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KAMENETS PODOLSKI

UNA SEMANA

Nuestra estancia en Kamenets es intensa, Lili ha organizado un plan para que aprovechemos tiempo allí. A diferencia de otros proyectos que el dinero recaudado va destinado a acciones más visibles, aquí están arreglando los baños de un orfanato que está en buenas condiciones y el impacto visual no parece tanto, pero nuestro impacto es emocional.

Esta crónica trataré de hacerla breve y contar nuestra experiencia allí. La primera mañana, después del desayuno, hacemos el minuto de silencio de las 9:00. Hasta el momento nos había tocado por la calle, pero ver a niños y profesoras con la mano en el corazón impacta más. Después de eso nos llevan a un funeral por un soldado que es familiar de una de las cocineras. Cientos de personas esperan a entrar en el espacio donde se oficia. No es una iglesia, es como una casa de cultura para militares. Todo el mundo lleva flores en la mano, para los funerales son pares. Natalia la directora nos da a nosotros y pasamos y presentamos nuestros respetos. La familia llora sobre el ataúd, está de cuerpo presente. Afuera varios autobuses están cruzados en la calle, es donde han llegado los soldados. Con cada entierro vienen para estar presentes. La banda está preparada y cuando sale el cortejo todo el mundo se arrodilla, incluso la banda excepto el trompeta y el tambor. Los siguen hasta el furgón donde pone “Los héroes no mueren”, es una forma de que la gente sepa que dentro va un caído por la guerra. Al marcharse, por la ciudad la gente se va arrodillando. La imagen impresiona. Vamos al parque principal donde hay carteles de cientos de soldados fallecidos y cientos de árboles recién plantados que harán una especie de túnel. Hay demasiados.

Después de la intensidad emocional la rebajamos con una clase para hacer motankas, muñecas de hilo tradicionales que sirven de protección. Una mujer nos enseña y ayuda a hacernos las nuestras. Quedan muy bonitas y una de ellas se vendrá con nosotros. A la tarde después de comer visitamos la ciudad con Inna, una guía local que nos muestra varios rincones. La realidad es que es preciosa. Un centro histórico sobre una isla a la que se acceden por puentes, rodeada de un cañón por el que pasa el río y llena de árboles. La catedral destaca por que ha sido también mezquita con los otomanos y museo del ateísmo con los soviéticos. Ahora es iglesia de nuevo, pero mantiene el minarete. Desde ahí caminamos hasta la fortaleza del siglo XV con varias torres, muros y ciudadela. Está al otro lado del puente y es una maravilla digna de visitar. Que el proyecto esté en este lugar increíble ha sido una casualidad.

El segundo día Sergei, un directo de escuela nos lleva de excursión al río Dniester, es uno de los ríos más largos de Europa, la mayoría son rusos. Lo increíble es que por Ucrania pasan el Danubio, Dnieper y este y todos van al Mar Negro. Ucrania está muy bien regado, no hay problema de agua, de hecho cada casa tiene su pozo. Pasamos una mañana tranquilos con la hermana de Lili y sus sobrinas. Además viene Vadin, un soldado que está en sus días de permiso. La pena es que no habla un inglés fluido y me quedo con ganas de preguntarle muchas cosas. El en concreto es ingeniero de caminos y con drones y mapas determina el lugar donde atacar. De repente un día estás en una oficina y al día siguiente te reclutan para elegir objetivos. Rusia ha roto sus vidas y está orgulloso de servir a su país, pero no quiere saber nada de guerras cuando todo se acabe.

Al día siguiente nos vamos de excursión a Chernivtsi, la ciudad más importante del óblast vecino. En el autobús casi todo son mujeres y niños, los militares suben para ver si hay hombres y me miran sólo el pasaporte a mí, por si soy un ucraniano huyendo. Durante la explicación la guía informa que la visita se suspenderá en caso de alarma aérea y que haremos lo de siempre, buscar un refugio. Lo de siempre. Nos hemos acostumbrado al lenguaje de guerra, a los funerales, los minutos de silencio, pero es una realidad muy dura para ellos. La ciudad de influencia austro húngara es preciosa, la universidad del siglo XIX, es una joya y sólo vemos un edificio de todos los que hay. Paseamos por la tarde por el centro y de regreso la hermana de Lili nos recoge en la carretera para ir a conocer a sus padres. Viven en una granja y cenamos con ellos. Como siempre nos sacan comida para un regimiento y vivimos un momento familiar muy bonito.

El lunes lo dedicamos a entrevistas de radio y televisión tanto locales como de Navarra y entre medias pasamos ratos con los niños. Uno de ellos hacernos ensaladas de frutas para el almuerzo. Para que sea más divertido una de las profesoras se viste de fruta y los niños llevan diademas con fresas, peras, manzanas. Una forma alegre de que coman bien y que algo básico como alimentarse sea entretenido.

El último día trabajo en el artículo que publico en el diario de noticias, además vemos una clase de incendios que dan a los niños y donde trabajan como reunirse en un sitio en caso de alarma, son menores de cinco años y quiere que dentro de que parezca un juego, lo hagan rápido. De paso hacemos simulacro para que vayan a uno de los dos refugios que hay en el orfanato. Lo vamos normalizando, pero a ver cuantas escuelas de España tienen refugio con abastecimiento permanente, camas, mantas, generador y juegos. Plantamos un árbol para dejar nuestra huella en el patio y nos dan una clase de como hacer Golupsi, un plato tradicional que lleva arroz, zanahoria, cebolla, carne picada y envuelto con hoja de berza. Está riquísimo.

La semana ha pasado fugaz, muchas experiencias, mucho crecimiento y mucha guerra en cada esquina. Los baños que hemos pagado no están acabados porque les ha costado encontrar albañil por la guerra. De paso arreglaremos las escaleras de incendios que debido a la guerra se ha triplicado el precio. Última cena y la sensación es extraña, sentimos que volveremos, pero nos da mucha pena despedirnos. Antes de ir a dormir jugamos con algunos de los niños, si tengo que poner una pega a estos días es que no nos ha quedado mucho tiempo para jugar con ellos. Nos vamos tarde a dormir para enviar el artículo y preparar todo, al día siguiente entramos en un nuevo país: Moldavia. 

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