79KM190+
Vaya suerte de lugar, una casa rural para nosotros solos, dormimos genial y nos despertamos como si fuera una cabaña nórdica. Ojalá tuviéramos una así para nosotros. Desayunamos como si fuera nuestra casa, el olor del café, el sol entrando por la ventana… Pero no toca día de descanso y hay que montar las bicis y hacer 80km. Nos lo hemos tomado con calma y se nos han hecho las 9:30. Al salir están los trabajadores poniendo todo en orden para un nuevo día, son los mismos de la tarde anterior. Están ya al 100%, con una sonrisa en la boca, el lugar se llama Rozmalas, y significa el lugar de las rosas, el chico está cortando varias para los jarrones del local.
Día con nubes y sol, pero hace buena temperatura y el sol está presente, así que salimos hacia la frontera con el país 33 del viaje, Lituania. A los once kilómetros vemos la bandera de Europa con el nombre en Lituano, la bandera de Letonia ondea despidiéndonos y nos recibe una amarilla, verde y roja. Acostumbrados a pasos fronterizos complejos en África, con mil trámites, sobornos, presentar decenas de papeles y mucho tiempo perdido, se hace raro que no haya casetas, que puedas pasar como si nada ¿y si no eres europeo y no tienes visado para Lituania?, la cuestión es que pasamos como quien cruza un paso de peatones.
El día de nuevo es llano, con campos de cereal verdes, tengo curiosidad cuando se secarán para recogerlos si estamos en julio y aún están como en abril en España. Al fondo bosques de pinos y hoy nos ha tocado ver varios tejones de tamaño considerable, muertos en la carretera. No querría encontrarme ese bicharraco merodeando mi cubo de basura. Varios coches nos pasan saludando, parece que los lituanos son más alegres y hospitalarios que sus vecinos, excepto Zane y los mecánicos, la gente ha sido bastante seria, nos hemos quedado con muchos saludos y sonrisas sin contestación. Unos cuantos “give me five” con la mano en el aire.
El cielo sigue con nubes muy fotogénicas, pero no parecen muy amenazantes. Paramos en una gasolinera a tomar un café a los 25km. Se agradece el sol y descansamos un poco. A partir de ahí el viento se ha puesto en nuestra contra y hemos comenzado un baile con las nubes negras y sus cortinas de agua que se veían claramente. “Acelera Shei que esa nos pilla”, “vamos a esa parada de bus, corre, corre”, “tira que esa se está marchando”. De momento hemos esquivado unas cuantas que han pasado por delante y detrás, con sus correspondientes relámpagos y truenos. Hasta que sentados en el último descanso a falta de 20km, el viento ha dicho ahora voy con vosotros. Ese giro repentino no ha molado, “corre Shei que esa viene rápido”. Nos hemos puesto a 25km/h, pero madre mía esa nube Bolt, el agua va mojando el suelo detrás nuestra, como en las películas esa ola o lava, pero no debemos ser los protagonista de esta peli, porque la lluvia empieza a mojar las alforjas, nuestra espalda y ya toca parar para ponerse todo. Viene fría, unas gotas que pueden llenar vasos. Nos ponemos el chubasquero y el pantalón y las pocas gotas que se han colado te dejan con esa sensación de mojado que no nos quitamos hasta final de etapa. A partir de ahí pedaleamos mirando el cuenta kilómetros y cuánto queda hasta Panevezys. Otro día que no disfrutamos de la calma y del paisaje de granjas y campos de cereal.
Cuando entramos en la ciudad, a pesar de que es domingo Lidl está abierto, aprovechamos, compramos algo para comer y cenar y nos refugiamos de una de las buenas. Esta vez con granizo, de esas que el agua salpica tanto que se levanta una especie de pulverización de agua desde el suelo. Si la estuviéramos viendo desde la ventana sería más bonita, pero comiendo bajo techo no está mal. Esperamos casi media hora a que baje su intensidad y mientras tanto buscamos algo para dormir. Nuestra queja por la mala atención recibida en el hotel de Riga ha surtido efecto y la plataforma nos compensa con 25€, con lo que la noche nos sale por 9€ en un apartamento que hay a 3km de donde estamos. Nos hemos quedado helados. Ese momento en el que arrancas con tembladera y no quieres llegar a refugio cuanto antes.
El sitio reservado es un apartamento. Nos cuesta localizarlo y sobre todo la puerta de entrada al portal que parece la de una sala de calderas. El edificio parece de barriada de un país soviético. Barandillas oxidadas, once pisos y verjas en las ventanas. Nuestro piso es un noveno, el ascensor tendrá unos sesenta años, de puertas pequeñas, un botón redondo por piso y los números escritos al lado. Subimos todo por capítulos y por fin entramos dentro. Un apartamento mono ambiente, todo lo necesario en 25m2. Sigue lloviendo al otro lado de la ventana, pero ahora ya no importa. Eso sí, el pronóstico dice que seguirá así cinco días más. Vaya verano europeo que nos estamos pegando. Nos duchamos, hacemos tarea, cenamos bien y a la cama pensando como bajaremos todo. Como la típica adivinanza de como llevarás una oveja, una berenjena y un zorro sin que nadie se coma a nadie y en los menos viajes posibles.