73KM 655+
Estamos en una residencia de estudiantes, dormimos en camas separadas, colchones viejos, de muelles, sábanas que no los tapan enteros, las cortinas son varias lamas ya con mohos, que no impiden el paso de la luz, los radiadores son de los antiguos, llenos de humedades que han levantado el papel de la pared, los baños tienen las tuberías a la vista, huelen a orina y hay goteras por todo, los pasillos parecen los de un sanatorio soviético. Como experiencia está bien, pero para quedarse a estudiar una carrera, quizá me lo plantease. A las 6:00 estamos despiertos, pero el cansancio se acumula y remoloneamos hasta las 7:30, el día está despejado y nos lo tomamos con calma. Desayunamos yogur con cereales y frutas. Bajamos el piso de escaleras hasta la entrada, un paso estrecho donde hay una cabina donde está la conserje. Decimos las pocas palabras que sabemos en ucraniano y le sacamos una sonrisa. Desde ahí otros dos pisos de escaleras, pero ya del edificio. En cuestión de hora y media el cielo se ha nublado y ahora hace frío.
Da pereza arrancar una etapa con el cielo cubierto y viento frío. Lo primero que hacemos es regresar al coche destrozado de la plaza principal y resolver la duda. Mientras bajamos desde la zona universitaria están a punto de dar las 9:00, sabemos que a esa hora se para todo, pero no sabemos hasta que punto, por eso quiero que me pille en alguna zona donde haya gente y no donde estamos que es una recta donde hay un muro a la derecha y un parque sin gente a la izquierda, “corre Shei, acelera que no quiero perdérmelo”. Llegamos a una rotonda, son las 9:00 y los coches se paran en mitad, los de dentro, los que van a salir, los que van a entrar. La gente sale de sus coches, se queda de pie al lado, con las manos en la espalda, cruzadas, la mirada al suelo, al cielo. Justo detrás hay un cartel con el slogan que les acompaña desde el principio “juntos somos inquebrantables”, varios soldados, las banderas de Ucrania, desde que entramos lo vemos por la carretera y se ha convertido en el mensaje. Todo calla en ese minuto y sin embargo para mi todo habla, hay tantas cosas que me dice esa imagen. Nuestro camino está hacia el orfanato y Sheila quiere salir cuanto antes del país, por ella, por su familia, no se siente segura, pero a mi el cuerpo me pide contar historias, irme al frente, ser parte de la historia que ocurre ante mis ojos y poder narrarla. Otra vez será, quizá con amigos periodistas.
Bajamos hasta la plaza donde está el teatro, ahí está el todoterreno, en el mismo sitio que lo dejamos. Con su capó hundido, un proyectil, artillería o lo que sea le ha hecho un agujero enorme. Preguntamos a dos chicas, ellas dicen que es un coche que ha destrozado la guerra, “¿pero por qué está ahí?”, por la guerra, es obvio. Yo voy más allá, quiero saber cuál es el mensaje que quieren dar, quién lo ha puesto, qué sienten al verlo. De nuevo una imagen que habla de guerra sin tener la guerra delante, son muchas las que vivimos desde que cruzamos la frontera. Son parte de la normalidad y hay mucha fuerza visual en ello.
Se nos ha hecho tarde, ya son las 10:00 y nos quedan 70km de etapa. Hace frío y salir de la ciudad tiene algunas cuestas que nos sacan la tembladera rápido. La avenida que nos saca tiene cables en ambas direcciones por donde van los autobuses urbanos como tranvías, algunos son auténticas reliquias. A los 14km dejamos por fin la ciudad, el punto más tenso de nuestro paso por Ucrania y en cierto modo respiramos tranquilos. A partir de ahora es ya una zona alejada del peligro. Regresamos a secundarias, aunque el tráfico sigue. Aunque Ucrania ha bajado la población por la guerra, tiene 40 millones de habitantes. La tenemos como un país al este desconocido, pero es el segundo país más grande de Europa.
Nos metemos de nuevo por carreteras rurales, el peso de la agricultura en este país es enorme y se nota, la cosa es que a veces parece que no ha pasado el tiempo y parece un pueblo del imperio ruso. En la misma imagen puedes ver a una mujer con un pañuelo en la cabeza tirando de su vaca con una cuerda, un hombre arrancando un tractor de manivela y al lado un coche eléctrico.
Conforme hacemos kilómetros el tiempo mejora ligeramente. Aunque hemos perdido mucho tiempo en arrancar, a los 25km paramos en un pequeño pueblo, Malyi Kodalchkiv, con su pequeña escuela sobria de paredes grises con la bandera ucraniana, su iglesia y sus tiendecitas donde lees market en ucraniano. Pone Kava, que es café, así que paramos ahí. Tiene de todo, compramos unas botellas de agua, un par de cafés y unas pastas. Nos sentamos afuera, relajados, disfrutando de ese café mientras el día se va calentando un poco. La mujer de la tienda es muy amable, de nuevo la barrera del idioma me priva de poder preguntarles cosas, quizá estas crónicas tendrías historias con nombres y apellidos, pero los idiomas son un muro a veces insalvable. Le contamos lo que estamos haciendo y ella nos muestra orgullosa una placa que hay en su tienda, creo que es una especie de agradecimiento por el servicio prestado.
A punto de irnos le pregunto por el baño, de nuevo es una letrina, en este caso no tiene ni puerta, por lo menos está ventilada. Un asiento de cemento con una madera recortada en el centro llena de restos. Hoy le sumo unos pocos más, me he levantado con diarrea, creo que se me ha enfriado la tripa, o las aguas no son buenas. Ya es la tercera de la mañana, tengo el cuerpo flojillo, pero no me impide pedalear, así que nos despedimos y seguimos camino. Ahora ya calienta algo más el día y nos permite quitarnos chaleco y manguitos. Vamos más tranquilos por la carretera y seguimos pasando pueblecitos rurales con sus campos de cereal cosechado y girasoles que lucen espectaculares. Lo que descubrimos en este viaje es que los girasoles cuando crecen durante el día giran de este a oeste siguiendo el sol y por la noche recuperan la posición, pero cuando están maduros, se quedan mirando siempre al este para recoger los primeros rayos del día. Lo hemos mirado, porque nos daba la sensación de que ninguno miraba al sol estos días.
Pasamos por Skalat y descubrimos un castillo super chulo. Construido en 1630, destruido por los cosacos, vuelto a reconstruir y destruido de nuevo en la 1ªGM, y vuelto a reconstruir, a ver si no hay una tercera. Seguimos camino hasta Hyrmailiv donde se desvía la carretera hacia nuestro final de etapa. Es la 13:00, pero nos quedan 25km y preferimos seguir hasta final de etapa del tirón. A pesar de haber salido tarde, de las paradas, vamos muy bien. La nueva carretera es aún más tranquila y aunque tiene alguna que otra subida, la disfrutamos mucho. En el tramo final subimos por un bosque increíble, la sombra nos refresca y ver como se filtra el sol entre los cientos de árboles y crea miles de matices verdes con las hojas nos llena de paz. Ves el silencio del bosque y no te imaginas que no muy lejos hay soldados en otro bosque aparentemente pacífico preparando una emboscada para recuperar territorio. Cuantos bosques pacíficos del mundo han presenciado batallas cuerpo a cuerpo y millones de asesinatos.
Nos quedamos con la imagen silenciosa del sol filtrándose y pensamos en las subidas que están por venir. Bajamos hacia Sataniv que esta donde el río Zbruch, que sirve de frontera entre oblast de Ucrania, dejamos Ternopil y entramos en Jmelnitsky. A lo lejos un castillo, en mitad del pueblo una iglesia con una cúpula reluciente, cerca está nuestro alojamiento. La gente nos mira sorprendida. Al llegar hay una mujer que se encarga de limpiar las habitaciones y de nuevo no entiende y no quiere entender a pesar del traductor. Trabaja en un hotel, llegan dos viajeros y no hace por hablar con la dueña para que podamos terminar la etapa. Por suerte encontramos un teléfono al que llamar y por más suerte, la chica habla inglés. Habla con la mujer y nos ofrece una habitación y nos muestra la cocina. Ahora sí, acaba la etapa, comemos lo que llevamos encima, nos duchamos y caemos rendidos en una siesta. A la tarde Shei juega con el traductor para comprar verduras en la tienda mientras yo escribo la etapa y tomo notas del día para que no se me olvide nada. A una etapa del orfanato en Ucrania.