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ETAPA 269 SPONDJE PIRNICE-VODJE

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70KM 965+

5:45 suena el despertador. Estamos a 16km de Kranj, nos cuesta una hora recoger campamento y no sabemos cuanto tardaremos en llegar, así que por si acaso, madrugón. Hacia mucho que no sonaba el despertador siendo de noche y nos levantábamos tan pronto. En lugares con mucho calor o con etapas muy largas, pero desde que llegamos a Europa nos lo hemos tomado con bastante calma. Hay niebla y hace algo de fresco. Todo está empapado y no queda otra que guardarlo mojado. Desde las 23:00 dejaron de tañer las campanas, pero a las 6:00 regresan de nuevo. Por suerte estamos despiertos, pero si estuviéramos aún en la cama, no haría tanta gracia.

Cuando salimos no hay nadie, vamos por un camino de árboles hasta la principal. Nos ponemos las luces, hay mucha niebla y no hay arcén. Esta zona tiene campos de hierba, pero con unas montañas increíbles al fondo. Las casas van subiendo poco a poco de nivel y pasamos por una que tiene tres porches carrera en la puerta y me pregunto, uno ya me parece un exceso, ¿pero tres? Resulta que es un taller y luego vemos docenas de porches, pero os pone en contexto. Conforme llegamos a Kranj el sol gana la batalla y vemos trazos de azul y ya en pocos minutos el cielo entero. Parece otro día.

Llegamos 20 minutos antes de la hora, le escribo por si está cerca. La tienda está en medio de una isleta. Guardan las bicis eléctricas de la ciudad y el tiene el taller. Hay una cafetería cercana, me acerco a por dos cafés y cuando nos disponemos a comer algo aparece un coche pequeño rojo y sale Krgo. Tiene mi edad, pero lleno de canas. Alegre, con energía. Mira la biela y saca varios patinetes para acceder a los repuestos. Hablamos del ciclismo actual, de Tadej Pogacar y Primoz Roglic, que han cambiado el ciclismo esloveno por completo. Tanto que en los dos días que llevamos en Eslovenia, creemos que hemos visto tantos ciclistas como en todo el viaje junto. Prueba dos piezas, pero mi biela es china y no es compatible con Shimano, no me la puede arreglar. Llama a amigos con tiendas en todo el valle hasta la frontera y nadie tiene o están de vacaciones. Me aprieta la biela y ahora tendré que estar atento a cada tienda de bicis que vea a ver si tiene ese tapón de casualidad. Todo comienza cuando la tienda de “Segundo ciclo” en Pamplona me monta unas bielas equivocadas, no me ayuda a encontrar las que me corresponden y encima no me devuelve el dinero. Gracias a Rui de bicifactor que me regaló la biela que llevo puesta, he podido hacer este viaje, así que agradecido.

Justo este día se organiza una cicloturista muy importante en Kranj y todas las calles están cortadas y hay muy bien ambiente. Si no tuviéramos 60km por delante nos quedaríamos. Desayunamos un poco, sacamos la tienda a sacarse al sol con la mirada del resto de clientes, entre divertidos y vaya para de perroflautas. Con algo de combustible en el estómago comenzamos a subir hacia la frontera con Italia. La idea es evitar la autovía y nos metemos por secundarias que van pasando de un lado al otro varias veces. Siempre entre árboles, con cientos de ciclistas en ambas direcciones y por pueblos preciosos. Las casas están al detalle, hasta la cabaña de los aperos me sirve como casa. Todas las flores, los acabados, las vistas… Nos ponemos Bled para hacer la parada para comer. Se nota que estamos en alta montaña, las rampas cada vez son más duras, aunque por suerte la tendencia es subir poco a poco. En un momento dado llegamos a Radovljica, entre este pueblo y Lesce, en internet pone que nace el río Sava. Ese que vimos desembocar en Belgrado en el Danubio y al que hemos acompañado casi 600km. Oficialmente parece que nace cerca de la frontera con Italia en Zelenci, cerca de Ratece, a ver si lo vemos el día que pasemos por ahí.

Conforme nos acercamos a Bled hay filas kilométricas de coches y autocaravanas. Es verdad que el lago es precioso y que es un lugar referente en Eslovenia, pero no sé si pasaría horas esperando en un coche para ir al sitio más caro del país a ver miles de turistas por todo. Para hacerse una idea, una noche de camping eran 60€ y curioseando precios de los alojamientos, una habitación compartida de cuatro para dos noches son 2.000€, ¡y ya no quedan! Espero y entiendo que habrá cosas más baratas, pero ¿quién paga 1000€ para dormir una noche en una habitación compartida? Por muy turístico y bonito que sea el lugar. Las cosas valen lo que valen porque aceptamos que nos estafen de esa manera y consideramos indispensables ciertos lugares.

Nos aprovechamos de ir en bici y adelantamos toda la fila y llegamos hasta el mismísimo lago. Hace 22 años, con toda una vida de viajes por delante, miraba ese mismo lugar con mi amigo Aitor en un inter rail que nos hicimos. Ya era caro entonces. Hoy está petado de gente, hay calesas, barquitas para dar paseos, turistas de todos los países. Nosotros bajamos a una sombra, sacamos el pan de molde, unos huevos duros, paté y comemos con vistas al castillo y el lago. En ese rato vemos pasar cientos de personas. Descansamos un poco y dejamos ese hito turístico detrás rumbo al valle de Radovna. Comenzamos subiendo y nuestro objetivo es llegar a Krnica donde comienza el valle. Un buen par de rampones después nos adentramos por un bosque y una carretera que va paralela al río. Dos paredes de árboles a ambos lados, un día soleado, pocos coches, mucho ciclista, el sonido de la naturaleza. Una etapa preciosa. Vamos subiendo poco a poco, no mucho, nuestra mayor cota son 860msnm, sabemos que hay una subida fuerte al final, pero no nos imaginamos medio kilómetro al 18%. Voy bien hasta que las levas del núcleo del saltan y me obligan a poner pie al suelo. Desde que la tocaron en Bolivia, este buje ya no va fino. Espero que no me lo haga muchas veces más, ya que viene ahora la traca final por Dolomitas y Alpes.

Shei llega empujando la bici al alto, cansada, justo le ha bajado la regla y el cuerpo le pide descanso. Sólo nos queda bajar hasta Mojstrana. Bajamos volando por rampas empinadas y con un circo rocoso a nuestras espaldas. Nos cruzamos con varios ciclistas dando chepazos en dirección contraria. Es domingo y todo está cerrado, por suerte llevamos latas para la cena. Llegamos al camping esperando que haya sitio para nosotros. Hay suerte y quedan parcelas. Es un precio más normal, 24€ la noche, pero no deja de ser una noche durmiendo en el suelo. Lo de los campings se está yendo de las manos. Instalamos todo y nos relajamos con las sillas mirando a la montaña y un café. Ducha, cena de arroz con lata de alubias y descanso bien merecido. El día de descanso, es relativo, toca lavar ropa, ir al pueblo de al lado al supermercado para comprar comida, escribir todo lo acumulado por los imprevistos de las últimas etapas y organizar lo que se nos viene en Italia. Ya nos han avisado, es lo más caro del país y además viene lluvia y bajada de temperaturas. Veremos que nos encontramos. De momento disfrutamos del paisaje, el sol y la calma en el último día en Eslovenia. 

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