62KM 425+
El día anterior en Zagreb, antes de ir al museo de Nikola Tesla, nos comemos un kebab, quizá el más grande que he comida nunca y me cuesta acabarlo. No sé si es el empacho, que estoy incubando algo, el estrés de ciertas tareas que aún tengo pendiente de la web y los artículos, pero me meto a la cama con mucho dolor de cabeza y con el cuerpo muy sensible. Hasta las 3:00 de la mañana me levanto varias veces, cada vez con más dolor de cabeza y el cuerpo más flojo. Me planteo que va a ser la primera vez que no pueda hacer una etapa en todo el viaje. Probamos a tomar un paracetamol a ver si me soluciona algo y comienzo a sudar mucho, pero consigo dormir cuatro horas. Me despierto cansado, pero con mejor cuerpo, así que de momento la etapa no se suspende.
Desayunamos yogur, cereales y fruta y el cuerpo acepta la comida, no es mala señal. Admito que hoy me hubiera quedado en la cama. Ayuda que hace buen día y la temperatura es agradable para ponerse en marcha. Nos cuesta recoger todo porque al llevar las bicis desmontamos todo y hay que vestirlas de nuevo. Cuesta dejar apartamentos cuando están tan bien equipados y son tan cómodos. El barrio donde hemos estado las tres noches es residencial y las casas son enormes y los coches van en consonancia. Parece que los eléctricos de alta gama los regalan, porque si no, no me lo explico. Las bicis después del hospital van como la seda. En mi caso los frenos estaban al límite y en cualquier bajada alpina me habría quedado sin nada. Nos despedimos de Zagreb, sus tranvías azules, su arquitectura neoclásica y bonito centro histórico. Debido a la mala noche hemos salido más tarde de lo que queríamos. A las 9:15 estamos en la estación de tren, hay uno a las 9:38 que nos lleva unas cuantas paradas más allá para evitarnos la salida de la ciudad. No es muy caro, por 7€ vamos los dos, y más de la mitad son las bicis. Hay varios andenes y casi perdemos el tren porque no nos aclaramos con el personal de la estación. La mayoría de los trenes que hemos tomado en el viaje no están a la altura del andén y hay que hacer un gran esfuerzo para subirla al vagón. Entre los dos con un poco de estrés antes de que cierren las puertas lo hacemos, pero si alguien viene en silla de ruedas, me gustaría saber como sube.
Disfrutamos de la salida de la ciudad mirando el paisaje, el comienzo del día y el traqueteo del tren. Cada vez estamos más convencidos de que si hacemos una aventura larga de nuevo, el tren tendrá un protagonismo muy grande. Creo que un viajero que se precie debe tener en su haber una experiencia ferroviaria. Es uno de los transportes por excelencia y hay un aura de romanticismo y conexión con la historia y la fantasía que me atrae mucho.
A los 25 minutos llegamos a nuestra estación, la parte este de Zagreb está muy cerca de la frontera con Eslovenia y estamos tan solo a 3km de ella. Un arco con semáforos marcando el sentido de circulación y cabinas cerradas. Si miras hacia atrás ves la bandera de Croacia y un cartel dando la bienvenida, si miras hacia delante, una bandera nueva, un país nuevo, el 39, Eslovenia. Nadie está para fiscalizar nuestros pasaportes. En realidad es lo que debería ser para todo el mundo. Un planeta con territorios, fronteras invisibles que cualquiera puede cruzar sin tanto papeleo o limitación. Aunque el hecho de pasar tan fácil le quita esa sensación de llegar a un lugar. Es como si subieras una montaña y la cima fuera plana sin ningún hito y para cuando quieres darte cuenta ya estás bajando y te has perdido la magia de alcanzar el punto más alto y sentarte a observar el mundo. No es exactamente lo mismo, pero si que nos ha faltado sentir que llegas a un nuevo país, una nueva cultura.
Desde el primer momento sentimos, no sabemos si esta zona del país es algo más avanzada o que Eslovenia mira más hacia sus vecinos alpinos. Pero hay carriles bici, las casas, los coches, todo está un paso más allá. El paisaje da otro paso más también, se acercan las montañas y el horizonte ya no contempla llanuras. Desde el segundo cero vemos cordilleras, bosques y valles. Sigue siendo rural, pero me recuerda más a los Alpes suizos que a lo que hemos vivido en los países previos. Desde que nos hemos levantado ya han pasado tres horas y en Brezice paramos a tomar un café y el cuerpo me pide un par de bollos, así que ya estoy con el hambre normal. Miramos un poco lo que nos queda de etapa y nos situamos en el nuevo escenario. El idioma es casi el mismo. Lo que vemos son más parques de bomberos, casi en cada pueblo. Aunque aquí nos son Vatrogasni como en Croacia, son Gasilski, en Ucrania Posasnic, para tener una misma lengua, esta profesión en concreto tiene muchas formas de decirlo. Quizá un día mire de cuantas maneras diferentes he escuchado mi profesión a lo largo del viaje.
Hace unos días estábamos donde el río Sava se fundía con el Danubio y regresamos a su curso. De hecho lo acompañaremos durante casi todas las etapas del país antes de cruzar a Italia. Hacemos 10km hasta Krsko donde paramos a echar gasolina y ponemos Svenica para parar a comprar algo para la cena. A partir de Krsko seguimos el curso del río. Evitamos la 5 que es por donde va la mayor parte del tráfico y vamos por el otro lado del río. Quizá sea menos llana, pero es como un carril bici gigante. Seguimos los meandros del río, paralelos a las vías del tren y de vez en cuando por encima y otras veces por debajo. El escenario es pre dolomítico, junto al río, lleno de bosques. Es una zona de granjas, y casas rurales, pero algo más desarrollado. Es probable que si hubiéramos pasado de Moldavia a Eslovenia de golpe notaríamos más la diferencia, pero la transición ha sido paulatina. Hay una especie de construcciones antiguas de madera para almacenar el grano o la paja, que recuerdan a los hórreos, pero de diferente manera. La imagen de esas construcciones de madera, con el verde, el tren pasando de fondo es preciosa.
La etapa está siendo una maravilla. Cuando llegamos a Svenica paramos a comprar verduras y nos enteramos que la mujer del mayor enemigo del planeta en estos momentos ha nacido aquí, Melania Trump. Un majadero que persigue, aterroriza y expulsa inmigrantes, tiene a una en su casa… esquivamos la 5 de nuevo y elegimos otro tramo que si cabe es aún más bonito. Jugamos a subir y bajar y tener diferentes imágenes del río. A ratos vemos los pueblos apostados en las orillas. La idea inicial es parar en Radece, pero nos vemos con ganas de hacer algo más y nos metemos por un tramo que podría ser el del Plazaola. Una vía estrecha, de bosque, con el río justo al lado. Es como un túnel de árboles con el reflejo de las montañas en el río. Ahora sin duda sabemos que estamos viviendo la etapa más bonita desde nuestro regreso a Europa y creo que a partir de ahora, cada día será la más bonita.
Buscamos un lugar que tenga acceso al agua para asearnos y que esté a cubierto para poder acampar. Vamos pasando pequeños caseríos y ponemos 10km más para acabar etapa, lo que llegue antes. De repente vemos un pueblo de tres casas. Hay una especie de sociedad con barra, frigo, futbolín. Una cancha de baloncesto, un escenario con tejado y una fregadera con encimera con techo. El sitio es perfecto. Tocamos las tres puertas y no hay nadie. Nos la jugamos y nos quedamos ahí. Desplegamos todo para dar más pena en caso de que venga alguien y vea que tenemos que desmontar todo para irnos. Nos damos una ducha con el agua que viene helada de las montañas y nos sentamos a tomarnos un café. En ese momento llega una furgoneta y sale un chico con una desbrozadora. Tiene una pequeña discapacidad cognitiva, pero habla inglés y nos dice que nos podemos quedar sin problemas. Mientras el trabaja, nosotros escribimos y preparamos la cena. El sigue arreglando el sitio mientras ya cenamos y cuando acabamos, justo termina él. Nos ofrece la única cerveza que trae y le decimos que no gracias, pero que puede tomársela con nosotros. Charlamos durante un rato hasta que llega una pareja que son vecinos del valle y él, Roc, sale a decirles que somos turistas viajando en bici. Han venido a preparar el lugar, justo al día siguiente hay un concierto y barbacoa de la gente del valle. Sacamos las sillas, nos ofrecen refrescos y charlamos hasta la noche sobre la realidad del mundo, sobre Palestina, la historia y pasamos un par de horas buenísimas. Ellas es historiadora como yo y nos falta el aire para hablar de cosas que vamos viendo.
Cuando ya se hace tarde se marchan todos, apagan las luces y nos quedamos con el sonido del río, el de los trenes que pasan de vez en cuando pitando y el de las banderas que golpean los mástiles encima nuestra. Tenemos dos etapas para llegar a los más alto de Eslovenia. Karmen nos avisa, es la zona más cara del país, aunque más barata que la parte italiana por la que pasaremos y viene un frente de lluvias y frío que nos lo vamos a comer sí o sí. Así que a ver que nos deparan las siguientes semanas.
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)