60KM 575+
A las 6:30 suena el despertador, hemos dormido casi del tirón. Toca hacer la tarea del día anterior para no acumular. Shei se va a comprar algo para desayunar al supermercado de en frente. El día ha salido soleado, con las lluvias del día anterior nos temíamos lo peor. Cereales con yogur y frutas, el desayuno es bueno, pero hace tiempo que no tenemos un desayuno reposado, siempre hay que recoger las cosas rápidamente para arrancar la etapa o hay algo que hacer. Tengo un presentimiento que después de Ucrania, con el buen tiempo, llegarán lugares de acampada donde estemos dos días y ahí sí, el segundo día, sentados en nuestras sillas, con el frescor mañanero, el sonido de los pájaros, el café y un libro, ¿qué más necesito?
De momento estamos en Berezhani, Ucrania, a cuatro días de llegar al quinto y último proyecto. El pasillo del hotel es larguísimo, algunas luces no funcionan y veo desaparecer a Sheila y aparecer en los más de treinta metros que tiene. Imaginad cuando tienes unos ocho viajes de cosas para llevar bicis y alforjas a la habitación. Con un piso de escaleras y treinta metros de pasillo, al final suponen medio kilómetro entre los dos. O cuando toca un cuarto sin ascensor al final de una etapa de 80km con 1200+, lo que quieres es acampar en el portal. A los diez minutos ya tenemos bicis montadas en la calle y nos despedimos de la recepcionista.
Desde este pueblo ya toca carretera más principal hacia Ternopil. Hoy no vamos tan relajados como ayer, nada más arrancar no paran de adelantarnos camiones. Por suerte a ratos tenemos un arcén algo decente, pero a pocos ratos. El resto del tiempo vamos en fila india sobre la banda rugosa para los conductores que se duermen. Si intentas ir por dentro, casi no hay hueco y te caes a la hierba, si vas por fuera vas muy expuesto, así que toca masaje prostático casi todo el rato. Hoy la etapa es corta y la dividimos en dos. La primera parte tiene tres pequeñas subidas para entrar en calor. El paisaje no es tan bonito como el día anterior, es más de campos de cultivos ya cosechados. Pero esas tres subidas me recuerdan que tenemos grandes puertos en la parte europea, por los Cárpatos, los Dolomitas, Alpes y el puerto del Pirineo, ponerme a ritmo, sentir el sudor y las pulsaciones siempre es placentero y tengo ganas de vivirlos.
Nos marcamos una gasolinera a medio
camino donde parar, en general tienen wifi y suelen tener un sitio donde
sentarse, baños limpios y café. No hay otra hasta cerca de Ternopil, así que
ponemos ese punto en el mapa. Cuando llegamos nos encontramos la estación de
playmobil, pero el soviético. Dos surtidores con más de sesenta años, cuadrados,
de los que tienen dos prioritarios encima, con los números que pasan poco a
poco y no son digitales. Una caseta pequeña de chapa con un ventanuco pequeño,
donde un hombre largo y delgado con un mono azul nos atiende con sonrisa. Saca
su brazo largo por el ventanuco y nos sirve un café. Así como en otros países,
en las gasolineras, está el vaso grande de café negro que tiene medio litro,
aquí el americano es muy corto, tienen que darte dos cargas para que sepa a
algo, así que da dos cargas y nos cobra el doble. Al lado de la caseta de chapa
hay un murete del que cuelga una pala y dos cubos, debajo dos cajones metálicos
llenos de arena, todo pintado de rojo. Un sistema antiincendios creo que
anterior al fuego. Para rematar, el baño es una letrina en la parte de atrás,
es una caseta de madera, pero pintada de gris, con un espejo y todo muy cuqui,
eso sí que hay que decirlo. Pero quizá esta gasolinera es lo más cercano a un
viaje en el tiempo que haré en mi vida.
Nos quedan 29km para terminar etapa, queremos llegar a Ternopil, comer algo en el centro y subir hasta el alojamiento que nos ha buscado Alas de Ucrania. Hoy nos perjudican más que nos ayudan, ya que teníamos uno en el centro y nos lo hicieron cancelar para ir a uno a 5km del centro, esperamos que merezca la pena el cambio. La verdad que rodamos a buen ritmo, hace buena temperatura y el perfil es más favorable que el comienzo. Eso sí, conforme llegamos a la ciudad hay más tráfico y se acaba la conversación. Ver en el cartel Ternopil nos crea cierto respeto. Esta ciudad dentro del territorio de Galitzia está algo eclipasada por Leópolis, pero no tiene nada que envidiar a nivel histórico y cultural. Fue un bastión defensivo con su fortaleza para los tártaros y otomanos. Después de eso, aquí convivían católicos, armenios, judíos, ortodoxos. Tiene un lago y unos parque preciosos. A parte de edificios de influencia austro húngara, pero quedan pocos, en la 2ªGM destruyeron casi el 85% y casi todos los barrios tienen influencia soviética. En el contexto actual es una ciudad segura en comparación a las que están en el frente, ha servido de lugar de acogida para los refugiados del mismo país. Pero no se libra ya que tiene infraestructuras energéticas que rusia ataca de vez en cuando con los famosos shahed.
Cuando llegamos recorremos el embalse artificial que parece un lago natural. Un paseo en bici que lo recorre y por donde pasea la gente tranquilamente. Puestos de comida, niños jugando y el parque que nos lleva hasta el centro donde está el teatro que mira al paseo. Compramos algo de comer y nos sentamos en uno de los bancos. El paseo al igual que casi todas las ciudades tiene carteles con fotos de soldados de lado a lado como un muro, cientos de ellos. En un lado de la plaza hay un todoterreno con un capó aboyado como si le hubiera caído una piedra enorme encima, se nos olvida preguntar que es y no queda otra que regresar mañana para desvelar el misterio. Desde ahí vamos en busca de nuestro alojamiento, 6km, una subida y llegamos casi a las afueras, en un edificio de aspecto soviético hay una residencia estudiantil, cerca está la universidad. Una escalinata enorme nos separa de la puerta de entrada. Sale Iryna, una mujer que sólo habla ucraniano y al vernos con las bicis no para de negar con la cabeza y resoplar. Le pongo el traductor de google y repite sin parar “no hablas ucraniano, no entiendes, no entiendes, no hablas ucraniano”. Le digo que no se preocupe que para eso está el móvil. Cuando le decimos donde vamos a dormir, nos niega con la cabeza, nos tememos lo peor, tener que regresar al centro, pero me hace un gesto y me lleva a un cuarto en el primer piso. Por lo menos no hay que subir hasta el séptimo, ya que no hay ascensor. El cuarto tiene dos camas, un baño compartido fuera y una cocina. Todo muy antiguo, pero suficiente. Unos cuantos pisos de escaleras y unos viajes de bolsas después ya estamos instalados. Ducha, hacemos la tarea, cena y a descansar que mañana hay que ver que hace ese coche aplastado en la plaza principal de la ciudad.