saber como lo hacen. En África con calor, aunque llueva es posible, pero con temperaturas de 10º, ponerte ropa mojada, por muy aventurero que seas, tiene que saber  cuerno quemado y el resfriado está casi asegurado.

Ese día decidimos que toca cambiar de chubasqueros, pero estamos en la peor zona para comprar en tiendas de deporte, todo es carísimo. Miramos el Decathlon más cercano y no pasamos por uno hasta dentro de dos semanas. Miramos internet y nos pone que llega en dos días al sitio que estamos. Felices confiamos y los compramos. Nada más pagar, la fecha cambia y llega tres días más tarde. Nos hace un roto inmenso, porque cuando llega, supuestamente estaremos en Austria y no habrá manera de recuperarlos. La compra no deja anularla y atención al cliente no contesta. Me voy a la cama tratando de ver que podemos hacer. Me levanto asumiendo que ya no pasaremos por Austria y modificando el plan para regresar a Forni di Sotto en tres días, esperar el paquete y marcharnos. No queda otra, porque si no perdemos 180€ y además seguimos sin chubasqueros.

Los dos días de descanso vemos llover al otro lado del cristal y hacemos un buen descanso, como hacía tiempo no hacíamos. No viene mal porque vamos hacia los Dolomitas y los Alpes y la traca final de rumbos es muy exigente. 

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