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ETAPA 249 ONESTI-SALCIOARA

82KM 540+

Segunda noche de nuestro viaje en ayuntamiento, la primera fue en Bolivia, allí no teníamos agua y a pesar de estar en Moldavia ocurre lo mismo. Una zona muy humilde. Dormimos en el cuarto del guarda al que han pedido que hoy nos deje estar ahí, así que nos quedamos al cargo de vigilar el edificio. Antes de cerrarnos, Ana nos invita a tomar helado con otra Ana, una mujer mayor que habla italiano y que sirve de traductora. Las dos están felices de nuestra presencia, es lo mejor que les ha pasado en mucho tiempo y se sienten avergonzadas de las condiciones del edificio oficial. Nosotros estamos felices y super agradecidos. Nos piden que nos cerremos por dentro para quedarse más tranquilas, así que cerramos y se despiden desde el otro lado del cristal. Ana no ha podido evitarlo y nos ha traído huevos y melón. Después de cenar, hinchamos la colchoneta y dormimos en el suelo. El baño sólo acepta pis, si queremos las otras necesidades hay que ir a una letrina fuera del edificio. En pleno 2026, en un edificio oficial en Europa, las condiciones parecen más África que Europa. Lo hago más como reflexión de que damos por hecho que vivimos muy bien todos, pero no es así. En Ucrania nos contaban que los soldados y muchos reclutados rusos se llevaban tazas de váter y muchas cosas de las casas porque allí no las tienen. Si bien Rusia tiene una parte muy capitalista, de grandes fortunas, hay otra parte muy humilde que vive en condiciones decimonónicas.

Nuestra noche se pasa rápido, hemos quedado a las 7:00 con Ana para tomar café, ya que hará calor, hay que pasar una frontera y no queremos salir muy tarde. Ella entra a las 8:00 pero está tan contenta que accede en venir temprano. Está tan nerviosa que llega a las 6:40 cuando estamos recogiendo la cama y montando las bicis. El desayuno, gracias al traductor del móvil mantenemos una conversación, pero da mucha pena porque nos gustaría profundizar más. Ya nos ha pasado en Uzbekistán, Turquía, Tayiskistán, África o Ucrania, que conocemos a personas increíbles y el idioma nos pone un muro enorme. Nos cuenta que su hijo ha alucinado con lo que estamos haciendo y que quiere hacer lo mismo cuando sea mayor, nos cuenta todas las gestiones que ha hecho para mejorar el pueblo en tres años y hablamos de que en un futuro podemos hacer un proyecto de agua en su zona. Así que nos despedimos con un hasta pronto. Un abrazo sincero, cálido y una sonrisa enorme. Qué gran mujer. Graba nuestra salida y vamos hacia la frontera con Rumanía.

En el cruce a los 3km hay una gasolinera, llevamos casi un día sin ir al baño para soltar lastre y la conquistamos. Dos cafés para gastar la poca moneda que nos queda, un buen muñeco de barro y ahora si hacia la frontera. Las condiciones de la gasolinera son increíbles, podría estar en Australia. Resulta increíble que a 3km un ayuntamiento no tenga agua y un baño en condiciones.

Seis gasolineras más tarde llegamos a Leuseni que es el lugar donde queríamos dormir inicialmente. Por suerte encontramos a Ana. Pasamos un edificio abandonado, todos los arcos y las oficinas están cerradas. Dos policías nos indican que más adelante. Así que avanzamos varios kilómetros, cruzamos el río Prut que hace frontera y vemos el cartel de bienvenido a Rumanía. Esperamos que la casilla de sellar la salida realmente esté ahí, porque tener que regresar no hace gracia. Pero está todo junto. Adelantamos varias filas de coches y buses y una chica nos coge el pasaporte con una sonrisa, se va a la caseta y nos lo sella. Dejamos Moldavia y poco más adelante está otra fila para Rumanía, nos ponemos los primeros. Ventajas de ir en bici. Esperamos a que los pasajeros de un bus acaben y un par de policías nos reciben super amables, fascinados de que viajemos en bici y de que vayamos hasta España. Si supieran el recorrido total se caen de culo. Aquí ya no nos sellan por ser U.E. Entramos oficialmente en el país 37 del viaje. Misma lengua, moneda con el mismo nombre pero diferente divisa y mejores carreteras.

Para mi dejar Moldavia era un punto de inflexión en el viaje, de repente me siento muy cerca de casa. En Rumanía estaremos unos cuantos días y vamos a cruzar los Cárpatos, algo que parecía super lejos de casa toda la vida. Hoy la etapa no tiene mucha dificultad, además aunque hace calor está algo encapotado y se soporta mejor el sol. Aunque hemos parado en la gasolinera, en la frontera, lo hacemos de nuevo en Husi, hay que sacar dinero, no mucho, pero algo sí, porsiaca. Compramos un zumo para refrescarnos y seguimos etapa. Hay mucho coche. Estamos en la ruta hacia Bucarest, la capital y hasta mañana no nos desviamos por una secundaria. Rumanía es la mitad de España, con unos 19 millones de habitantes de los cuales 2,5M están en la capital. De ella hablaré cuando lleguemos, pero es normal que tengamos un tráfico intenso. No hay mucho arcén y no vemos ciclistas, con lo que no se nos respeta mucho. El nivel de vida, los coches, las casas son mejores que en Moldavia. Para salir de Husi toca la mayor subida del día y con el calor que hace, Shei va aplatanada, pero acaba relativamente pronto y desde ahí toca bajada y llaneo.

Me sorprende pintadas en algunos sitios de “La Besarabia es rumana”. La Besarabia es la antigua Moldavia, fue invadida por otomanos, luego en manos rusas y entro a formar parte de Rumanía tras la revolución rusa, después fue soviética y desde 1991 es república independiente, reconocida como estado. Es verdad que comparten el idioma y muchas costumbres, pero me sorprende que después de tantos años sigan habiendo pintadas reclamando que vuelvan a formar parte del mismo territorio. Moldavia entre su problema con Transnitria, Rusia de reojo, Rumanía por otro lado, no llega a descansar.

El paisaje es algo más boscoso, más ondulado, pero siguen habiendo grandes campos agrícolas y ganaderos. Podría ser el mismo país. Nos marcamos Crasna para parar a comer algo. Sale en todos los carteles y nos da la sensación de que tendrá infraestructura para comprar cosas. De camino vemos en una fuente mucha gente rellenando garrafas. La de sus pueblos se puede beber, pero está es la mejor de la zona. Allá donde fueres… así que rellenamos los botellines y seguimos hasta Crasna. El pueblo no tiene nada, una tiendecita de casualidad con unas sillas a la sombra donde comemos, tomamos café, la fruta regalada del día anterior y el cuerpo pide siesta. Cerramos los ojos de mentira y vamos a por los últimos 20km. Pensamos que van a ser duros por la hora, el calor y el cansancio. Salvo por el intenso tráfico son llevaderos. Una nube que amenazaba hace una hora ya no nos sigue. Esta zona es muy llana y pedaleamos fácil hasta Salcioara. Nuestra idea es meternos a un pueblito, pero hay una especie de sala para eventos y restaurante. Está cerrada, pero vemos gente moverse dentro. Una mujer rubia que habla italiano sale super amable. Le pedimos para poner la tienda de campaña y la conversación lleva a nuestro motivo del viaje. Nos hace pasar dentro, al fresco del aire acondicionado y habla con su marido. Nos da la llave de una habitación, dos sopas, dos arroz con pollo y dos botellas de agua. “Esto es para vosotros, estamos felices de ayudaros”. El ser humano a veces te abruma. Así que les damos las gracias y nos refugiamos del calor en nuestro cuarto. Descansamos el resto de la tarde y preparamos el paso por los Cárpatos de los próximos días hasta Bran, donde el castillo de Drácula. La cena por cierto está fabulosa.

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