75KM 560+
Última noche en Rumania, no descansamos mal en una cama de 2×2 que hay en el apartamento. La etapa a priori es fácil y encima cuando cruzamos a Serbia ganamos una hora, con lo que nos levantamos con relativa calma. Desayunamos huevos y yogur con cereales y fruta y toca bajar todo. Tres viajes, primero las maletas, con los dos, ya que el chip no va si no cierras la puerta, luego subo a por una de las bicis y se la dejo a Shei y por último mi bici que tengo que bajar cinco pisos por escaleras porque no cabe en el ascensor. Parece la típica adivinanza de la lechuga, la oveja y el lobo. Pienso en esta realidad estando solo, si o si tienes que dejar cosas solas si estas obligado a hacer viajes. Al bajar al portal es una mezcla entre olor a tabaco, piso con basura y baño de fiestas, apesta. Me recuerda a pisos que me ha tocado ir como bombero donde hay personas que viven en condiciones penosas.
Al salir a la calle la vida ya está en marcha, hay varios puestos en la acera, la mujer con cubos de fruta, el que vende pan, el de los periódicos. Nos miran haciendo el típico gesto con la cabeza hacia el hombro, el cliente gira la cabeza y sonreímos. Se ve que por esta zona no están muy acostumbrados a cicloviajeros. Justo de eso hablábamos el día anterior. En los lugares que hemos acampado y la gente nos ha venido con comida, casi seguro seamos los primeros. En la novedad está la sorpresa. Si todos los días pasan personas en bici, no sacas todos los días una bolsa de tomates, porque ya te has cansado. Con lo que el equilibrio está en conseguir pasar por lugares accesibles, pero que sigan siendo poco transitados.
Nos cuesta un buen rato salir de Drobeta Turnu, por lo menos tiene carriles bici hasta las afueras y en cuanto entramos en la vía principal comienza un desfile de camiones que pasan rozando que aumenta la tensión a infinito. Tenemos 13km hasta la frontera con Serbia, así que apretamos dientes y enfilados llegamos al desvío que pone Belgrado 300km. Tenemos el Danubio a la izquierda. En esta parte es bastante ancho. Dejamos el tráfico y nos metemos por debajo hasta los controles fronterizos. Primero Rumanía, después de tres semanas dejamos atrás las pocas palabras que hemos aprendido. Para llegar al otro lado toca cruzar un puente que sirve de presa hidroeléctrica. Represar el río da la apariencia de que el Danubio está explendoroso, pero está en mínimos históricos. En su paso por Hungría hay zonas de centímetros de altura, han salido a la luz pecios de la 2ªGM, en lugares de centrales nucleares están teniendo problemas serios para refrigerarlas y hay cortes de agua en muchos lugares del río, como en Budapest que están pasando un verano muy duro. La falta de aporte del deshielo alpino está siendo grave.
Al otro lado nos espera nuevo idioma y de nuevo el cirílico. En el puesto fronterizo esta vez nos ponen sello y de nuevo usan una hoja vacía para poner un nuevo sello. Tratamos de estar atentos para pedirles que lo hagan en hojas usadas para dejar vacías, pero esta vez los tiene dentro de una caseta y no podemos verle. No entiendo como un policía de fronteras no llega a la conclusión el sólo de que las hojas hay que aprovecharlas al máximo para que el pasaporte dure la totalidad. Aprieto dientes y me contengo en decirle que es un incompetente, sonrío y a los cien metros juro en arameo. No hay otra, así que diez segundos de mala leche y ya estamos en el país 38 de rumbos olvidados.
La presa nos va a regalar una de las etapas más bonitas en Europa desde la llegada. Una carretera que va por la orilla del río. Esta es la zona más angosta de todo el curso, se denomina las puertas de hierro, 130km de desfiladero precioso. Es la separación entre Cárpatos y Balcanes. Paramos en Tekija a tomarnos un café y tiene una playa de piedras donde varios vecinos están bañándose. El agua está caliente. Dan ganas de bañarse, pero nos queda mucha etapa y preferimos hacerlo al final. Después de tomar un café soluble con vistas al río, iniciamos la zona estrecha, los pasos de Mali y Veliki Kazan, 140 metros de anchura con la mayor profundidad del río. Excepto una subida de 3km a casi 40º, el resto son túneles sin luz, cortos que nos evitan desnivel extra. Vamos gozando con las vistas del río. A ratos se ve transporte fluvial que en esta zona del río sí que hay.
Por zonas hay casas que miran al río y nos sorprenden caravanas viejas que están puestas en lugares inverosímiles en las orillas del río. Tienen hasta escaleritas, terrazas hechas con madera, bancos. Gente que ha ido colonizando poco a poco para tener su txoko al lado del río. Ahora hay montones de caravanas polvorientas, ajadas por el sol esparcidas por toda la orilla.
Como hoy no hay casi tráfico podemos mirar el paisaje con calma, disfrutando de esas paredes verticales a ambos lados, con sus bosques. Es verdad que el verano tan duro muestra un suelo seco, pero el agua y el verde ayuda a que la mirada se refresque. Estamos a 85msnm, a unos mil kilómetros del delta en el Mar Negro, casi me parece milagroso que el río avance con tan poco desnivel. Os muestra una imagen de lo tranquilo que baja el río por aquí.
Nos marcamos Donji Milanovac para parar a comer y decidir donde acampar. Pasado una entrada del río hacia la montaña llegamos al pueblo, es como un pequeño cabo, turístico. Comemos en un banco a la sombra, nos refrescamos y la verdad que apetece poco pedalear con el calor que hace, pero en el pueblo es ilegal acampar y no queda otra que avanzar. En google maps no parece que haya sitios decentes donde acampar y a 6km hay un camping, pero hay que subir un puerto de 2km. Para cuando queremos darnos cuenta ya estamos, así que cargamos todas las botellas que tenemos de agua por si acaso. La subida es en gran parte por carretera, así que llegamos bien. El lugar, al estar elevado tiene muy buenas vistas. Es el Kapeta Misin Breg, tiene restaurante y casas para dormir, pero por un problema de duchas no hay nadie alojado. Nos explica el hombre que no hay duchas y le decimos que no hay problema que con la bolsa de agua nos apañamos. Debido a eso nos deja dormir gratis. Pero nos pide que nos duchemos e instalemos después de un grupo de turistas que viene a las 17:30. Con lo que nos pedimos un refresco, sacamos el ordenador y nos sentamos tranquilamente. El grupo de gente de la tercera edad viene con su guía, ni nos miran, escuchan la explicación con una cata de productos locales y se marchan rápido a por la siguiente parada. El dueño nos trae un plato con queso, verdura, tempuras que está muy rico.
Nos instalamos, nos duchamos donde los baños y cenamos en una mesa que hay con techo en una esquina. De noche escuchamos los grillos a tope, el viento corre un poco y rebaja el calor de todo el día, pero tenemos que estar tapados porque hay mosquitos a patadas. Primera noche en Serbia y de acampada con vistas al Danubio, qué más se puede pedir.